martes, 25 de marzo de 2014
Medicalización en la infancia
Nos envía Montse Serra este enlace para que lo difundamos:
viernes, 21 de marzo de 2014
Taller Dolor crónico en el Hospital Infanta Leonor (Madrid)
TALLER DE Dolor
Crónico
DIRIGIDO A:
MIR DE GINECOLOGÍA y MEDICINA DE
FAMILIA, MÉDICOS DE FAMILIA, GINECÓLOGOS/AS, MATRONAS, ENFERMERAS DE
GINECOLOGÍA
HOSPITAL
Hospital Universitario Infanta
Leonor, Madrid
Aula 4.07
LUNES, 24 de Marzo del 2014 de 16:00 a
19:30 hs.
ORGANIZAN: Servicio de Ginecologíay Obstetricia del Hospital
Universitario Infanta Leonor, y Sección de Psicosomática de la SEGO (
Presidente Daniel Lubián Lopez).
AUSPICIA: ISPOG (Sociedad Internacional).Presidente Carlos Damonte
Khoury
Ponentes:
Dr. Santiago Castellanos de Marcos. Psicoanalista y Medico de Familia (C.S. Cerro
Almodovar), miembro grupo salud mental Somamfyc.
Dra. Mª Jose Avila Sanchez. Médico de Familia (C.S. Arroyo de
la Vega), psiquiatra, miembro del grupo de salud mental Somamfyc.
Dra. Ana Belén Ibáñez Santamaría. Ginecología y Obstetricia.
Dr. Carlos Damonte Khoury. Ginecología.
Dr Juan José Hernández Aguado.
Ginecología y Obstetricia. Jefe del Servicio.(H.U. Infanta Leonor)
Enviando
correo electrónico a carlosdamontek@gmail.com
Asunto: Inscripción taller de dolor crónico
Texto: A
la att. de Carlos Damonte Khoury,
Secretario Sección Psicosomática de la SEGO: Solicito inscripción en el taller
de Dolor Crónico en el Hospital Infanta Leonor 24-3-14.
Programa:
16 a
16:05 Bienvenida. Presentación de los participantes. Dr. Hernández Aguado
16:05 a
16:30 Dolor pélvico crónico en Ginecología. Recuerdo anatómico, fisiológico,
diagnóstico y terapéutico. Dra. Ibáñez Santamaría.
16:30 a
16:45 hs Pacientes con Dolor crónico en el Centro de Salud. Presentación de dos
videos de entrevista. Dr. Santiago Castellanos
16:45 a 18 Discusión/ debate. Dres. Ana Ibáñez Santamaría, Santiago
Castellanos, Carlos Damonte, Juan J. Hernández Aguado.
18 –
18:15 descanso
18: 15 –
19 hs : Mensajes a llevar, qué hacer y qué NO HACER . Los ponentes.
19 a
19:30 hs Cierre : informe sobre la actividad de la Sociedad Internacional y la
Sección Española. Anuncio de próximos talleres y Congreso de Ginecología
Psicosomática 9 y 10 de Mayo 2014. Carlos
Damonte Khoury y Juan José Hernández Aguado
lunes, 10 de marzo de 2014
III JORNADA DE LA RED: LA MEDICALIZACION DE LA VIDA COTIDIANA.
- Preparación de la III JORNADA DE LA RED: Medicalización de la vida cotidiana.
5 de dieciembre 2014, en Madrid.
¿Por qué la gente le habla al médico de sus problemas?
¿La medicación es la única respuesta posible al malestar que presenta el
paciente? ¿Se puede hablar con el médico sin convertir los problemas de la vida
en enfermedades? ¿Para qué se habla al médico?
Un pequeño debate ya ha empezado en la Red que publicamos en el Blog.
18/02/14
Estimados,
La
cuestión que Santiago Castellanos y yo misma hemos propuesto como tema de la 3ª
Jornada es Medicalización de los problemas de la vida cotidiana. En el
primer correo del 12 de febrero planteábamos algunas cuestiones que hoy
continuamos con la siguiente reflexión:
Leriche
sentenció que "la salud es la vida en el silencio de los órganos".
Hoy sabemos que uno puede estar enfermo y no sentir ningún malestar. Es decir,
que la enfermedad puede ser silenciosa.
¿La
contraria sería verdadera?
El
silencio devino sinónimo de salud. El ruido, de enfermedad. La pregunta que me
gustaría introducir es ¿es que cuando los órganos hablan se trata siempre de
una enfermedad?
Esperamos,
aportaciones, comentarios o nuevas preguntas...
Igualmente,
será bien recibida la biografía que consideréis pertinente para compartir.
Un saludo
cordial,
Araceli
Teixidó
20/02/14
Hola a todos. Me animo a escribir ante esta pregunta
de Araceli que no me parece fácil de responder ya que en el fondo plantea la
siguiente cuestión: ¿a qué llamamos enfermedad? ¿basta el ruido de los órganos
para que podamos hablar de enfermedad?
En una primera respuesta rápida diría que no ya que
cotidianamente se soportan malestares o ruidos del cuerpo sin hacer de ello una
enfermedad.
Como modo de comenzar una conversación he pensado
recoger algunas breves aportaciones que me parecen interesantes.
P. Laín Entralgo considera que para hablar de
enfermedad hay una triple exigencia: que se haya constituido una alteración
orgánica, que el sujeto la sienta y el médico lo certifique. Por tanto la
enfermedad sería impensable sin la relación clínica.
G. Canguilhem plantea que la enfermedad es algo vivido
como sufrimiento, impotencia, sentimiento de vida contrariada, ya que puede
darse una anomalía que no se viva como patología. La enfermedad requiere como
punto de partida la noción de ser individual. Podríamos decir entonces, la
enfermedad sería impensable sin tener en cuenta la vivencia del individuo
concreto que la sufre. Podríamos también pensar que puede vivirse como
enfermedad un malestar que no implica anomalía orgánica.
D. Gracia plantea que los cambios producidos hoy en la
biomedicina y más concretamente la introducción del principio de autonomía,
tienen como consecuencia que algo que anteriormente era definido desde la
medicina, los conceptos de salud y enfermedad, se ha convertido en la actualidad
en el “derecho”del paciente a definir lo que es la salud y la enfermedad. Por
tanto, la enfermedad sería una cuestión de derechos, un derecho individual.
Se podrían añadir más puntos de vista pero estas
breves referencias nos muestran la complejidad de eso que llamamos enfermedad y
que no se limita al ruido de los órganos.
Saludos,
Lierni Irizar
22/02/14
Hola, Es
una cuestión interesante la planteada y me ha sugerido el siguiente comentario:
Hace tiempo, se hablaba de enfermedad cuando se sentía
su presencia. Alguien enfermaba, caía enfermo (probablemente aludiendo a la
necesidad de encamar o a una caída literal al suelo) y todo el mundo sabía qué
se quería decir con eso. Algo iba mal en su cuerpo que le fatigaba o le dolía.
Cansancio, fiebre, dolor, vómitos,… síntomas y signos. Signos que el médico
detectaba en la exploración y que, a veces, también aparecían antes de que la
persona se sintiera propiamente enferma; una piel pálida o amarillenta, sangre
en la orina, tobillos hinchados... O algo iba mal en su alma: desde obsesiones
neuróticas hasta la pérdida de sí mismo en la melancolía, en la locura, en la
demencia.
La triple exigencia de Laín se persigue hasta la
saciedad, pero no se alcanza en muchos casos. No siempre hay alteración
orgánica reconocible, como ocurre en tantos trastornos mentales o en la
multitud de cuadros llamados idiopáticos. No siempre se siente la enfermedad;
uno puede morirse súbitamente a causa de un ictus o un infarto sin haber notado
ningún síntoma previo.
Canguilheim expresa una tautología, muchas veces
ignorada: la enfermedad acontece siempre en un individuo o, dicho de otro modo,
no hay enfermedades sino enfermos. Tampoco parece que su definición sea
universal si tenemos en cuenta los maníacos o aquellos que ven su enfermedad de
modo utilitario: una minusvalía remunerada, la no incorporación al ejército,
etc.
Es discutible que Diego Gracia tenga razón al señalar
que puede darse un cambio nosológico desde la perspectiva del paciente.
Efectivamente, asistimos a enfermedades relativamente“nuevas”, como la
fibromialgia o la sensibilidad química múltiple y a la magnificación de
diagnósticos como la disfunción eréctil, pero esas etiquetas no sólo se
relacionan con la autonomía del paciente; también son influidas por intereses
comerciales y ha de recordarse la íntima relación que suele darse entre el
asociacionismo de enfermos y los proveedores de información y medicación sobre
la supuesta o real enfermedad. Pero, ¿es eso en realidad un derecho?
Estaríamos, por así decir, ante un derecho en lo epistemológico, algo un tanto
absurdo, al menos tanto como el derecho de cada cual a redescubrir el planeta
Venus y llamarle de otro modo.
Quizá no tenga mucho sentido empeñarse en buscar una
definición de enfermedad. A fin de cuentas, sería lo contrario a la salud y,
teniendo en cuenta el concepto que de ésta tiene la OMS, todos estaríamos
enfermos.
Pero sí que podemos reflexionar sobre cambios en el
modo de reconocer la enfermedad. Desde mi punto de vista, hay dos
fundamentales: la perspectiva estadística y el cambio semiológico.
La perspectiva estadística supone ver la enfermedad
como desviación de la norma, una norma que puede ser un promedio estadístico o
una idealidad epidemiológica. A medida que el signo se ha cuantificado, el
criterio estadístico ha dado pie a una dicotomización en un rango de
continuidad. De ese modo, un adulto no es llamado diabético por una
sintomatología; ni siquiera por unas glucemias claramente elevadas, sino por
atravesar en dos analíticas diferentes un umbral de glucemia determinado
(determinado como riesgo pronóstico de lesión orgánica a largo plazo). La talla
de un preescolar será adecuada o no en función de su percentil estadístico. Es
decir, en muchas situaciones no nos hallamos ante una enfermedad definida por un
añadido o una carencia cualitativos, como la presencia de un germen infeccioso,
de una aberración cromosómica o de un cáncer, sino por un punto de corte
artificial en una medida continua. Un punto de corte que se establece en
términos comparativos, no de dolencia individual.
Pero hay un cambio mucho más importante, aunque
también relacionado con el anterior. Se trata de la ampliación de la semiología
oculta. Sabemos que no es bueno tener la tensión arterial muy elevada; lesiona
órganos como el corazón o el riñón. Sin embargo, esas elevaciones no se sienten
en general, no se reconocen como síntoma por el paciente; por eso se dice con
frecuencia que la hipertensión es un enemigo silencioso: nos va matando sin que
nos demos cuenta. Es el ejemplo más claro de que, en ausencia de enfermedad
sintomática (de ruido orgánico), el signo la revela como posibilidad futura o
ya presente (complicada, se dice), transformándose el propio signo en
enfermedad misma.
El estudio Framingham reveló factores de riesgo
cardiovascular (claramente discutibles). Ya sabemos que las cifras altas de
colesterol obsesionan a mucha gente y explican, desde ese miedo generalmente
injustificado (hay excepciones), la ingente cantidad de estatinas consumidas en
el mundo, con el coste y efectos secundarios consiguientes.
Se percibe como avance la profundización en la
detección de factores de riesgo (es llamativo que un factor de riesgo de
infarto, calculable fácilmente en internet, sea la edad, quién lo diría). A día
de hoy, hay unos cuantos, aunque todos los días nos ofrecen más en la
televisión, induciendo una nueva forma de vida “sana”: hacer deporte, nutrirnos
en vez de comer, no fumar, no beber, dormir siete horas, no estresarnos...
acercándonos así cada vez más a una moral monástica en estos tiempos de
descreídos. Porque estamos ya en un contexto en que si alguien se muere será
por no haberse cuidado o mirado a tiempo. Es decir, será por su culpa, del
mismo modo que el parado es también culpable de estar en esa situación por no
ser asertivo, optimista ni eficiente.
Pero la explosión real en ese supuesto conocimiento
vendrá del abaratamiento creciente de los tests genéticos. Conocemos el caso de
Angelina Jolie y su doble mastectomía profiláctica. Recientemente en EEUU ha
surgido el problema ético de si procede informar a parientes de fallecidos por
cáncer de páncreas, que participaban en un estudio, acerca de genes no
relacionados con ese cáncer pero sí con otros y, en general, con otras
patologías. ¿Le damos malas noticias a quien no las pide? GATTACA se acerca a
marchas forzadas.
No sólo nos hallamos ante ese pretendido avance en el
conocimiento de factores de riesgo, que facilitará colateralmente la tentación
eugenésica en su doble vertiente, de abortos y de manipulación genética. Ha
habido también un progreso notable en técnicas de imagen y analíticas, que
facilitan el desarrollo de una semiología oculta, detectando cánceres
incipientes (que quizá nunca se traducirían en forma clínica).
¿Quién no ha oído hablar de alguien que ha ido a
hacerse un chequeo rutinario y ha “salido” con un diagnóstico de cáncer o que,
por el contrario, obteniendo resultados magníficos, se muere al día siguiente?
El caso es que pasamos de una enfermedad sentida a la
enfermedad revelada, del síntoma al signo, o mejor dicho, de un número limitado
de síntomas a un crecimiento exponencial de signos. Y esa revelación sí que
puede enfermar por sí misma, pues basta con tener en cuenta la cantidad de
falsos positivos de un examen radiológico con todas sus consecuencias
iatrogénicas (no siendo menores las psíquicas). Del mismo modo que no es
descartable que una información sobre la existencia de un cáncer subclínico
facilite un desarrollo que no se daría (simplemente no lo sabemos al aceptar
como postulado una supuesta historia natural, y unificada, de las diversas
formas de cáncer).
Curiosamente, frente al panorama anterior, en el que
el desarrollo de la Medicina y la obsesión por alargar la vida propician un
aumento de enfermedades por revelación, asistimos a la vez a una situación
socioeconómica en la que la enfermedad de verdad, la sentida como tal y no como
oráculo, aumenta. A la vez que hay quien se paga un análisis de genes BCRA o
una liposucción, un amplio sector de la ciudadanía en nuestro país sufre las
consecuencias de la pobreza y de una sanidad pública cada día más hundida,
enfermando de miseria, y haciéndolo de verdad, con síntomas clínicos de
malnutrición, de anemia, de depresión, de infección, de ansiedad, de dolor puro
y duro, hasta que todo su cuerpo paga las consecuencias de una civilización
regida por intereses de desalmados.
¿Qué es la enfermedad? Depende de quien lo pregunte en
una sociedad enferma.
Un cordial saludo,
Javier Peteiro
24/02/14
Hola a
todos : Siguiendo la reflexion de Lierni sobre "la complejidad de eso que
llamamos enfermedad y que no se limita al ruido de los órganos" quisiera
seguir por el camino del síntoma.
Los
síntomas ponen de manifiesto una situación pero no determinan el estado de
salud. La presencia de un sintoma ( hace ruido), pero no permite afirmar si hay
buena o mala salud, si se esta enfermo o sano, si la situación es favorable o
desfavorable.
Un
síntoma puede ser: - una reacción defensiva del cuerpo ( como los vómitos, la
diarrea, la fiebre)
- un
estadio preparatorio en un cambio evolutivo del cuerpo ( pubertad, menopausia)
- una
señal favorable en la evolución de una enfermedad
- una
señal desfavorable en una enfermedad.
Y además
ocurre que ouede haber una enfermedad grave y no mostrar sintomas.
Sintoma y
enferemedad no son equivalentes. Se precisa una valoración que consiste en
describir cual es la situación y facilitar asi la actuación más adecuada, que
seria el tratamiento.
Para ello
hay que darse la oportunidad de nombrar a las situaciones con valoraciones
"diagnosticas" que no figuran en las listas catalogadas y
codificadas, como : - reacción defensiva a promover
- estadio
evolutivo a oibservar
- fase de
mejoria de la enfermedad, que no precisa intervención
- fase de
empeoramiento
Quizas es
preciso señalar que hay que añadir un segundo diagnostico en el proceso de
categorización de la enfermedad, la valoración de la situación en cada caso, en
cada momento.
Ese
segundo diagnostico, permite definir un tercer paso, los principios del
tratamiento a aplicar, que en los ejemplos citados antes serian : - ayudar a la
reaccion defensiva
- no
intervenir y observar
- dar
reforzantes y nutrientes
- decidir
hacer dar farmacos o cirugia
-
respetar la fase final de la vida
El cuarto
paso seria nombrar los farmacos concretos, los productos a administrar, etc.
El otro
tema no abordado es como observar los cambios del cuerpo que preceden a las
enfermedades, lo que seria la prevencion de las enfermedades ocultas, sin
sintomas, con el estudio de los signos que el paciente no percibe.
En la
complejidad de eso que llamamos la enfermedad, hemos de aceptar que nuestra
intervencion es un proceso complejo, que requiere varias etapas. El paso
directo del sintoma al tratamiento es una simplificación que conlleva muchos
errores Es conveniente insistir en ello. Se trata de describir los procesos que
en la practica se realizan (desde el sintoma al segundo diagnostico, al tercer
principoio de tratamiento ) pero que no son especificados y resaltados dandoles
importancia y registrandolos.
Saludos,
Cristina
Domingo
24/02/14
El
comentario de Javier Peteiro, estando completamente de acuerdo con sus
observaciones, me platea una duda respecto de "el ruido de los
órganos" y es que si, en sentido estricto, podemos plantear que las
estadísticas en las que nuestro cuerpo puede verse concernido no son un órgano
más de nuestro cuerpo que, como tal, puede "hacer ruido" y en ocasiones
un ruido ensordecedor. Pero, en este caso, el ruido no es "escuchado"
por el paciente, hasta ahora dueño de su cuerpo, sino que es escuchado por
oidos ajenos que, a su vez, lo amplifican.
En este
sentido, pese a la apariencia de "mirada positiva" que estas
estadísticas tienen o pretenden tener a partir del valor pronostico que se les
da (una desviación de la "norma" es entendida como una
"anormalidad", sinónimo por tanto de "patológico"), en el
fondo esconden una creencia, la de la mecánica del cuerpo, la del
cuerpo-máquina que bien podríamos situar en una especie de "religión
natural" que escondería como concepto intereses más o menos inconfesables
de quien se beneficia de ellos. Así, las cifras de colesterol entendidas como
normales, lo que cuando estudiaba era un rango estadístico no una certeza,
bajaron significativamente con el descubrimiento de las estatinas, decisión
tomada por un grupo de "expertos" que hizo que una parte
significativa de la población de repente fuera candidata a la prescripción de
ese nuevo preparado farmaceutico bajo la amenaza de una enfermedad por venir de
la que había, obligatoriamente, que protegerse.
Pero no
olvidemos que estas estadísticas del "cuerpo-máquina" se aplican
también a la "ménte-máquina" y así son infinidad los test, versión
práctica de las estadísticas, que se aplican a los pacienes, o mejor a los
individuos psiquiatrizables,con los que se determina de igual modo su
desviación (estadística) respecto de una norma estadística igualmente
transformada en una "norma legal" que, por su obligado cumplimiento,
impone el abandono de toda singularidad.
Adios
entonces a toda medicina hipocrática para dar la bienvenida obligada a una
boipolítica de los cuerpos y de las mentes en el nombre el beneficio económico
de la sociedad ya que la enfermedad cuesta cara tanto en lo que supone el
cuidado sanitario, evitable por la prognosis de las estadísticas, como de las
horas de trabajo "perdidas" como consecuencia de una enfermedad
evitable en el nombre de esta misma prognosis. Así pues, el "ruido
estadístico de nuestro órganos" ya no nos pertenece, sólo pareque
quedarnos la culpa de sentirnos enfermos, culpa que, de momento, nadie ha
decidido enagenar.
Paco
Roca.
25/02/14
Estimados colegas: me gustaría introducir el sujeto en este asunto del
que hablamos. Me refiero a la relación que cada sujeto tiene con su cuerpo que
es la que le va a permitir, o no, "leer" los signos de una posible
enfermedad. Un cordial saludo. Araceli Fuentes
27/02/14
Me gustaría tomar una cuestión que
Javier Peteiro introdujo en su texto: hoy en día la vida sana supone una
moral que culpa a aquellos sujetos que enferman por no haberse cuidado o no
haber ido al médico a tiempo. Es decir que enferman por su culpa.
Diría que es el mismo sujeto de los
derechos de Diego Gracia del que nos habló Lierni Irizar.
Esta es una de las vías que la
medicina no explora. Porqué la enfermedad que trata esta medicina no tiene que
ver con el comportamiento culpable si no con lo que el cuerpo enmudecido puede revelara
través de los aparatos diagnósticos. Del sujeto que le lleva ese cuerpo no
parece haber nada que le concierna.
El médico no se siente responsable
de la desviación de ese paciente autónomo y con derechos ¿Lo es? ¿En qué medida?
¿Corresponde al médico alguna intervención?
Seguramente, expresarlo en términos
de culpa impide el abordaje. Se podría tratar más bien de cuestiones que tiene
que ver con el sufrimiento, con el placer, con la manera del sujeto de
relacionarse con su cuerpo. Para eso hay medicinas que, sin nombrarlo,
enmudecen esa relación. Pero ¿el médico puede hacer alguna otra cosa? Me parece
que eso esperan los pacientes cuando vuelven a visitarle con su malestar a
pesar de todo.
Un saludo cordial,
Araceli Teixidó
27/02/14
Estimados colegas. Sigo con sumo interés los debates
en torno al cuerpo, la enfermedad y el sufrimiento que se vienen dando.
Coincido particularmente en la articulación que hace
Javier Peteiro en torno a la culpabilización del sufrimiento y la impostura
estadística y semántica, operada cuando el cambio de nominación o criterios de
evaluación de un síndrome modifican toda su concepción. Cierto, con Araceli
Fuentes, en lo de introducir al sujeto del cuerpo.
Y sin embargo...echo a faltar más palabras de
profesionales sanitarios desde su práctica cotidiana. Conozco a numerosos
profesionales, incluso de laboratorio, cirugía o radiodiagnóstico que haciendo
presencia con su cuerpo, tratan de ir más allá de una simple clínica de
"la mirada" para leer, escuchar - o callar- otra cosa. Lo que no
obsta, es una obviedad, que en su mayoría la urgencia de lo real orgánico, no
permita dar lugar alguno al sujeto...
Conque la pregunta retorna: ¿bajo qué condiciones
puede advenir lo propio del sujeto?, ¿a que "Medicina" nos estamos
referimos?, Porque, de entrada, hay que decirlo, por muy hegemónica que parezca
no hay "La" sino "medicinas" (incluso "Otras
medicinas") y me temo que además, no-toda... ¿qué medicina de sería esa
que pusiera en el centro de su acto a los cuerpos-hablantes?
Un abrazo desde Sevilla.
José Ángel Rodríguez Ribas
27/02/14
Me parece interesantísimas las nuevas preguntas qué
introducen Araceli Fuentes y Araceli Teixidó.
En mi anterior correo el tema era responder a una
primera pregunta; ¿qué hacen los sanitarios con el síntoma del paciente?, y
mostrar que pueden poner distancia entre síntoma y enfermedad. Y entre síntoma
y tratamiento, y no medicar abusivamente
Se abre una segunda pregunta; ¿qué posición toma el
paciente ante su enfermedad?
Y una tercera pregunta: ¿qué hace el sanitario con la
posición que tiene el paciente con su enfermedad?
Estiro el hilo de la tercera.
Nuestra mente consciente desconoce muchas cosas del
funcionamiento del propio cuerpo-organismo, que sin embargo el organismo sabe
hacer habitualmente.
Como se relaciona cada uno con esa ignorancia de lo
propio, es fundamental.
Se precisaría averiguar "ese cómo", para que
los sanitarios traten adecuadamente a la persona enferma
En la formación sanitaria no existe esa área de conocimiento
ni por tanto la metodología, ni el nombre.
Poner un nuevo apartado al hacer la historia clínica
(anamnesis), como Valoración "diagnostica" de la relación del
paciente con la enfermedad actual. Por ejemplo: Posición de enfado con estar
enfermo, Posición que no considera que él haya de cuidar su cuerpo, etc.
Es uno más de los múltiples y complejos apartados de
la enfermedad.
Continuaré con la segunda pregunta.... cuando pueda.
Que vaya muy bien el Encuentro, un abrazo,
Cristina Domingo
28/02/14
Me parece
muy interesante esta cuestión que plantea José Ángel Rodríguez Ribas. ¿A qué
Medicina nos referimos? y en la que apunta a una pluralidad. Una cuestión que
enlaza con el papel del sujeto en esa relación.
En
general no estamos ante una relación sólo de dos, médico - paciente, sino de
múltiples médicos con un paciente, sobre el que las miradas y actuaciones
difieren.
Es común
tener una idea de la Medicina en la que subyace la imagen de una consulta en la
que un paciente es interrogado y explorado por un médico.Pero ocurre que ese
punto de partida es diverso, abarcando desde la urgencia de la atención (no es
lo mismo un ictus que una apendicitis o una erupción cutánea) hasta la
autonomía del paciente (adultos, pero también niños, dementes, psicóticos...).
Y también sucede que lo más raro es que baste con la consulta a un médico,
siendo frecuente que, desde esta consulta, se derive al paciente a otros
especialistas clínicos y, casi siempre, se le pauten exploraciones
complementarias que dependerán de otros médicos. Se dan así múltiples miradas
sobre un sujeto que es concebido como organismo parcelado. Es muy distinta la
mirada endoscópica que la radiológica, la oftalmoscópica o la dermatológica. Y
esa parcelación se hace especialmente clara cuando lo que se contempla es un
campo operatorio.
Creo que,
quizá por el auge de las técnicas de imagen (NMR, PET, TAC, Ecografías, pero
también ECG, EEG, Potenciales evocados, incluso analíticas, que se ven, etc.)
es la mirada lo que predomina en las medicinas (así, en plural). La mirada de
muchos médicos acaba confluyendo en un diagnóstico. Pero esa mirada lo es
siempre de algo que aparece como objeto, no sujeto. Porque uno es sujeto
propiamente cuando puede hablar (aunque sea mudo o hable otro idioma y lo haga
mediante signos). Y ésa es, quizá, la gran carencia de las medicinas: que en
general no escuchan. Es llamativo que, incluso en un amplio sector de
psiquiatras, tampoco tenga lugar ese acto de escuchar, en el contexto
biologicista pretendidamente científico. Hay, sí, una cierta anamnesis (no
siempre) que incluye, a veces, tests psicométricos. También se da, cada vez
menos, la escucha de los órganos con un fonendo. Pero, en general, no se
escucha al paciente, desposeyéndole así de su condición de sujeto, llegando
incluso a veces a despreciar sus palabras (ocurre con frecuencia en el caso de
ancianos, por muy lúcidos que estén y ocurre también ante la expresión del
dolor; no ha de olvidarse la existencia de cierto sadismo en nuestros
hospitales, aunque sea crudo decirlo).
Creo que
el defecto esencial de nuestras medicinas (salvohonrosas excepciones) es que
son sordas; sólo miran. Un defecto que no sólo se da en Medicina. Es llamativo
un descubrimiento fundamental, el de Penzias y Wilson; hallaron el fondo
cósmico de microondas, uno de los pilares del modelo cosmológico actual, el Big
Bang. Pues bien, no lo hicieron mirando con telescopios (eso vino depués con el
COBE, el WMAP...); lo detectaron oyendo ruido en antenas. Fue desde la escucha
y no desde la mirada que facilitaron la comprensión del universo.
No es
descartable que el recurso a "otras medicinas", también citadas por
José Ángel, se deba a que, aunque sean pseudocientíficas, mantienen la actitud
de escucha. Y un paciente lo que necesita siempre en primer lugar es eso, ser
escuchado. Por eso, aunque la homeopatía no funcione, un homeópata puede curar
a veces. Otra cuestión es que no basta con el oído; se precisa también la
mirada, la intervención técnica con base científica, pero usar sólo la mirada
conduce paradójicamente a la ceguera y no son pocos los diagnósticos y
tratamientos erróneos debidos a no haber escuchado lo que dice y también lo que
calla un paciente concreto, concebido así como sujeto.
Un abrazo
a todos.
Javier
Peteiro
lunes, 17 de febrero de 2014
EL RECHAZO DEL CUERPO
Departamento del Nucep (Madrid):
“El
cuerpo y sus goces”
Por Araceli Funetes.
La vez anterior trabajé la relación
entre el pensamiento y el goce a partir del nuevo cogito introducido por Lacan
en La Tercera, “pienso, luego, se goza”. Para dar cuenta de este cogito en la
clínica nos servimos de un caso de psicosis, el de Schreber y un caso de N.O. el testimonio de un AE, Leonardo
Gorostiza, que ha trabajado este nuevo cogito en su cura, pudimos escucharlo en
las Jornadas de la ELP de Zaragoza.
La clínica psicoanalítica nos enseña
que el pensamiento no está
separado del goce, que tiene un asiento pulsional y esta experiencia le permite
a Lacan, decir que la pasión no está excluida de la ciencia, contrariamente a
la idea que se tiene de que la ciencia sería una actividad neutra, vacía de
pasión. Por otra parte, la pregunta del sujeto por el asiento pulsional de su pensamiento sólo puede ser
respondida en su análisis.
El psicoanálisis a pesar de su nombre,
análisis de la psique, tiene la cuestión del cuerpo en su centro. El
inconsciente no existe sin incidencia sobre el cuerpo, los síntomas son la
prueba fehaciente, como lo demuestra la experiencia analítica, el análisis
entrega al sujeto la clave inconsciente de sus síntomas. Por supuesto, fuera
del psicoanálisis, en las clasificaciones del DSM, o en las TCC, se pretende
desconectar el síntoma del inconsciente, se quiere que haya síntomas sin
inconsciente. Pero el psicoanálisis, desde su fundación por Freud, ha
demostrado que el síntoma que afecta a un cuerpo tiene conexión con el
inconsciente del sujeto que tiene ese cuerpo.
El tema que vamos a tratar hoy es el del
rechazo del cuerpo en la neurosis, histérica y obsesiva. Comenzaré hablando del
rechazo del cuerpo en la neurosis obsesiva, neurosis en la que este rechazo toma
la forma de un “desentenderse” del cuerpo. Hay en la neurosis obsesiva un
desplazamiento de la libido hacia el pensamiento, el sujeto obsesivo pone su
libido en las elucubraciones mentales a las que se suele entregar y esta
libidinización del pensamiento le lleva en muchos casos a olvidarse del cuerpo,
a olvidarse de que tiene un cuerpo, ¿por qué? En primer lugar porque este
refugiarse en el pensamiento le produce un goce, el goce de su síntoma, el goza
de su pensamiento, lo que como vimos la vez pasada no es ajeno a su cuerpo ya
que el pensamiento tiene su asiento pulsional en el cuerpo. En segundo
lugar, porque mientras el
pensamiento se presenta en esta neurosis articulado a un Ideal del yo omnipotente,
en el cuerpo, por el contrario es el lugar en el que surgen los signos de la
castración, las limitaciones corporales e incluso lo real que angustia y frente
al cual el Ideal del Yo toma la forma omnipotente, una omnipotencia cuya base
funcional es la omnividencia, el ojo que lo ve todo, en el que este sujeto
cree.
Ya sea por la vía de la negación de los
signos que en su cuerpo dan cuenta de la castración, ya sea produciendo una
escisión entre pensamiento y cuerpo, el sujeto obsesivo se resiste a ocuparse
del cuerpo cuando este viene a contrariar la omnipotencia de su pensamiento.
Por otra parte, se comporta respecto a su cuerpo como “la rana que quería ser
un buey”, hay en la relación narcisista que tiene con el cuerpo, como bolsa
susceptible de ser hinchada, una inflación narcisista acorde a la omnipotencia
del Ideal del yo. En el Seminario 23 Lacan vuelve sobre la función prevalente
que tiene la mirada en esta neurosis para decir que en la cura del sujeto
obsesivo es muy difícil sacarlo del domino de la mirada.
Al hablar del rechazo del cuerpo, podemos
entenderlo de dos formas diferentes ya que se trata de un genitivo que puede
ser objetivo o subjetivo, es decir que o bien el cuerpo es el objeto del
rechazo, o bien es el sujeto del rechazo, así introducimos la idea de que el
cuerpo mismo puede producir un rechazo, una rebelión, ahí están los síntomas de
conversión para demostrarlo. Los síntomas de conversión que consisten en la
alteración del funcionamiento de un órgano sin que haya una lesión que pueda
explicar este comportamiento, con ellos comenzó el psicoanálisis, las cegueras,
las parálisis histéricas, demostraron en los orígenes del psicoanálisis que hay
otro cuerpo que el que delimita la fisiología, es la concepción del cuerpo tal
como este se presenta en el lenguaje corriente, este es el cuerpo afectado por el síntoma de
conversión.
Aunque el síntoma de conversión fue
descubierto primero en la histeria, no es exclusivo de la histeria sino que
afecta a cualquier sujeto en tanto que hablante.
Para empezar,
comencemos hablando de la exigencia del sujeto histérico: Lacan, ya en el 58 en “La dirección de la
cura los principios de su poder” habla de una exigencia propia del sujeto
histérico, una exigencia que a su vez implica un rechazo: Hay una exigencia
propia del sujeto histérico que nada tiene que ver con la persona en cuestión
que puede ser encantadora, se trata de una exigencia de estructura, ¿en qué
consiste? La exigencia del sujeto histérico consiste en querer ser en el amor
lo que le falta al Otro. El sujeto histérico se sitúa, el mismo, del lado de la
falta, y al encarnar la falta del Otro busca “ser el falo”, aunque sea un falo un poco flaco como dice
Lacan respecto ala estrategia de la bella carnicera al identificarse con el
deseo insatisfecho de su amiga. En la formula “ser el falo” el falo es el
significante de la falta en el Otro de la falta propia del deseo.
La histeria se
mueve en el campo del deseo como pez en el agua, al mismo tiempo que rechaza situarse como objeto del
goce. La bella carnicera tenía un marido bien dispuesto a satisfacerla,
mientras que ella se esmeraba en tener un deseo insatisfecho identificándose a
su amiga flaca, por la que el marido había mostrado cierto interés… finalmente
lo que nos dice Lacan en 1958 es que la estrategia de la bella carnicera en
tanto sujeto histérico le lleva a
querer ser la falta del Otro.
Si bien la
histeria habla el lenguaje del amor, poniendo su exigencia de ser en el amor,
su interés no está aquí, nos dirá Lacan, ¿Dónde está el interés de la histeria,
entonces? Para explicarlo será necesaria la escritura de los discursos que
Lacan produce más tarde.
Volviendo al
rechazo del cuerpo podemos decir que, en la neurosis
histérica encontramos dos modalidades de rechazo del cuerpo, una proviene del sujeto histérico y la otra de su cuerpo, la proveniente del cuerpo éste la lleva a
cabo a través de los síntomas.
Para
hablar de la primera modalidad de rechazo, la que se refiere al sujeto en la
histeria, lo primero que tenemos que recordar es que con Lacan la histeria, que
tan mala prensa ha tenido, deja de ser considerada una enfermedad y pasa a
tener el estatuto de un discurso. El discurso histérico es uno de los cuatro
discursos formalizados por Lacan como cuatro formas en las que el lazo social
puede establecerse, los otros tres son el discurso universitario, el del amo y
el discurso analítico. Lacan, en el seminario XVII,
Discurso del amo S1 S2 Discurso
histérico $ S1
$ //
a a // S2
Al
hacer esta comparación, Lacan muestra como el sujeto dividido en el discurso histérico se coloca en el lugar en el
que en el discurso del amo está el S1, el $ no obedece al significante amo S1
sino que lo relanza al lugar del
otro, del esclavo. Por otra parte, es lo que expresa su cuerpo, el cuerpo en la
histeria expresa más un decir que
no, que un decir que sí.
Lacan
agrega: “el propio sujeto, histérico, se aliena por el significante amo como sujeto al que este significante
divide, pero este sujeto se opone a hacerse cuerpo del S1. Seminario XVII,
página 99. En otras palabras, si bien el sujeto como sujeto dividido se aliena al S1
que lo representa para los S2 por venir,
cuando se sitúa en el discurso histérico el sujeto dividido rechaza
hacerse cuerpo del S1, rechaza que
su cuerpo funcione al ritmo que impone el significante amo, al mismo tiempo que
muestra una gran plasticidad para responder al deseo del Otro, a lo que Freud
llamó complacencia somática.
Si el cuerpo histérico si está
poseído no es el S1 quien lo posee sino el deseo del Otro. Lacan evoca la
complacencia somática y dice: “A propósito de la histérica hablamos de
complacencia somática, aunque el término sea freudiano, ¿no podemos darnos
cuenta de que es bastante extraño, y que se trata más bien de rechazo del
cuerpo? En resumen, podemos decir que hay en la histeria un decir Si al deseo del Otro y un decir No, al
significante amo. Tanto el Sí como el NO los pone en acto con su cuerpo, mediante
los síntomas.
Finalmente, lo que muestra el discurso histérico es que
el verdadero interés en la histeria está en el saber que en tanto discurso
produce, el lugar de la producción en el discurso histérico está ocupado por el
saber, saber que el sujeto histérico hará producir y esto es así desde la
antigüedad hasta el hombre de ciencia hoy, pasando por el psicoanalista Freud.
La histeria pone al otro a producir un saber, que en el caso de Freud era un
saber sobre sus síntomas, un saber que nunca obtendrá su beneplácito para que
el deseo pueda seguir estando insatisfecho.
El síntoma histérico porta la castración sobre el otro al
que se dirige para que produzca saber sobre su goce, tarea imposible por estar
prohibida en la estructura misma del discurso en la que hay una barra que
impide pasar del lugar de la producción al lugar de la verdad, donde en el
discurso histérico se sitúa el goce.
Lacan reconoce en
esto la relación entre el discurso histérico y el de la ciencia:“entre la histeria y la
ciencia hay un lazo histórico, incluso la histeria está en el origen de la ciencia” nos dice en
Radiofonía, en 1970, pues por paradójico que parezca, la ciencia toma su
impulso de la histeria. Lo que podemos entender como que el deseo de la ciencia
forma parte del deseo de la histeria. Lacan recurre a Sócrates, para decir que la producción de la episteme griega, que era
la ambición del amo antiguo, fue la respuesta del amo antiguo a la conminación
de Sócrates, perfecto histérico. La episteme griega resurge en la ciencia
newtoniana y supone un cambio en la naturaleza del saber, al producir un nuevo
tipo de saber, un saber matematizable, distinto del saber mítico o del saber
hacer del esclavo.
La relación entre la histeria y la ciencia es apasionante
pero nos vemos obligados a dejarla de lado por el momento porque nuestro
objetivo hoy es otro: el del rechazo del cuerpo.
¿Cómo
se presenta en Freud?
Este rechazo surge al comienzo del psicoanálisis a través
de los síntomas de conversión que las histéricas le llevan a Freud, con un ¿a
ver si usted puede hacer algo con esto?
La
conversión histérica es una alteración funcional sin lesión orgánica. La conversión
histérica no es una enfermedad psicosomática. ¿Cómo puede ocurrir que un órgano
del cuerpo no funcione sin que haya lesión orgánica que lo explique?
Para entender la conversión histérica no hay que olvidar
que el cuerpo implicado en este síntoma no es el cuerpo de la anatomía sino el
cuerpo del que habla el lenguaje popular que no tiene porque coincidir con el
de la anatomía.
La
tesis de Lacan en “Televisión” es la de que es el lenguaje el que nos atribuye
nuestros órganos, es decir que el cuerpo de la conversión no es el de la
anatomía sino el que nos atribuye el lenguaje popular.
En
su momento, Freud se preguntó,
cómo era posible que se pudiera pasar de una representación psíquica
inconsciente a la inervación de una parte del cuerpo en el síntoma de
conversión. La
respuesta es simple, la inervación corporal no está tocada puesto que no hay
lesión. Lo que
sucede es que la representación inconciliable para el yo encuentra el camino de las representaciones corporales de
órgano. En la neurosis obsesiva el camino es diferente, ¿Cómo se pasa de
la excitación sexual a un trastorno del pensamiento? La noción de desplazamiento
produce la erotización
del pensamiento y da cuenta de estas obsesiones mentales en la NO.
El
cuerpo histérico es un cuerpo dócil y rebelde, dócil al deseo, y rebelde al S1, rechaza funcionar al paso del significante amo. Son dos caras de la misma moneda,
una cara está relacionada con el deseo y la otra con el discurso del amo y su
significante privilegiado, el S1.
“La
sustracción histérica”, llamada también “huelga histérica” es el rechazo en acto a poner el cuerpo al
servicio del
goce, algunos sujetos histéricos
encuentran en la sustracción un placer tan irresistible que no están en nada si
no es para en algún momento poder sustraerse. El deseo de encarnar la falta del
Otro es la fuente de una insaciable reivindicación que no siempre se juega en
el terreno sexual aunque sea esté su campo electivo, en ocasiones “la huelga
histérica” se produce incluso poniendo
el cuerpo en el acto sexual, hay otras maneras de sustraerse.
Lo que nos enseña Lacan respecto al síntoma histérico es que este
consiste en
interesarse por el síntoma del Otro como tal, el síntoma histérico
es el síntoma que consiste en interesarse en el síntoma de otro, lo que no exige el cuerpo a cuerpo.
Vemos que la definición del síntoma histérico,
“interesarse por el síntoma de otro”, incluye la huelga del cuerpo, que para
interesarse en el síntoma de otro “el cuerpo a cuerpo” no es imprescindible. El
mejor ejemplo de ello lo encontramos en la relación de Sócrates, perfecto
histérico, con Alcibíades. Sócrates está animado por un deseo de saber que
rechaza el cuerpo a cuerpo, con ese deseo soportado en la pregunta logra interesar a Alcibíades “el
deseante” pero sin aceptar el cuerpo a cuerpo con él. Con ello produce un
efecto de deseo en Alcibíades que lo idealiza suponiéndole poseedor del objeto
“agalma” del deseo. En “El banquete” de Platón vemos como Alcibíades se presenta borracho y se
exhibe en un relato obsceno testimoniando
en términos crudos sobre lo que Sócrates le ha enseñado para luego
sustraerse.
Alcibíades hace su parada como deseante, parada masculina que consiste en
mostrase como deseante para así suscitar el deseo en otro y producir así la metáfora del deseo. Pero Sócrates, y
por eso Lacan habla de él como el primer analista, no cae en la trampa y le
muestra a Alcibíades que en realidad toda su exhibición no va dirigida a él
sino a Agatón, el joven poeta recientemente
premiado por el que Sócrates también se interesa. Sócrates interpreta así el
deseo de Alcibíades sin dejarse engañar por él.
¿Cuál
es entonces el
partenaire de la histérica?
No
es el cuerpo sino el hombre como sujeto de deseo, ese hombre al que ella quisiera hacer
hablar sobre la causa del deseo, un hombre animado del deseo de saber el objeto precioso que sustenta el deseo.
La histérica se identifica a este hombre, “ella hace el hombre”, expresión que utiliza Lacan, en el plano imaginario a través
del complejo de
masculinidad, en el nivel simbólico “hacer el hombre” consiste en identificarse a la
falta del deseo del Otro: el ejemplo que tenemos es el de la bella carnicera que hace el hombre del deseo que
está en falta, abocándose a sostener el deseo como insatisfecho porque el deseo satisfecho se apaga, la bella carnicera se identifica a su marido que a su vez se interesa por la amiga de la
que el no se satisface. Ella se identifica a falta
del deseo del Otro, en este caso del marido y así “hace el hombre”. A nivel real “hacer el hombre”, la identificación al hombre en falta del deseo no es sin
relación con el goce y ahí Lacan introduce otra formula: la identificación al goce del amo castrado. Es
decir el plus de goce o el goce del síntoma. Es la tos de Dora como identificación al goce castrado del padre
impotente.
La
amorosa como la llama Lacan en el 73, esta fuera sexo, lo que significa que la histeria se sitúa
del lado del goce fálico, del goce del hombre y no del lado del no-todo en
las formulas de la sexuación.
La
identificación simbólica a la falta del deseo es solidaria con la identificación real al goce del amo castrado en el
síntoma.
En 1975 Lacan responde a la pregunta ¿Qué es una mujer
para un hombre?
Una mujer es un síntoma para un hombre.
“Una mujer acepta ser síntoma de otro cuerpo”, un cuerpo
síntoma es aquel que acepta ser causa del goce del partenaire. Si no ocurre
esto entonces permanece como síntoma histérico, es decir el que se interesa por
el síntoma del otro pero el mismo rechaza en ser síntoma de otro cuerpo. Lacan
dice que el síntoma histérico es el penúltimo y la mujer como síntoma de otro
cuerpo el último.
Una mujer no hace huelga del cuerpo. La histérica que
hace huelga del cuerpo no presta el suyo como síntoma de otro cuerpo. Lo cual
no quiere decir que haga huelga respecto a los hombres sino que su pareja con
el hombre no es una pareja de cuerpos, no excluye el cuerpo a cuerpo pero no lo
exige como tal.
¿De
donde viene la defensa anti-sexo en la histeria?
Para
Freud la histeria sería una enfermedad ligada a las exigencias culturales. La
represión de las pulsiones vendría del Otro y el sujeto aceptaría la renuncia en nombre de los ideales. En este contexto la histeria
freudiana es pensada como un exceso de Represión a pesar de ser la histeria la
que ha permitido construir la serie de las pulsiones parciales y de los
objetos. Gracias a la histeria el troceamiento primario del goce se volvió una
evidencia nos dice Lacan en Encore.
Lacan
va a buscar la causa del lado del sujeto histérico lo que Freud había abordado
como defensa histérica.
Las
defensas provienen según Freud de los ideales del Otro, de los semblantes. Solo
una vez Freud no ha situado las defensas en función de los ideales. Ha sido al
hablar de defensas primarias que provienen de una posición subjetiva primaria,
original, una suerte de decisión del ser que ha llamado aversión histérica, un
rechazo histérico primario respecto al goce y al contrario en la neurosis
obsesiva, un exceso de goce, una captación por el goce.
El
análisis conduce al sujeto al declinar sus ideales a reducir las defensas al
propio sujeto, es decir a la aversión primaria histérica. De un análisis se
puede esperar un cambio de posición, un pasaje de la posición histérica con su
rechazo a ser síntoma de otro cuerpo, a una posición femenina que aceptaría
serlo, siempre y cuando el sujeto consienta a ello. Una mujer histérica es no
toda histérica y por tanto también puede tomar una posición femenina.
En
todos los casos se trata de defensas del sujeto, defensas que según Freud
provienen de los Ideales, son
defensas de lo real y de la castración encarnadas en el cuerpo.
Lo
esencial de la huelga del cuerpo histérico es la huelga de aceptar ser síntoma
de otro cuerpo.
Para finalizar tomaré dos ejemplos clínicos, dos casos
que nos sirven para mostrar el No, el rechazo del cuerpo histérico al S1, están
sacados de la Conversación clínica celebrada en Burdeos que ha sido publicada
con el título de “Embrollos del cuerpo”.
El primero se titula “Quedarse embarazada”, está
presentado por Catherine Vacher, quien recibe a la paciente en su consulta de
ginecología.
Se trata de una mujer joven, de 24 años, que consulta por
infertilidad, vive con un joven con el que se va a casar y con quien desde hace
3 años intenta tener un hijo que no llega. Padece una patología ovárica de
origen desconocido que se acompaña de infertilidad, existe tratamiento para
esta enfermedad.
Hace un tratamiento, en le cuarto año otro para producir
la ovulación que no tolera bien, aparecen signos de un falso embarazo.
Se trata de una chica tímida a la que le gusta pasar
desapercibida, “no me gusta hablar de mi, ni siquiera con usted” dice, ella y su marido siempre han deseado
tener hijos.
El pseudo embarazo surge en el momento en que había
pedido interrumpir el tratamiento médico. Esto molesta a su marido que tolera
mal la desgracia física de su mujer, después el pseudo embarazo desaparece y
ella pide retomar el tratamiento. Le da una cita para unos meses después pero
antes de la cita ella la llama para anunciarle que está embarazada y todo va
bien.
¿Qué ha sucedido?
En la conversación Jacques Alain Miller interviene para
decir que este falso embarazo escapa al domino del sujeto, es una manifestación
de rechazo del cuerpo que rechaza obedecer al S1: por un lado el cuerpo se
rebela contra el S1 médico, por otra hay una complacencia somática pues el
falso embarazo responde al deseo.
Esta paciente que dice que no le gusta hablar de sí misma
encarna bien al sujeto dividido bajo la forma de la anulación de sí mismo, ser
invisible, discreta, sustraerse. Bajo la complacencia al sí hay que buscar el
decir que no, oculto a veces. Ella es alguien a quien no se puede atrapar. Dice
no a la demanda del Otro de tener un hijo y parece que para llegar al embarazo
efectivo tiene que pasar por este embarazo de semblante, ¿por qué?
En el momento del falso embarazo el marido se inquieta,
este pseudo embarazo es un test para el marido. Antes de hacer el hijo quiere
estar segura del deseo del marido hacia ella, gracias al falso embarazo el marido le dice: “tú me interesas
como mujer” y una vez que el explicitó su deseo ella puede decir que sí y se
queda embarazada, pero cuando dice No responde al “rechazo lo que me pides
porque no es lo que deseas”.
El segundo caso lo presenta Camille Cambron, es un caso de
análisis cuyo título es “Complacencia”:
Una mujer “Helena” tiene un síntoma de nauseas y vómitos
desde hace 18 años, ahora tiene 40 años. Este síntoma surgió por primera vez
con ocasión de una mudanza, a partir de entonces el síntoma se repite. Padece también
bulimia y asco por numerosos alimentos y su mayor placer es atiborrarse de
caramelos mientras lee. Sólo come barras de chocolate “porqueriitas”, como así
desde su infancia.
A los 3 meses, su madre demasiado joven, se la entregó a
sus padres, los abuelos de Helena con los que vivió hasta los 6años. Respondió
a este abandono precoz con un rechazo a comer y su abuela le daba cerditos de
pasta de almendra para conseguir que comiera.
Helena siente asco no solo por los alimentos, también por
los hombres. El padre es el único que no le da asco cuando come. Le da asco la
manera que tiene su marido de masticar, también su manera de fumar, de
acariciarse el labio, su modo de chupar la cuchara, ella evita sentarse a la
mesa con él.
La sexualidad también le produce asco, sobre todo los
preliminares, desde que se casó es así, duermen en habitaciones separadas con
el pretexto de que el marido ronca. A veces, por lástima se acuesta con él pero
el asco crece y le entran ganas de vomitar. Lo que menos le molesta es la
felación aunque prefiere la penetración sin aditamentos.
La zona de la boca reúne tanto la significación sexual
como la alimenticia y la oralidad.
Sin embargo en sus sueños la sexualidad está muy presente
y establece una relación entre sus sueños eróticos y sus síntomas orales, en su
sueño el padre le da la última ciruela de un árbol, este padre fue el
responsable de la quiebra que llevó la vergüenza de la familia cuando les
embargaron su casa y tuvieron que mudarse. Recordemos que el síntoma surge con
ocasión de una mudanza.
El padre de Helena es un padre deficitario, además se ha
enterado que su abuelo a quien fue entregada hacía cochinadas, porquerías con
niños y fue acusado por ello y tuvo un juicio. El marido impotente acepta la
ley que ella le impone, sus espermatozoides están muertos, dice Helena.
Cuando se ve de nuevo obligada a mudarse de casa a una
vieja fábrica de jamones a la que llama “la pequeña guarreria”, los vómitos
vuelven.
“Guarreria” es el significante amo de Helena, ahí estaban
los guarros, cerdos, puercos. Helena habla como un carretero, hace el hombre,
maneja la guarrada oralmente, ella también es un guarrito para ser comido, se
identifica con un animal descuartizado, como la amenaza de su abuela cuando no
comía.
En un sueño una muñeca de labios gruesos le evoca una
guarra que puede chuparse el sexo sola.
La idea de estar embarazada le produce asco, tener algo
que se mueve en su vientre, a sus expensas.
El trabajo de Helena consiste precisamente en organizar
comidas de trabajo y lo hace muy bien excepto cuando se ausenta y entonces los
jefes tienen que gritarle para que vuelva al trabajo.
El comentario de Miller respecto al caso es el siguiente:
Para este sujeto el hijo es un regalo que se da, ella fue
un regalo para susu abuelos. Ella fue la hija rechazada y entregada a los
abuelos y aquí está la raíz de la precocidad de sus trastornos orales y su
estado de asco y nauseas casi permanente.
Toda la vida de Helena se construye sobre un No, a su
marido, en su vida profesional cuando se le pide algo primero dice No, ¿es
inocente lo que me piden? Un pedido es una orden. Este No es un No de dominio.
La raíz de este No es el rechazo inicial del que ella
misma fue objeto.
El S1 “guarro” es ella misma, ella misma es el guarro sin
cola regalado por su madre a su abuela, es lo que le asquea del hombre. El asco
es la firma de la histeria, asco del goce.
Hay rechazo al alimento pero hay también el placer de la
boca, esas guarreriitas que ella come, Nutella, etc. Ella como de un modo
distinto al de su marido, incluso la idea de comer juntos es una aberración,
los guarros comen más, ella come por el placer de la boca, esencia sexual oral,
mientras que el goce es para el otro no para ella, para ella es el placer de
las guarreiitas.
Helena es una gran organizadora, hace muy bien su trabajo
de organizar comidas de trabajo, excepto cuando le dan órdenes.
Philippe Lasagna interviene en la conversación recordando
que en el seminario XX; página 146
de la versión francesa, Lacan dice: “El cuerpo no se reproduce sino errando lo
que quiere decir, su sentido es su goce efectivo”
En esta frase Lacan hace una oposición entre reproducirse
y querer decir, o reproducimos el goce en otro cuerpo o lo decimos, lo que en
apariencia sería un obstáculo para reproducirse.
Helena también rechaza su propio cuerpo del que dice no
saber nada, es un defensa activa.
Patrick Monribot: Helena rehúsa dar un hijo al marido
pero en el sueño no rechaza la ciruela que le da el padre, la metonimia del
falo debe venir del padre para ella.
En este caso se ve claramente como la misma zona: la
boca, sirve tanto a las pulsiones del yo con el trastorno del alimento como a
las pulsiones sexuales que se apoderan de su boca en su forma de coer solo
pequeñas guarreriitas.
Con estos dos casos tenemos dos excelentes ejemplos de
los que significa el rechazo del cuerpo en la histeria.
Ciertamente
la verdad interesa al sujeto histérico pero es la verdad del otro como clave de
la suya.
dos
cuerpos, el cuerpo excitable, vivo, y el cuerpo de las huellas de goce y de las
representaciones eróticas, que es de otro orden. Esas huellas son elementos
discretos y combinables, los que con Lacan llamamos sgte.
Cualquier partenaire de goce ocupa el
mismo lugar que los objetos de la pulsión, que un síntoma: el lugar de la falta
de relación entre los sexos. Se tiene un coche como una falsa mujer. Es decir
que el efecto que ha producido la ciencia ha sido el de homogenizar los plus de
gozar, sin embargo esto no es una novedad porque cualquier discurso es una
máquina de homogeneizar los plus de gozar y en el fondo ninguno funciona sobre
la base de una libertad para desear. Cualquier discurso trabaja para todos,
incluso el analítico.
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