lunes, 14 de septiembre de 2015

iv jornadas de la Red de Psicoanalisis y Medicina en Barcelona

 4ª Jornada de la Red Psicoanálisis y Medicina
EL DIFICIL ARTE DE CONVERSAR CON EL PACIENTE
PALAU MACAYA - Barcelona16 de octubre de 2015
Cualquier profesional de la salud es consciente de que una parte importante de cada una de las consultas que se dirigen a los centros sanitarios precisan “de una conversación”. Sin embargo, no todos los profesionales se sienten concernidos por esta vertiente de la demanda. Y otros, aún cuando desearían responder a eso, dan por terminada la consulta tras realizar mediciones, solicitar pruebas médicas, prescrito alguna indicación o medicamento y obviando lo que sabe desde que el paciente empezó a explicarle por qué venía a verle.
¿Por qué se actúa de este modo?
Convendría que cada profesional respondiese esta pregunta dado que seguramente hay motivos particulares en cada ocasión, para cada profesional sanitario y también según el paciente del que se trate. No obstante, creemos que merece la pena considerar algunos aspectos generales de esta cuestión y tratarlos en la Jornada que la Red Psicoanálisis y Medicina propone este año.
Conversar es difícil si consideramos que no se trata simplemente de trasvasar informaciones y si el profesional se compromete en las preguntas y con las respuestas que ofrece.
Abordaremos este tema desde cuatro perspectivas: la reacción del profesional a las manifestaciones del paciente; ¿qué corresponde tratar al profesional sanitario?; qué conviene derivar a otros profesionales y, finalmente, qué demandas caracterizan la práctica de hoy y cómo tratarlas.
Comisión organizadora:
Santiago Castellanos, Elvira Guilañá, Araceli Teixidó (responsable), Miguel Ángel Vázquez
Lugar: Palau Macaya - Pg. Sant Joan, 108 – Barcelona
Fecha: 16 de octubre de 2015 Horario: de 10,30 a 14 h y de 16 a 18,30
Inscripción mandando un correo a redpsicoaymed@gmail.com con copia del ingreso y boletín de inscripción
Colaboración en los gastos 20 € ASOCIACION POROS ES81 2100 0900 9002 1134 4331
La Red Psicoanálisis y Medicina está inscrita en el Instituto del Campo Freudiano

viernes, 11 de septiembre de 2015

ESCUCHAR EL SUFRIMIENTO: UNA CLÍNICA QUE RESPETE LA SINGULARIDAD HUMANA. (1)


Por Lierni Irizar[2]


¿Por qué la relación clínica forma parte del libro La pérdida del humano?

El libro está escrito con una clara vocación de ser un instrumento para la conversación entre diferentes saberes y discursos que se ocupan de lo humano, sobre todo del abordaje del sufrimiento, la enfermedad y la diferencia. En la primera parte del texto realizo una reflexión sobre el modo en que nuestra época comprende lo humano ya que en función de cuál sea nuestra idea de lo humano, atenderemos sus dificultades de un modo u otro.
Nuestra época cientificista considera al humano como un animal equiparable a los otros o como mera vida, o como soporte de un texto genético. Lo reduce y explica según el modelo animal o maquinal. Una visión que olvida su particularidad de ser hablante con lo que esto supone: su separación de lo inmediatamente biológico o natural. Un ser cuyas coordenadas vitales no responden al instinto sino a las palabras, al lenguaje. La deriva biologicista contemporánea implica una visión reduccionista que no alcanza a explicar la lógica y los avatares de cualquier peripecia humana, de cualquier biografía.
Sin embargo, aunque nuestra época nos conduce al olvido de lo propiamente humano, algunas teorías (como el psicoanálisis), nos recuerdan que el lenguaje no es simplemente un instrumento de comunicación sino que es algo radical y fundamental para nosotros. Es nuestra sujeción al mundo, a la vida. Nos hacemos humanos por el lenguaje en un complejo proceso de incorporación del mismo que produce una división constitutiva que dificulta cualquier tipo de pretensión de armonía, salud o felicidad plena. El humano se constituye en una triple dimensión, imaginaria, simbólica y real en la que el pensamiento, el lenguaje y el cuerpo se articulan de modo complejo. Las palabras afectan nuestro cuerpo, estamos hechos de y por palabras.
El olvido actual del humano como viviente, hablante, sexuado y mortal tiene numerosas consecuencias en una época en la que la indisoluble alianza entre la tecnociencia y el capitalismo invaden todo el campo humano. Esta alianza alienta la esperanza en que “todo es posible” para nosotros y además como mera mercancía. Se vive con el fantasma de la existencia de un goce absoluto que se puede obtener por los objetos de consumo. En la biomedicina sería la esperanza en la solución farmacológica, quirúrgica o genética que nos salvará de cualquier enfermedad o falla.
Esta realidad contemporánea produce efectos que son fácilmente constatables en la  experiencia del trabajo social y sanitario. Uno de ellos se refiere a lo que en una reunión de trabajo F. Vilá llamó banalizacion del sufrimiento, siguiendo la línea de la banalización del mal de A. Arendt. La idea del humano como animal o máquina supone interpretar el sufrimiento y la enfermedad como un error o fallo en algún lugar del organismo o en el cerebro. Según este enfoque, si aplicado el remedio al error no se ha producido mejoría, estaríamos ante un problema de  falta de voluntad del sujeto (no se esfuerza lo suficiente) con la consiguiente culpabilización y rechazo. No se comprende el sufrimiento que muchas veces supone para tantas personas perdidas, desorientadas, o enfermas no poder salir de su situación, no estar a la altura de las exigencias y expectativas de los profesionales. Constatamos el despliegue en nuestra época de un furor de normalización e integración aunque sea a costa del sujeto supuestamente salvado.
Uno de los motores de la redacción del libro fue la preocupación por el modo en que se ha extendido el rechazo y la incomprensión de los imposibles, de los límites que plantea toda vida humana y por tanto todo conocimiento y toda terapéutica posible.
En el campo médico observamos este problema ante personas que no se pueden cuidar o cambiar de hábitos, que incumplen los tratamientos o son irregulares en la asistencia a sus citas.
Si partimos de una visión del humano como un ser complejo, no armonioso sino dividido por su condición de hablante. Si tenemos en cuenta la dificultad que supone para muchas personas la vida cotidiana y no reducimos lo que les ocurre a un error biológico o cognitivo, si escuchamos lo que cada sujeto tiene que decir sobre lo que le pasa, podemos abrir un camino hacia otro modo de trabajo y abordaje de las dificultades humanas.
 
Resulta complicado articular este abordaje en un modelo biomédico que prima o reduce todo a parámetros biológicos. Es un modelo criticado desde muchos enfoques por su determinismo biológico que niega o deja de lado la importancia de los factores culturales, sociales y subjetivos involucrados en cualquier proceso de enfermedad. Aunque se hable teóricamente de la importancia de lo biopsicosocial en el ámbito sanitario, la realidad es que los profesionales son formados en una mentalidad que separa lo biológico del resto de factores, reduciendo al humano a un mero conjunto de órganos con un determinado funcionamiento. Esta visión se basa en una concepción positivista en la que se produce la separación entre mente (sujeto) y cuerpo y también entre dicha dualidad y el contexto sociocultural. Además, el cientificismo actual también presente en medicina pretende reducir las dimensiones psíquica y social a parámetros organicistas (por ejemplo la idea de que todo está en el cerebro).
Es en este contexto en el que tenemos que situar la relación clínica en la actualidad.

Relación clínica

La relación clínica es fundamental porque en ella se despliega y se concreta la actividad médica y su fin último: la atención a una persona que demanda a causa de una enfermedad o sufrimiento.
El médico se encuentra con un pie en el discurso de la ciencia (hoy tecnociencia + capitalismo) que tiene un punto de vista universal, para todos, y otro pie en la clínica, que es siempre particular. El discurso de la ciencia le pone en el lugar del saber, saber científico y la clínica le enfrenta a un no saber que concierne al sujeto particular.
Podríamos afirmar que la dificultad principal de la relación clínica es la siguiente: ¿cómo es posible atender a sujetos concretos, con problemas concretos, desde un saber científico que de entrada elimina los factores subjetivos? ¿Cómo hacerlo en un contexto social regido por una lógica mercantil de gestión?
Los médicos actuales, aunque no desconozcan la importancia de factores no orgánicos implicados en la enfermedad, tienen dificultades para intervenir más allá de lo biológico y no otorgan valor a la escucha de lo que el enfermo les plantea. Tal y como afirmaba Balint, el médico se convierte en el primer tratamiento cuando sabe escuchar, cuando no se precipita en su acción y dedica un tiempo a la sutil escucha de lo que el otro le dice. La tendencia contemporánea es la de silenciar el sufrimiento con fármacos o enviar al paciente a un peregrinaje de pruebas exploratorias cuyos efectos no son tenidos en cuenta.
Pero no todos los profesionales ni todos los enfoques médicos lo olvidan. Hay también profesionales que se posicionan en líneas de trabajo diferentes. Hay quienes se centran en la dimensión narrativa de la enfermedad y la relación clínica y postulan que además de lo biológico es necesario tener en cuenta lo narrativo, las historias. Otros profesionales, a partir de la bioética o la filosofía postulan una relación clínica ética que no solo sea curativa sino que se ocupe también del cuidado.
En esta línea, Tauber[3] plantea que relacionarse con la enfermedad en lugar de hacerlo con el paciente, tal y como ocurre actualmente, tiene consecuencias morales tanto para el médico como para el enfermo. De hecho, todos los pacientes presentan un desafío moral y por ello la función del médico es fundamentalmente ética: la ciencia y la tecnología deben estar al servicio de un mandato moral de cuidado.
Llega a plantear que hoy en día se constata la insuficiencia de la ciencia como base para la atención clínica. La medicina basada en el laboratorio solo se dirige a un componente del estar enfermo, a su aspecto material, el que puede medirse por medios químicos o físicos. Sobre el resto de aspectos involucrados, la ciencia tiene poco que decir. A pesar de esto, la medicina que históricamente se construyó sobre el cuidado de los enfermos, quedó subsumida en una medicina basada en la ciencia.
Al autor le interesa la relación médico-paciente y defiende que la ciencia no es sino una herramienta y no la propia disciplina.
Tauber considera que hoy, los pacientes, son sólo una parte y no la más fuerte de lo que está en juego en la tarea clínica. Los factores económicos han tomado un gran peso en la clínica. La ciencia y la tecnología han desplazado el lugar ético de la medicina y la economía ha reforzado la objetivación del paciente. El paciente se convierte así en objeto del saber científico y de la gestión económica de la salud.
Pero entre todos los enfoques analizados, he querido destacar lo que el psicoanálisis puede aportar y lo que además sólo desde esta teoría se tiene en cuenta.
Muchos de los enfoques que cuestionan la relación clínica en la biomedicina actual plantean la necesidad de dar voz al paciente, no olvidar los aspectos subjetivos, no cosificar al enfermo, ocuparse de la biografía y del sentido que la enfermedad tiene para cada persona, etc. El psicoanálisis plantea también la necesidad de dar un lugar a la subjetividad, a la escucha del sufrimiento caso por caso, a la palabra del enfermo que es quien tiene el saber sobre su sufrimiento, pero va más allá de estas propuestas al afirmar que el sujeto está estructuralmente dividido. Que por su condición de hablante está atravesado por el inconsciente, por aspectos de sí mismo que desconoce y que aparecen de algún modo en su demanda y en el deseo que se desliza bajo lo que se demanda.
Nos dice además que está afectado por lo que Freud llamó “pulsión” y Lacan “goce”. El psicoanálisis muestra que el humano “goza” de forma paradójica y que muchas veces se puede aferrar a situaciones que le dañan.
Esto no es algo ajeno para los médicos. Rescato las palabras de Víctor von Weizsäcker[4] que sabía algo de esto: “ resulta difícil tomar conciencia de que el hombre se obstruye el camino a sí mismo; que esto pertenece a la verdadera esencia del ser humano, por la cual se diferencia de cualquier otra cosa que fuera solo cuerpo.” En el ser hablante, las palabras tienen efecto de significado pero también efecto de afecto en el cuerpo. El significante causa goce. El cuerpo queda afectado por las palabras. (Por eso las palabras pueden dañar y curar)
Estas dos cuestiones, la división subjetiva que distingue la demanda y el deseo y el goce, son aspectos que la biomedicina actual no tiene en cuenta.
J. Lacan[5] analizó algunos aspectos de la relación entre el psicoanálisis y la medicina. Considera que la ciencia y sus efectos se hallan presentes en la vida de todos y lo social queda condicionado por la aparición de un humano al servicio de las coordenadas de un mundo científico. Esto implica para el médico confrontarse con problemas nuevos y alejarse de su lugar tradicional. Cambia la posición del médico respecto a aquellos que se dirigen a él, es decir, cambia la posición de la demanda y se trataría de ver cómo tener en cuenta, cómo individualizar y valorizar la demanda original dirigida al médico. El desarrollo científico ha llevado a la idea de la salud como derecho y esto modifica la relación clínica en la medida en que alguien puede acudir al médico pidiendo “su cuota de beneficios”. (Diego Gracia plantea que hoy es el paciente quien decide lo que es enfermedad o salud) En este sentido, es fundamental la dimensión de la demanda. Lacan afirma: “es en el registro del modo de respuesta a la demanda del enfermo donde está la posibilidad de supervivencia de la posición propiamente médica.” Esta cuestión de la demanda es fundamental y Lacan la distingue del deseo afirmando que cuando alguien nos pide algo, no es igual o es incluso opuesto a lo que desea. Hay una falla estructural entre la demanda y el deseo que se produce por la entrada del viviente en el lenguaje. (Alguien puede demandar curarse y estar inconscientemente aferrado a una posición de enfermo y desear ser certificado como tal) Tener en cuenta la demanda no supone dar a un sujeto todo lo que pide sino ayudarle a comprender qué pide, por qué y a quién. Y eso requiere un tiempo de escucha.

Otro aspecto fundamental que Lacan plantea es el efecto que el progreso de la ciencia tiene en la relación de la medicina con el cuerpo y que califica de “falla epistemo-somática”. ¿A qué se refiere esta falla? Se refiere al modo en que la cuestión del “cuerpo verdadero” es eliminado en favor de un cuerpo purificado, un cuerpo que brilla y que es posible escanear, radiografiar, calibrar y condicionar. Un cuerpo deudor de la dicotomía cartesiana entre el pensamiento (res cogitans) y un cuerpo extenso (res extensa), medible, cuantificable, analizable que deja de lado la cuestión del goce. Lacan habla de goce en el sentido en que el cuerpo se experimenta y es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña. Hay goce donde comienza a aparecer el dolor y sólo a ese nivel del dolor se experimenta una dimensión del organismo que de otro modo permanece velada.

Estos dos aspectos señalados, la demanda del enfermo y el goce del cuerpo, pertenecen a una dimensión ética del acto médico que tomaría a su cargo al sujeto eliminado por la ciencia. Sin esta referencia, ¿en nombre de qué podrán responder los médicos a los desafíos que plantea la tecnociencia y el capitalismo contemporáneo? La única referencia posible es esa relación ética que parte de la demanda y tiene en cuenta la cuestión del goce del cuerpo.
Lacan planteó que si el médico debe seguir siendo algo, su función sería la de continuar y mantener en su vida propia el descubrimiento de Freud.
En la actualidad, esta función que Lacan planteaba para los médicos está muy lejos de ser realidad. Su tarea resulta hoy enormemente compleja y parece difícil encontrar una salida a las paradojas que la biomedicina plantea. En este sentido, considero que tanto el psicoanálisis como la medicina pueden encontrar un punto de interés común para pensar y conversar sobre estos seres tan extraños que somos los humanos y sobre las complejas cuestiones implicadas en la enfermedad.







[1] Ponencia presentada en el   1º encuentro “Tenemos que hablar. Tuvo lugar en Barcelona el sábado 7 de marzo entre las 11 y las 13 h en la Sección Clínica de Barcelona del ICF en Barcelona. Se dedicó a  la relación clínica.
[2] Lierni Irizar es trabajadora social y doctora en filosofía. Recientemente ha publicado el libro La pérdida del humano en Ediciones Beta III Milenio. Bilbao, 2014.  En el encuentro “Tenemos que hablar” se trabajó a partir del capítulo “La relación clínica” Págs. 141 a 174

[3] Tauber, A. I. (2011) Confesiones de un médico. Madrid: Triacastela.
[4] Viktor von Weizsäker, (2009) Escritos de Antropología médica. Buenos Aires: libros del Zorzal.
[5] Lacan, J. (2002) Psicoanálisis y medicina. En J. Lacan (ed.), Intervenciones y textos I (pp. 86-99). Buenos Aires: Manantial.

sábado, 11 de julio de 2015

4ª Jornada de la Red Psicoanálisis y Medicina

EL DIFÍCIL ARTE DE CONVERSAR CON EL PACIENTE



Cualquier profesional de la salud es consciente de que una parte importante de cada una de las consultas que se dirigen a los centros sanitarios precisan “de una conversación”. Sin embargo, no todos los profesionales se sienten concernidos por esta vertiente de la demanda. Y otros, aún cuando desearían responder a eso, dan por terminada la consulta tras realizar mediciones, solicitar pruebas médicas, prescrito alguna indicación o medicamento y obviando lo que sabe desde que el paciente empezó a explicarle por qué venía a verle.
¿Por qué se actúa de este modo?
Convendría que cada profesional respondiese esta pregunta  dado que seguramente hay motivos particulares en cada ocasión, para cada profesional sanitario y también según el paciente del que se trate. No obstante, creemos que merece la pena considerar algunos aspectos generales de esta cuestión y tratarlos en la Jornada que la Red Psicoanálisis y Medicina propone este año.
Conversar es difícil si consideramos que no se trata simplemente de trasvasar informaciones y si el profesional se compromete en las preguntas y con las respuestas que ofrece.
Abordaremos este tema desde cuatro perspectivas: la reacción del profesional a las manifestaciones del paciente; ¿qué corresponde tratar al profesional sanitario?; qué conviene derivar a otros profesionales y, finalmente, qué demandas caracterizan la práctica de hoy y cómo tratarlas.

Comisión organizadora:
Santiago Castellanos, Elvira Guilañá, Araceli Teixidó (responsable), Miguel Ángel Vázquez

Lugar: Palau Macaya - Pg. Sant Joan, 108 – Barcelona

Fecha: 16 de octubre de 2015  Horario: de 10,30 a 14 h y de 16 a 18,30

Inscripción mandando un correo a redpsicoaymed@gmail.com con copia del ingreso y boletín de inscripción
Colaboración en los gastos 20 € ASOCIACION POROS La Caixa ES81 2100 0900 9002 1134 4331

La Red Psicoanálisis y Medicina está inscrita en el Instituto del Campo Freudiano

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miércoles, 8 de julio de 2015

Tenemos que hablar[1]: ¿la relación clínica se pierde?


Apertura por Araceli Teixidó
Bienvenidos a Barcelona a los que venís de fuera, bienvenidos todos a la Red Psicoanálisis y Medicina y a la Sección Clínica de Barcelona que nos acoge para el trabajo de hoy.
Tenemos que hablar. Esta frase que anuncia lo peor cuando es formulada en la intimidad, nos ha parecido una articulación feliz para nuestro tema. La palabra no es protagonista en la medicina de hoy, al contrario, se impide su circulación porque se supone que la entrada en juego de la palabra va a suponer la detención del funcionamiento. El imperativo de hoy es el funcionamiento y detenerse por un sólo sujeto parece vano. De hecho es condición para la vida en sociedad: todos debemos renunciar a una parcela de lo propio en favor del funcionamiento general. Sin embargo, hay momentos en que la sociedad, o algunos, deben poder detenerse en los problemas de uno solo. Y eso también es imprescindible para la vida en sociedad, porque si no es en favor de cada uno, ¿cómo vamos a vivir juntos y para qué? Así que, a veces, hay que parar, para hablar. Con los pacientes, a veces, hay que hablar.
Si se trata de hablar, la relación clínica nos pareció un tema central y pensamos que ocupa un lugar importante para cada uno de los que estáis aquí. No va de suyo. Hoy en día parece que un buen saber hacer a nivel técnico sería suficiente en la atención al paciente. Sabemos que esto no es así, en la relación asistencial hay un factor que permanentemente interrumpe lo que sería puramente técnico. Una manera de llamar eso que interrumpe es sufrimiento. Y, hoy en día, lo que el paciente dice o hace a partir de un sufrimiento, que a veces no puede soportar, se considera un añadido en la medicina. Sin embargo no todos pensamos lo mismo. Contrariamente, algunos nos hemos dirigido a estas disciplinas asistenciales teniendo en el núcleo nuestra disposición para atender el sufrimiento de los otros y tratarlo a partir de nuestra disciplina. Es un abordaje que hace que algunos consideren que la medicina y las prácticas asistenciales, antes que una técnica son una disciplina moral porque comprometen al practicante en la relación con el que le consulta.
Hoy nos acercamos a esta cuestión de la mano de dos textos. Si no los han leído, les aconsejamos su lectura y espero que el trabajo de hoy les anime a hacerla. Si los han leído, espero que nuestras reflexiones contribuyan a cada uno en las suyas. A todos, los que los han leído y los que no, les invitamos a participar en el debate que seguirá a la presentación de los textos.
Pueden ver en el programa que hemos dedicado la mitad del tiempo a la conversación. Es porque pensamos que merece la pena conversar y recoger las inquietudes y respuestas que suscita la práctica. Pero no es un conversar de cafetería, tratamos de orientarnos a partir de dos ejes: primer eje, lo que nadie sabe y segundo eje, lo que saben algunos.
Lo que nadie sabe: ¿qué sentido tendría conversar si supiésemos el final? Conversamos para encontrar soluciones nuevas y para ello tenemos que reconocer que no las tenemos. Lo que no sabemos tiene que estar permanentemente en juego.
Lo que algunos saben: hoy nos orientan dos textos[2],[3]. El de Diego Gracia, que nos parece que explica muy bien los cambios habidos en la medicina en el último siglo y, a su lado, el texto de Lierni Irizar. Ella misma hace una referencia importante al texto de Gracia pero avanza un poco más precisamente en el punto referido a la conversación y por esto nos parece imprescindible su lectura.
Lierni Irizar es miembro de la Red desde su inicio y ha publicado recientemente “La pérdida del humano” con un subtítulo “El modo en que se trata el sufrimiento, la enfermedad y la diferencia”. Como ven, el título entra de lleno en el tema. Podríamos haber hecho una presentación de libro clásica, pero nos pareció que, por el gran interés que tiene para nosotros, sería mejor ponernos a trabajar con él directamente. Por esto he pedido a Lierni una introducción al problema, yo misma plantearé algunas cuestiones que me suscita la lectura y finalmente Liana Velado nos presentará la perspectiva más práctica. Para coordinar el trabajo, nos acompaña Miguel Ángel Vázquez psicólogo clínico, psicoanalista en Valencia y miembro de la ELP.
Empecemos.




[1] El 1º encuentro “Tenemos que hablar” tuvo lugar en Barcelona el sábado 7 de marzo entre las 11 y las 13 h en la Sección Clínica de Barcelona del ICF en Barcelona. Se dedicó a  la relación clínica.
[2] Lierni Irizar La pérdida del humano Ediciones Beta III Milenio. Bilbao, 2014.  Capítulo “La relación clínica” Págs. 141 a 174
[3] Lázaro, J. y Gracia, D. “La nueva relación clínica” prólogo de El médico y el enfermo de Laín Entralgo. Ed. Triacastela. Madrid, 2003 Págs. 9 a 37

jueves, 14 de mayo de 2015

ENTREVISTA CON PETER C. GOTZSCHE

ENTREVISTA CON PETER C. GØTZSCHE
"La industria farmacéutica es muy rica y ha corrompido los sistemas de salud"
Pe
os del Lince)
Cuando un científico se atreve a criticar a la industria farmacéutica, enseguida se le critica porque no la conoce bien. Pero al médico danés Peter C. Gøtzsche es difícil pillarle por este flanco. Durante 30 años, Gøtzsche ha trabajado en ensayos clínicos y regulación de medicamentos para varias farmacéuticas y ha publicado más de setenta artículos científicos en las Big Five, las cinco principales revistas científicas. Y es por esto por lo que afirma con rotundidad que la industria farmacéutica está corrompida hasta la médula, extorsiona a médicos y políticos, y mantiene enormes beneficios a fuerza de medicar innecesariamente a la población.
Su nuevo libro, Medicamentos que matan y crimen organizado (Los libros del lince), ha causado una enorme polémica y ha desatado la ira de la industria, a la que Gøtzsche acusa de propagar mentiras sobre su investigación. El doctor ha atendido a El Confidencial en una extensa entrevista en la que no deja títere con cabeza.

PREGUNTA. Hace unas semanas entrevistamos al psiquiatra Allen Frances. Nos dijo, literalmente, que la industria farmacéutica está causando más muertes que los cárteles de la droga. Usted opina lo mismo. Cuando se publicó la entrevista muchos lectores se quejaron porque les parecía una aseveración exagerada. ¿Por qué cree que no lo es?
RESPUESTA. Decir la verdad no puede ser una exageración. En mi libro documento que el consumo de medicamentos con receta es la tercera causa de muerte tras las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. En Estados Unidos, por ejemplo, la prescripción de medicamentos causa cerca de 200.000 defunciones todos los años. Así que está claro que la industria farmacéutica está causando bastante más muertes que los cárteles de la droga.
P.: Richard Smith, médico y exdirector del British Medical Journal, asegura en el prólogo de su libro que los médicos acabarán cayendo en desgracia ante la opinión pública, como ya ha ocurrido con periodistas, diputados y  banqueros, por no haber sido capaces de ver hasta qué punto han aceptado la corrupción.
R.: La industria farmacéutica es inmensamente rica y poderosa, y ha corrompido los sistemas de salud de una forma extraordinaria. Es una corrupción de largo alcance. Todo el proceso por el que nuestros medicamentos son investigados, aprobados y recetados ha sido corrompido. Esto implica manipular los datos científicos, pero también comprar a casi cualquier persona que pueda tener influencia en el sistema, incluidos los ministros de salud. En mi país, por ejemplo, sólo hay en torno a 20.000 médicos, pero miles de ellos cobran nóminas de la industria por cumplir funciones discutibles como sentarse en consejos asesores o ser consultores, en muchos casos sin aportar ningún servicio tangible a cambio del dinero. Esta es una forma aceptada y generalizada de corrupción sutil pues, como sabe cualquier médico, el dinero dejaría de fluir si no actuaran en interés de sus benefactores.
P.: Para la mayoría de la población, es difícil creer que muchos de los fármacos que tomamos causan más problemas que beneficios. ¿Es algo que podemos afirmar de muchos medicamentos?
R.: Es verdad que muchos de los medicamentos que la gente toma causan más daños que beneficios. Sabemos muy poco sobre la utilidad real de los medicamentos, ya que la práctica totalidad de los ensayos controlados con placebo son desarrollados por la industria farmacéutica, que tiene un tremendo conflicto de intereses. La industria exagera los beneficios y oculta los daños de los medicamentos en la publicación de los ensayos clínicos. Muchos de los fármacos que tomamos ni siquiera tienen efectos; simplemente parece que han tenido un efecto en los ensayos avalados por la industria, pero esto sucede normalmente porque los ensayos no se han 'cegado' de forma efectiva, y en ese caso tanto los pacientes como los médicos tienden a exagerar los efectos subjetivos de los medicamentos de forma substancial.
No hay duda de que las personas con trastornos psiquiátricos están siendo sobremedicadas de forma masiva

P.: ¿Hay fármacos que se utilizan en la práctica médica que no cuentan con ninguna justificación científica válida?
R.: Creo que los fármacos anticolinérgicos para la incontinencia urinaria y los medicamentos antidemencia no tienen un efecto real, y lo que se midió en los ensayos clínicos está sesgado porque el cegamiento fue insuficiente. Un área particularmente problemática es la de las drogas psiquiátricas. La falta de un cegamiento efectivo en los ensayos conlleva, por ejemplo, que sea dudosa la efectividad real de los antidepresivos para tratar la depresión; probablemente ni siquiera funcionan para tratar la depresión clínica. En cualquier caso, no hay duda de que las personas con trastornos psiquiátricos están siendo sobremedicadas de forma masiva. Sabemos que los antipsicóticos causan daños cerebrales, pero probablemente también los antidepresivos y los medicamentos para tratar el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.
P.: Lo que ha ocurrido en España con el Sofosbuvir, el medicamento de última generación que cura la mayoría de casos de hepatitis C es, según el farmacólogo Joan-Ramón Laporte (que prologa la edición española de su libro), un claro ejemplo del comportamiento en ocasiones indignante de la industria farmacéutica. El pasado 1 de octubre la ministra da Salud española anunció que el Gobierno había llegado a un acuerdo con la farmacéutica Gilead para incluir el fármaco en la financiación pública. Nadie sabe exactamente cuánto va a costar, pero quizás sean más de 125 millones de euros durante el primer año de comercialización. ¿Están las farmacéuticas chantajeando a los Gobiernos?
R.: El caso del Sofosbuvir es sólo uno de los más recientes ejemplos de la forma en que las compañías farmacéuticas extorsionan a la sociedad. Gran parte de la investigación que permite el desarrollo de nuevos fármacos ha sido financiada por el dinero de los ciudadanos, que pagan las nóminas de los investigadores públicos. Si un medicamento es considerado un gran avance, la norma es que la compañía farmacéutica que se hace cargo del desarrollo de ésta cobre un precio obsceno, abusando de ese modo el monopolio que la sociedad le ha otorgado. El precio de un nuevo fármaco no tiene nada que ver con sus costes de desarrollo, pero depende por completo de cuánto estemos dispuestos a pagar por él. Es un tipo de extorsión que no es muy distinta del tipo de chantaje que ejercen los piratas en Somalia cuando abordan barcos y toman rehenes. En ambos casos, puede ser una cuestión de vida o muerte, y es puede ser muy difícil para los políticos negarse a pagar los medicamentos cuando los periodistas ponen a pacientes a llorar en la televisión nacional.
Gregg H. Alton, vicepresidente ejecutivo de Gilead, ganó en 2010 un salario de 4 millones de dólares. (Reuters)
P.: Uno de los argumentos más utilizados por la industria farmacéutica para defenderse de las críticas es que sin su inversión en investigación no tendríamos los medicamentos que tenemos. ¿Es cierto?
R.: En mi libro desacredito este argumento, que, lamentablemente, es ampliamente aceptado entre médicos y políticos. ¿Aquellos que se creen esto estarían dispuestos a pagar veinte veces más por su nuevo coche sólo porque el vendedor les dice que por hacerlo tendrán mejores coches en el futuro? La situación es del todo absurda. Normalmente, las empresas dicen: “Si no gastáramos nuestro dinero en investigación, moriríamos”. Pero las compañías farmacéuticas lo que dicen es: “Si no tenemos vuestro dinero para gastarlo en investigación, vosotros moriréis”. Sólo los líderes religiosos son más listos que ellos, pues prometen que seremos recompensados tras la muerte, lo que hace que sea completamente imposible quejarse.
Los beneficios de las farmacéuticas se han disparado en la última década; y al mismo tiempo la innovación se ha estancado
Empíricamente se ha demostrado que este argumento no se sostiene. Los beneficios de las farmacéuticas se han disparado en la última década, y al mismo tiempo la innovación se ha estancado. En definitiva, el capitalismo y el cuidado de la salud son malos compañeros de cama. Nuestras sociedades deben tomar el control sobre el desarrollo y la venta de medicamentos, lo que garantizaría que tuviéramos los medicamentos a precios que incluso los países en desarrollo podrían permitirse.
P.: Muchos médicos e investigadores conocen a la perfección lo que está haciendo la industria farmacéutica, pero se niegan a hablar porque, después de todo, su trabajo depende de ellas. ¿Hay miedo entre los profesionales a criticar a las farmacéuticas?
R.: La situación en la que estamos ahora es similar a la que vive un pueblo cuando ha permitido a la mafia ser tan poderosa que ha logrado comprar a todo el mundo, incluidos los políticos, el alcalde y la policía. En una situación así es increíblemente difícil dar marcha atrás. Esto es lo que está pasando ahora con la industria farmacéutica, que ha comprado a muchos doctores clave, que son líderes de opinión. Hay casos de médicos que han perdido su trabajo por criticar a la industria, porque la farmacéutica en cuestión había comprado ya a sus superiores. Esto es lo mismo que hace la mafia cuando se carga a un oficial de policía que hace demasiado bien su trabajo.
P.: La manipulación que ha realizado la industria farmacéutica de muchos estudios científicos ha hecho que mucha gente niegue la veracidad de los estudios científicos en general. Esto es muy peligroso. ¿Crees que podemos poner en duda la mayoría de la investigación en medicina?
R.: No creo que sea peligroso que la gente no se crea los estudios científicos sobre medicamentos. Es muy saludable que sean escépticos teniendo en cuenta que nuestros fármacos son la tercera causa de muerte. La gente debería tomar muchísimos menos medicamentos de los que toma. He estado trabajando en estos 30 años y he visto serias manipulaciones y trampas en todas las áreas de la medicina por razones comerciales. Esto es por lo que los científicos que colaboran con la industria en los ensayos clínicos casi nunca tienen acceso a todos los datos en bruto para que pueden analizaros por ellos mismos. Si esto fuera posible, tendríamos la oportunidad de revelar gran parte del fraude.
P.: Muy a menudo, las personas que critican a la industria farmacéutica mezclan sus argumentos con teorías pseudocientíficas. Es el caso, por ejemplo, de los movimientos antivacunación. ¿Tendemos a mezclar churras con merinas?
R.: Algunos practicantes de medicina alternativa o defensores de las campañas antivacunación asumen que soy uno de ellos porque critico a la industria farmacéutica. Desde luego no es el caso. La mayoría de nuestras vacunas salvan vidas y el principal efecto de la medicina alternativa es vaciar los bolsillos de la gente, muy pocas de ellas tienen siquiera algún efecto.
P.: Normalmente hablamos de la industria farmacéutica como un todo. ¿Hay alguna compañía que sea mejor que otra? ¿No hay un solo CEO de las farmacéuticas que tenga ética?
R.: Cuando el crimen renta se genera más crimen. Esto es exactamente lo que estamos viendo. Los crímenes de la industria farmacéutica, que están entre los peores de todas las industrias, se han incrementado en los últimos años. He sido incapaz de encontrar una sola compañía cuyo CEO tenga sentido de la moral. Lo único que importa es el dinero y los CEO saben perfectamente que su falta de ética conduce a muchas muertes innecesarias. El criminólogo John Braithwaite, que ha entrevistado a muchos CEO para elaborar su libro sobre el crimen organizado en la industria farmacéutica, los llama "bastardos despiadados".

Los pacientes deben darse cuenta de que prácticamente todo lo que un médico sabe sobre los medicamentos ha sido cuidadosamente preparado por la industria farmacéutica

P.: En los últimos años se han publicado varios libros en los que se critica ferozmente las prácticas de la industria farmacéutica (como Mala Farma de Ben Goldacre o ¿Somos todos enfermos mentales? de Allen Frances). ¿Algo está cambiando? ¿Vamos a ver un cambio en la regulación de la práctica de las farmacéuticas?
R.: Desafortunadamente, la industria farmacéutica es tan poderosa que es tarde para esperar ningún cambio importante en los reguladores y en la forma en que nuestros políticos entienden su funcionamiento. Hay esperanza, sin embargo, porque nuestros ciudadanos no son tan tontos, ingenios y oportunistas como nuestros políticos. He escrito este libro porque estoy enfadado y quiero que se enfade más gente para decir que ya hemos tenido bastante, así que a lo mejor podemos introducir cambios radicales en la forma en que desarrollamos, investigamos, comercializamos y tomamos medicamentos.
P.: ¿Qué pueden hacer los ciudadanos para ayudar a revertir esta situación?
R.: Lo primero, y más importante, es que los pacientes tomen el mando de sus propias vidas, por ejemplo, descargando en internet el prospecto cuando un médico le ha recetado un medicamento. Si lo leen atentamente, probablemente sabrán mucho más sobre el fármaco que su propio médico. Entonces, quizás, todos los peligros, precauciones y advertencias harán que se planteen que quizás es mejor no tomar ese fármaco en particular. Los pacientes deben darse cuenta de que prácticamente todo lo que un médico sabe sobre los medicamentos ha sido cuidadosamente preparado por la industria farmacéutica. Y es más, el médico quizás tiene un interés lucrativo personal en recetarte un fármaco que es mucho más caro que otro que es igual de bueno, porque el soborno a los médicos es común.
Las organizaciones de pacientes y las de médicos no deberían aceptar dinero de la industria farmacéutica. Deberían preguntarse si les parece éticamente aceptable recibir dinero que ha sido ganado en parte por crímenes que han dañado e incluso matado a muchos pacientes. Y los médicos tienen que negarse a recibir visitantes médicos, porque esto conduce al a prescripción irracional y un gran daño, incluyendo muertes innecesarias.