jueves, 14 de mayo de 2015

ENTREVISTA CON PETER C. GOTZSCHE

ENTREVISTA CON PETER C. GØTZSCHE
"La industria farmacéutica es muy rica y ha corrompido los sistemas de salud"
Pe
os del Lince)
Cuando un científico se atreve a criticar a la industria farmacéutica, enseguida se le critica porque no la conoce bien. Pero al médico danés Peter C. Gøtzsche es difícil pillarle por este flanco. Durante 30 años, Gøtzsche ha trabajado en ensayos clínicos y regulación de medicamentos para varias farmacéuticas y ha publicado más de setenta artículos científicos en las Big Five, las cinco principales revistas científicas. Y es por esto por lo que afirma con rotundidad que la industria farmacéutica está corrompida hasta la médula, extorsiona a médicos y políticos, y mantiene enormes beneficios a fuerza de medicar innecesariamente a la población.
Su nuevo libro, Medicamentos que matan y crimen organizado (Los libros del lince), ha causado una enorme polémica y ha desatado la ira de la industria, a la que Gøtzsche acusa de propagar mentiras sobre su investigación. El doctor ha atendido a El Confidencial en una extensa entrevista en la que no deja títere con cabeza.

PREGUNTA. Hace unas semanas entrevistamos al psiquiatra Allen Frances. Nos dijo, literalmente, que la industria farmacéutica está causando más muertes que los cárteles de la droga. Usted opina lo mismo. Cuando se publicó la entrevista muchos lectores se quejaron porque les parecía una aseveración exagerada. ¿Por qué cree que no lo es?
RESPUESTA. Decir la verdad no puede ser una exageración. En mi libro documento que el consumo de medicamentos con receta es la tercera causa de muerte tras las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. En Estados Unidos, por ejemplo, la prescripción de medicamentos causa cerca de 200.000 defunciones todos los años. Así que está claro que la industria farmacéutica está causando bastante más muertes que los cárteles de la droga.
P.: Richard Smith, médico y exdirector del British Medical Journal, asegura en el prólogo de su libro que los médicos acabarán cayendo en desgracia ante la opinión pública, como ya ha ocurrido con periodistas, diputados y  banqueros, por no haber sido capaces de ver hasta qué punto han aceptado la corrupción.
R.: La industria farmacéutica es inmensamente rica y poderosa, y ha corrompido los sistemas de salud de una forma extraordinaria. Es una corrupción de largo alcance. Todo el proceso por el que nuestros medicamentos son investigados, aprobados y recetados ha sido corrompido. Esto implica manipular los datos científicos, pero también comprar a casi cualquier persona que pueda tener influencia en el sistema, incluidos los ministros de salud. En mi país, por ejemplo, sólo hay en torno a 20.000 médicos, pero miles de ellos cobran nóminas de la industria por cumplir funciones discutibles como sentarse en consejos asesores o ser consultores, en muchos casos sin aportar ningún servicio tangible a cambio del dinero. Esta es una forma aceptada y generalizada de corrupción sutil pues, como sabe cualquier médico, el dinero dejaría de fluir si no actuaran en interés de sus benefactores.
P.: Para la mayoría de la población, es difícil creer que muchos de los fármacos que tomamos causan más problemas que beneficios. ¿Es algo que podemos afirmar de muchos medicamentos?
R.: Es verdad que muchos de los medicamentos que la gente toma causan más daños que beneficios. Sabemos muy poco sobre la utilidad real de los medicamentos, ya que la práctica totalidad de los ensayos controlados con placebo son desarrollados por la industria farmacéutica, que tiene un tremendo conflicto de intereses. La industria exagera los beneficios y oculta los daños de los medicamentos en la publicación de los ensayos clínicos. Muchos de los fármacos que tomamos ni siquiera tienen efectos; simplemente parece que han tenido un efecto en los ensayos avalados por la industria, pero esto sucede normalmente porque los ensayos no se han 'cegado' de forma efectiva, y en ese caso tanto los pacientes como los médicos tienden a exagerar los efectos subjetivos de los medicamentos de forma substancial.
No hay duda de que las personas con trastornos psiquiátricos están siendo sobremedicadas de forma masiva

P.: ¿Hay fármacos que se utilizan en la práctica médica que no cuentan con ninguna justificación científica válida?
R.: Creo que los fármacos anticolinérgicos para la incontinencia urinaria y los medicamentos antidemencia no tienen un efecto real, y lo que se midió en los ensayos clínicos está sesgado porque el cegamiento fue insuficiente. Un área particularmente problemática es la de las drogas psiquiátricas. La falta de un cegamiento efectivo en los ensayos conlleva, por ejemplo, que sea dudosa la efectividad real de los antidepresivos para tratar la depresión; probablemente ni siquiera funcionan para tratar la depresión clínica. En cualquier caso, no hay duda de que las personas con trastornos psiquiátricos están siendo sobremedicadas de forma masiva. Sabemos que los antipsicóticos causan daños cerebrales, pero probablemente también los antidepresivos y los medicamentos para tratar el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.
P.: Lo que ha ocurrido en España con el Sofosbuvir, el medicamento de última generación que cura la mayoría de casos de hepatitis C es, según el farmacólogo Joan-Ramón Laporte (que prologa la edición española de su libro), un claro ejemplo del comportamiento en ocasiones indignante de la industria farmacéutica. El pasado 1 de octubre la ministra da Salud española anunció que el Gobierno había llegado a un acuerdo con la farmacéutica Gilead para incluir el fármaco en la financiación pública. Nadie sabe exactamente cuánto va a costar, pero quizás sean más de 125 millones de euros durante el primer año de comercialización. ¿Están las farmacéuticas chantajeando a los Gobiernos?
R.: El caso del Sofosbuvir es sólo uno de los más recientes ejemplos de la forma en que las compañías farmacéuticas extorsionan a la sociedad. Gran parte de la investigación que permite el desarrollo de nuevos fármacos ha sido financiada por el dinero de los ciudadanos, que pagan las nóminas de los investigadores públicos. Si un medicamento es considerado un gran avance, la norma es que la compañía farmacéutica que se hace cargo del desarrollo de ésta cobre un precio obsceno, abusando de ese modo el monopolio que la sociedad le ha otorgado. El precio de un nuevo fármaco no tiene nada que ver con sus costes de desarrollo, pero depende por completo de cuánto estemos dispuestos a pagar por él. Es un tipo de extorsión que no es muy distinta del tipo de chantaje que ejercen los piratas en Somalia cuando abordan barcos y toman rehenes. En ambos casos, puede ser una cuestión de vida o muerte, y es puede ser muy difícil para los políticos negarse a pagar los medicamentos cuando los periodistas ponen a pacientes a llorar en la televisión nacional.
Gregg H. Alton, vicepresidente ejecutivo de Gilead, ganó en 2010 un salario de 4 millones de dólares. (Reuters)
P.: Uno de los argumentos más utilizados por la industria farmacéutica para defenderse de las críticas es que sin su inversión en investigación no tendríamos los medicamentos que tenemos. ¿Es cierto?
R.: En mi libro desacredito este argumento, que, lamentablemente, es ampliamente aceptado entre médicos y políticos. ¿Aquellos que se creen esto estarían dispuestos a pagar veinte veces más por su nuevo coche sólo porque el vendedor les dice que por hacerlo tendrán mejores coches en el futuro? La situación es del todo absurda. Normalmente, las empresas dicen: “Si no gastáramos nuestro dinero en investigación, moriríamos”. Pero las compañías farmacéuticas lo que dicen es: “Si no tenemos vuestro dinero para gastarlo en investigación, vosotros moriréis”. Sólo los líderes religiosos son más listos que ellos, pues prometen que seremos recompensados tras la muerte, lo que hace que sea completamente imposible quejarse.
Los beneficios de las farmacéuticas se han disparado en la última década; y al mismo tiempo la innovación se ha estancado
Empíricamente se ha demostrado que este argumento no se sostiene. Los beneficios de las farmacéuticas se han disparado en la última década, y al mismo tiempo la innovación se ha estancado. En definitiva, el capitalismo y el cuidado de la salud son malos compañeros de cama. Nuestras sociedades deben tomar el control sobre el desarrollo y la venta de medicamentos, lo que garantizaría que tuviéramos los medicamentos a precios que incluso los países en desarrollo podrían permitirse.
P.: Muchos médicos e investigadores conocen a la perfección lo que está haciendo la industria farmacéutica, pero se niegan a hablar porque, después de todo, su trabajo depende de ellas. ¿Hay miedo entre los profesionales a criticar a las farmacéuticas?
R.: La situación en la que estamos ahora es similar a la que vive un pueblo cuando ha permitido a la mafia ser tan poderosa que ha logrado comprar a todo el mundo, incluidos los políticos, el alcalde y la policía. En una situación así es increíblemente difícil dar marcha atrás. Esto es lo que está pasando ahora con la industria farmacéutica, que ha comprado a muchos doctores clave, que son líderes de opinión. Hay casos de médicos que han perdido su trabajo por criticar a la industria, porque la farmacéutica en cuestión había comprado ya a sus superiores. Esto es lo mismo que hace la mafia cuando se carga a un oficial de policía que hace demasiado bien su trabajo.
P.: La manipulación que ha realizado la industria farmacéutica de muchos estudios científicos ha hecho que mucha gente niegue la veracidad de los estudios científicos en general. Esto es muy peligroso. ¿Crees que podemos poner en duda la mayoría de la investigación en medicina?
R.: No creo que sea peligroso que la gente no se crea los estudios científicos sobre medicamentos. Es muy saludable que sean escépticos teniendo en cuenta que nuestros fármacos son la tercera causa de muerte. La gente debería tomar muchísimos menos medicamentos de los que toma. He estado trabajando en estos 30 años y he visto serias manipulaciones y trampas en todas las áreas de la medicina por razones comerciales. Esto es por lo que los científicos que colaboran con la industria en los ensayos clínicos casi nunca tienen acceso a todos los datos en bruto para que pueden analizaros por ellos mismos. Si esto fuera posible, tendríamos la oportunidad de revelar gran parte del fraude.
P.: Muy a menudo, las personas que critican a la industria farmacéutica mezclan sus argumentos con teorías pseudocientíficas. Es el caso, por ejemplo, de los movimientos antivacunación. ¿Tendemos a mezclar churras con merinas?
R.: Algunos practicantes de medicina alternativa o defensores de las campañas antivacunación asumen que soy uno de ellos porque critico a la industria farmacéutica. Desde luego no es el caso. La mayoría de nuestras vacunas salvan vidas y el principal efecto de la medicina alternativa es vaciar los bolsillos de la gente, muy pocas de ellas tienen siquiera algún efecto.
P.: Normalmente hablamos de la industria farmacéutica como un todo. ¿Hay alguna compañía que sea mejor que otra? ¿No hay un solo CEO de las farmacéuticas que tenga ética?
R.: Cuando el crimen renta se genera más crimen. Esto es exactamente lo que estamos viendo. Los crímenes de la industria farmacéutica, que están entre los peores de todas las industrias, se han incrementado en los últimos años. He sido incapaz de encontrar una sola compañía cuyo CEO tenga sentido de la moral. Lo único que importa es el dinero y los CEO saben perfectamente que su falta de ética conduce a muchas muertes innecesarias. El criminólogo John Braithwaite, que ha entrevistado a muchos CEO para elaborar su libro sobre el crimen organizado en la industria farmacéutica, los llama "bastardos despiadados".

Los pacientes deben darse cuenta de que prácticamente todo lo que un médico sabe sobre los medicamentos ha sido cuidadosamente preparado por la industria farmacéutica

P.: En los últimos años se han publicado varios libros en los que se critica ferozmente las prácticas de la industria farmacéutica (como Mala Farma de Ben Goldacre o ¿Somos todos enfermos mentales? de Allen Frances). ¿Algo está cambiando? ¿Vamos a ver un cambio en la regulación de la práctica de las farmacéuticas?
R.: Desafortunadamente, la industria farmacéutica es tan poderosa que es tarde para esperar ningún cambio importante en los reguladores y en la forma en que nuestros políticos entienden su funcionamiento. Hay esperanza, sin embargo, porque nuestros ciudadanos no son tan tontos, ingenios y oportunistas como nuestros políticos. He escrito este libro porque estoy enfadado y quiero que se enfade más gente para decir que ya hemos tenido bastante, así que a lo mejor podemos introducir cambios radicales en la forma en que desarrollamos, investigamos, comercializamos y tomamos medicamentos.
P.: ¿Qué pueden hacer los ciudadanos para ayudar a revertir esta situación?
R.: Lo primero, y más importante, es que los pacientes tomen el mando de sus propias vidas, por ejemplo, descargando en internet el prospecto cuando un médico le ha recetado un medicamento. Si lo leen atentamente, probablemente sabrán mucho más sobre el fármaco que su propio médico. Entonces, quizás, todos los peligros, precauciones y advertencias harán que se planteen que quizás es mejor no tomar ese fármaco en particular. Los pacientes deben darse cuenta de que prácticamente todo lo que un médico sabe sobre los medicamentos ha sido cuidadosamente preparado por la industria farmacéutica. Y es más, el médico quizás tiene un interés lucrativo personal en recetarte un fármaco que es mucho más caro que otro que es igual de bueno, porque el soborno a los médicos es común.
Las organizaciones de pacientes y las de médicos no deberían aceptar dinero de la industria farmacéutica. Deberían preguntarse si les parece éticamente aceptable recibir dinero que ha sido ganado en parte por crímenes que han dañado e incluso matado a muchos pacientes. Y los médicos tienen que negarse a recibir visitantes médicos, porque esto conduce al a prescripción irracional y un gran daño, incluyendo muertes innecesarias. 

lunes, 27 de abril de 2015

POLITICA DE UN ALTA EN UN CENTRO DE SALUD MENTAL*

 por Trinidad Cámara Palop 

Tomo como punto de partida el comentario de J. Lacan en “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958) para situarnos más allá del ideal de normalización del discurso del Amo, quien con el eslogan de psicofármacos para todo, promete felicidad para todos. Situarnos más allá de este ideal unificante, significa trabajar, como analistas, desde la política del síntoma, única manera de subvertir este ideal. Cito: “El analista es menos libre en su estrategia que en su táctica. Vayamos más lejos. El analista es aún menos libre en aquello que domina estrategia y táctica: a saber, su política, en la cual haría mejor en ubicarse por su carencia de ser que por su ser” (pag.569, Escritos 2).
Cómo hacer política analítica dentro de la política sanitaria, o mejor habría que decir dentro de las políticas sanitarias, pues son muchas y cambiantes, dependiendo  -en la mayoría de las ocasiones- de las modas y los modos del malestar social. La diferencia entre ambas, que señala ya la sintaxis, por el lado del número gramatical: política psicoanalítica, número singular/políticas sanitarias, número plural, apunta a otra diferencia más profunda, marcando una hiancia radical. Es así que la administración y sus gestores tienen que hacer planes de salud para la población general. Es lógico, no tendría sentido ir usuario por usuario atendiendo sus necesidades de salud; y es desde esta lógica desde donde se elaboran toda una serie de  Guías de Práctica Clínica y Protocolos de actuación para atender cada uno de los trastornos mentales. Sin embargo, el analista no puede dejar de ocupar otro lugar que no sea el de la escucha singular, única cada vez, del caso por caso. Ahora bien, esta diferencia no impide encontrar una respuesta a la cuestión planteada (cómo conjugar ambas políticas), si apelamos a otra lógica, si la brújula con la que nos orientamos apunta al lugar del analista en tanto que él se hace semblante del objeto ‘a’, como causa del deseo o ser de goce.
 Es, entonces, desde esta posición (posición de objeto causa) que no acepto la petición de alta de Sara, cuando abatida y resignada, acude a la sesión para despedirse. Viene de la consulta del psiquiatra quien le acaba de dar el alta, pues ya no puede hacer más por ella, recomendándole que siga tomando la medicación que meses atrás había interrumpido.
Cuando empiezo a ver a Sara en el Centro de Salud Mental en el que trabajo,  ya llevaba un año de tratamiento, sin gran mejoría ni grave empeoramiento. Fue derivada por su médico de cabecera porque se sentía deprimida, triste, desganada, apática y así continuaba. Se quejaba de su mala suerte con los hombres pues en todas sus relaciones de pareja acababan - indefectiblemente-  por dejarla, por abandonarla, sin que ella pudiera remediarlo, siendo un enigma la causa de semejante repetición. Su rostro se iluminaba ante cada encuentro amoroso y se tornaba en decepción tras cada fracaso.
Acostumbrada al discurso psiquiátrico y psicologicista, había podido entender de forma vaga y confusa que la figura de su padre algo tenía que ver en lo que le ocurría, pero esto no era suficiente para que hiciera una primera rectificación subjetiva. La inercia en la toma de fármacos y su pasividad, borraba todo atisbo de emergencia de subjetividad, obturando cualquier posibilidad de asumir su propio malestar, impidiéndole ser la protagonista de su propia historia, negándole la oportunidad de salir de la repetición familiar en tanto que Sara se encuentra identificada a la figura materna, donde se halla comprometido su goce: ser abandonada por los hombres; de la misma manera que su madre fue abandonada, un buen día, por su padre cuando Sara era pequeña.
Sara tenía dificultades para acudir con asiduidad a las consultas; sí podía de forma muy espaciada, por lo que hacía coincidir siempre la cita con psiquiatría con la cita de psicología. Se resistía a que la citara otro día distinto o que aumentara la frecuencia de las sesiones, constituyendo, tal resistencia, un verdadero obstáculo para sustraerla de la pasividad inerte en la que se había instalado a lo largo de los años.
Aprovechando el alta del psiquiatra doy un viraje en la estrategia con un acto: no consiento a su resignada despedida y la animo a seguir en terapia para salir del impasse en el que se encontraba, que la abocaba a una cronicidad irremisible. Acto que me permitió maniobrar en la transferencia y aprovechando que sus circunstancias personales le permitían venir con más libertad al Centro –lejos de darle el alta- aumento las sesiones citándola una o dos veces por semana.
Volvamos de nuevo a Lacan en el mismo Escrito de “La dirección de la cura…”: “Es pues gracias a lo que el sujeto atribuye de ser (de ser que sea en otra parte) al analista, como es posible que una interpretación regrese al lugar desde donde puede tener alcance sobre la distribución de las respuestas” (pag.571, Escritos 2).
Se produce -de tal manera- un giro que alcanza una nueva distribución de las respuestas, que permite la aparición del síntoma analítico y un cambio de posición en Sara, de la pasividad “ser abandonada” (por los hombres), “ser tratada” (por los fármacos), pasa a tomar otra posición más activa respecto a su malestar, lo que le lleva a preguntarse por su ser mujer: “hay algo que no te he dicho antes por vergüenza, yo no he tenido nunca un orgasmo con ningún hombre”.
La táctica, en el campo de batalla, ha resultado y la vida de Sara cobra más actividad, se vivifica: se ha animado a hacer deporte, se ha puesto a dieta para perder algunos kilos que le sobran y está quedando más con las amigas, al mismo tiempo que está pudiendo mantener a su madre a una cierta distancia que le hace sentirse más liviana. Se encuentra mejor y quiere tomarse un tiempo para ver cómo funciona sola. Sabe que queda pendiente encontrar una respuesta a la pregunta formulada. Ahora sí decide ella: quiere coger el alta. Me parece bien, emplazándola a seguir cuando lo desee, esta vez, en consulta privada.
Después de casi cuatro años en el Centro, le doy el alta en agosto de este año. Como nos enseña Lacan en el Seminario 11 “Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis”, el trayecto de un análisis no se hace una sola vez, tiene que ser recorrido varias veces.


                    Madrid, 5 de diciembre de 2014

*Trabajo presentado en la 3ª. Jornada de la Red Psicoanálisis y Medicina

jueves, 16 de abril de 2015

A MÁS NORMAS Y PROTOCOLOS, MÁS ÉTICA [1]


A MÁS NORMAS Y PROTOCOLOS, MÁS ÉTICA 
por Esther González (psicoanalista), Juan José Ugarte (psiquiatra, psicoanalista), Kepa Torrealdai (médico de familia) Lierni Irizar (trabajadora social, doctora en filosofía)  

Frente a la pretensión normativizadora y normalizante de la biomedicina contemporánea, que en ocasiones pretende que el protocolo es suficiente para guiar la práctica médica, planteamos el trabajo de investigación tomando como eje la ética. Aunque consideramos que los protocolos cumplen un papel, no pueden sin embargo anular la cuestión ética que ha de regir la clínica.
Algunas viñetas clínicas que hemos trabajado nos permiten afirmar que las respuestas que la medicina ofrece en casos considerados difíciles suelen ser:
- Las que pretenden ir a la raíz del problema. Por ejemplo, si alguien bebe, que deje de hacerlo. Eliminar el síntoma.
- Las que afirman que hay que dar al paciente pautas de conducta. Si alguien bebe, darle información y educarle. Es decir, las que pretenden que saber algo implica cambiar de hábitos.
- Las que denuncian que es un paciente incumplidor, que acude cuando quiere y que tiene que cumplir como todo el mundo. Es decir, las que pretenden doblegar al sujeto.
Frente a este tipo de intervenciones, planteamos la necesidad de una reflexión que permita introducir otros elementos. Para profundizar en esta línea de trabajo y tomando como referencia el texto de Lacan Psicoanálisis y medicina , planteamos que la dimensión ética apunta a dos cuestiones: 
- la demanda, lo que a su vez incluye la cuestión del deseo y por tanto del inconsciente
- el goce del cuerpo y por tanto el concepto de pulsión, la satisfacción paradójica y el hecho de que el sujeto no siempre busca su bien
Hemos trabajado diferentes textos para pensar aspectos de la ética del psicoanálisis que pueden ser importantes también para la ética médica. Además, hemos hecho un esfuerzo de redacción de dichas cuestiones,  de modo que puedan ser comprendidas (compartidas) en la conversación entre psicoanálisis y medicina. 

LA ESCUCHA

El médico se encuentra con un pie en el discurso de la ciencia que tiene un punto de vista universal, para todos, y otro pie en la clínica, que es siempre particular. El discurso de la ciencia le pone en un lugar de saber, tiene un saber científico y por otro lado la clínica le enfrenta a un no-saber que concierne al sujeto particular. Es interesante partir de este reconocimiento que implica no saber de entrada qué es lo mejor para cada sujeto. Esto implica a su vez que será necesario escuchar lo que cada sujeto tiene que decir. En este sentido tomamos las palabras de Víctor von Weizsäcker :
“para escuchar hace falta guardar silencio”
“callar es tan efectivo como hablar, omitir tanto como hacer”
“debemos acercarnos a él (el paciente) de una manera tan silenciosa, expectante, receptiva, tolerante, como ninguna otra profesión lo podría exigir.”
La escucha permite una decisión esclarecida del sujeto que es importante respetar. Frente al principio de autonomía de la bioética que olvida la división del sujeto y corre el riesgo de confundir la demanda del sujeto y su deseo, es importante recordar que no siempre coinciden. No tenerlo en cuenta plantea un riesgo de dejar al sujeto desamparado. Es necesario tener en cuenta que no hay una solución válida para todos los casos.
La escucha implica también reconocer que hay diferentes tiempos lógicos en la comprensión del sujeto. El psicoanálisis plantea un primer tiempo de ver, un segundo tiempo de comprender y un tercero de concluir. Ante una primera información recibida, el sujeto a menudo no comprende y pasado un tiempo recurre a su médico de cabecera o al personal de enfermería para preguntar y comprender lo ocurrido. Hay que dar espacios para que esta lógica pueda desplegarse.

LA PULSIÓN

Freud afirma que lo pulsional es más fuerte que lo racional. Por eso la información es insuficiente para modificar la vida de las personas.
La cultura moviliza recursos para frenar lo pulsional. Lo habitual es que las cosas (también en medicina) no vayan bien por este conflicto entre lo pulsional y lo racional. Y Freud considera que se pide demasiado al sujeto: no se tiene en cuenta lo que es (ser pulsional) sino lo que debe ser.
Nada en el campo humano está hecho para la felicidad. La felicidad es subjetiva y no hay un bien para todos igual.
Además, el ser humano incluye el mal, tanto dirigido a otros como hacia sí mismo. Hay una tendencia destructiva. El ser humano obtiene una satisfacción paradójica más allá del placer.
Es decir, hay una parte de lo pulsional que lleva al amor, al lazo con los otros, pero al mismo tiempo está aquello que lleva a la destrucción y actúa silenciosamente.
Es lo que Freud llamó pulsión de muerte que es una satisfacción repetitiva e insistente que atenta contra el bienestar. Afirma que hay una compulsión a repetir una vivencia primaria de satisfacción que puede ser dañina para la vida.
El sujeto puede estar aferrado a una dinámica destructiva sin saberlo. 
Por tanto, no es cuestión de voluntad, ni de información sino de condicionantes inconscientes. Por eso (como decía un médico del grupo) es más fácil cambiar un hígado que unos hábitos de vida. Tomamos también las palabras de Víctor von Weizsäcker que sabía algo de esta cuestión: “resulta difícil tomar conciencia de que el hombre se obstruye el camino a sí mismo; que esto pertenece a la verdadera esencia del ser humano, por la cual se diferencia de cualquier otra cosa que fuera sólo cuerpo.”



EL SÍNTOMA

No todo se puede curar. El psicoanálisis muestra que un sujeto puede estar aferrado a un síntoma. Además, los síntomas tienen una función y es importante tratar de entender cuál es dicha función antes de erradicarlo. (ejemplo de las toxicomanías que muestra cómo en ocasiones, dejar un tóxico desvela la grave patología que escondía el consumo)
El síntoma se puede entender como un mensaje y también como un modo de satisfacción paradójica. 
El síntoma es algo fundamental en el sujeto. Cumple una función porque es un avatar de la pulsión, un goce y si lo eliminamos la pulsión sigue su curso como pulsión de muerte. Por eso es fundamental ser prudente ante un síntoma y ver qué función cumple antes de tratar de eliminarlo.

EL CUERPO

El cuerpo de la medicina y el del psicoanálisis no son el mismo cuerpo. A diferencia del cuerpo objeto, fragmentado, cuerpo máquina de la medicina, el psicoanálisis trabaja con un cuerpo que goza. Tener en cuenta que hay un goce del cuerpo permite cierta prudencia con las intervenciones que se realizan. Las pruebas, operaciones y procedimientos que ofrece la medicina no son inocuas, tienen efectos en los sujetos. 
El humano no es un cuerpo, no hay armonía entre cuerpo y naturaleza. El ser humano tiene un cuerpo problemático, gozante.

Es esta cuestión del cuerpo la que orientará el trabajo del grupo de investigación para conseguir, en la medida de nuestras posibilidades, abrir una conversación con la medicina sobre estas cuestiones que nos parecen fundamentales.


[1] Trabajo presentado en el X Sympsium de los grupos de Investigación y Estudio. Normas, incertidumbre y lazo social. Bilbao, 24 de enero 2015.
[2] Miembros del Grupo de Investigación Psicoanálisis y Medicina (del Instituto del Campo Freudiano)  en Bilbao
[3] Lacan, J. (2002) Psicoanálisis y medicina. En J. Lacan (ed.), Intervenciones y textos I (pp. 86-99). Buenos Aires: Manantial.
[4] V. Von Weizsäker (2009) Escritos de Antropología Médica.  Buenos Aires: libros del Zorzal.

domingo, 29 de marzo de 2015

POLITICA DE UN ALTA EN UN CENTRO DE SALUD MENTAL

por Trinidad Cámara Palop

Ponencia presentada en las III Jornadas de la Red de Psicoanálisis y Medicina.

Tomo como punto de partida el comentario de J. Lacan en “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958) para situarnos más allá del ideal de normalización del discurso del Amo, quien con el eslogan de psicofármacos para todo, promete felicidad para todos. Situarnos más allá de este ideal unificante, significa trabajar, como analistas, desde la política del síntoma, única manera de subvertir este ideal. Cito: “El analista es menos libre en su estrategia que en su táctica. Vayamos más lejos. El analista es aún menos libre en aquello que domina estrategia y táctica: a saber, su política, en la cual haría mejor en ubicarse por su carencia de ser que por su ser” (pag.569, Escritos 2).
Cómo hacer política analítica dentro de la política sanitaria, o mejor habría que decir dentro de las políticas sanitarias, pues son muchas y cambiantes, dependiendo  -en la mayoría de las ocasiones- de las modas y los modos del malestar social. La diferencia entre ambas, que señala ya la sintaxis, por el lado del número gramatical: política psicoanalítica, número singular/políticas sanitarias, número plural, apunta a otra diferencia más profunda, marcando una hiancia radical. Es así que la administración y sus gestores tienen que hacer planes de salud para la población general. Es lógico, no tendría sentido ir usuario por usuario atendiendo sus necesidades de salud; y es desde esta lógica desde donde se elaboran toda una serie de  Guías de Práctica Clínica y Protocolos de actuación para atender cada uno de los trastornos mentales. Sin embargo, el analista no puede dejar de ocupar otro lugar que no sea el de la escucha singular, única cada vez, del caso por caso. Ahora bien, esta diferencia no impide encontrar una respuesta a la cuestión planteada (cómo conjugar ambas políticas), si apelamos a otra lógica, si la brújula con la que nos orientamos apunta al lugar del analista en tanto que él se hace semblante del objeto ‘a’, como causa del deseo o ser de goce.

Es, entonces, desde esta posición (posición de objeto causa) que no acepto la petición de alta de Sara, cuando abatida y resignada, acude a la sesión para despedirse. Viene de la consulta del psiquiatra quien le acaba de dar el alta, pues ya no puede hacer más por ella, recomendándole que siga tomando la medicación que meses atrás había interrumpido.
Cuando empiezo a ver a Sara en el Centro de Salud Mental en el que trabajo,  ya llevaba un año de tratamiento, sin gran mejoría ni grave empeoramiento. Fue derivada por su médico de cabecera porque se sentía deprimida, triste, desganada, apática y así continuaba. Se quejaba de su mala suerte con los hombres pues en todas sus relaciones de pareja acababan - indefectiblemente-  por dejarla, por abandonarla, sin que ella pudiera remediarlo, siendo un enigma la causa de semejante repetición. Su rostro se iluminaba ante cada encuentro amoroso y se tornaba en decepción tras cada fracaso.
Acostumbrada al discurso psiquiátrico y psicologicista, había podido entender de forma vaga y confusa que la figura de su padre algo tenía que ver en lo que le ocurría, pero esto no era suficiente para que hiciera una primera rectificación subjetiva. La inercia en la toma de fármacos y su pasividad, borraba todo atisbo de emergencia de subjetividad, obturando cualquier posibilidad de asumir su propio malestar, impidiéndole ser la protagonista de su propia historia, negándole la oportunidad de salir de la repetición familiar en tanto que Sara se encuentra identificada a la figura materna, donde se halla comprometido su goce: ser abandonada por los hombres; de la misma manera que su madre fue abandonada, un buen día, por su padre cuando Sara era pequeña.
Sara tenía dificultades para acudir con asiduidad a las consultas; sí podía de forma muy espaciada, por lo que hacía coincidir siempre la cita con psiquiatría con la cita de psicología. Se resistía a que la citara otro día distinto o que aumentara la frecuencia de las sesiones, constituyendo, tal resistencia, un verdadero obstáculo para sustraerla de la pasividad inerte en la que se había instalado a lo largo de los años.

Aprovechando el alta del psiquiatra doy un viraje en la estrategia con un acto: no consiento a su resignada despedida y la animo a seguir en terapia para salir del impasse en el que se encontraba, que la abocaba a una cronicidad irremisible. Acto que me permitió maniobrar en la transferencia y aprovechando que sus circunstancias personales le permitían venir con más libertad al Centro –lejos de darle el alta- aumento las sesiones citándola una o dos veces por semana.
Volvamos de nuevo a Lacan en el mismo Escrito de “La dirección de la cura…”: “Es pues gracias a lo que el sujeto atribuye de ser (de ser que sea en otra parte) al analista, como es posible que una interpretación regrese al lugar desde donde puede tener alcance sobre la distribución de las respuestas” (pag.571, Escritos 2).
Se produce -de tal manera- un giro que alcanza una nueva distribución de las respuestas, que permite la aparición del síntoma analítico y un cambio de posición en Sara, de la pasividad “ser abandonada” (por los hombres), “ser tratada” (por los fármacos), pasa a tomar otra posición más activa respecto a su malestar, lo que le lleva a preguntarse por su ser mujer: “hay algo que no te he dicho antes por vergüenza, yo no he tenido nunca un orgasmo con ningún hombre”.

La táctica, en el campo de batalla, ha resultado y la vida de Sara cobra más actividad, se vivifica: se ha animado a hacer deporte, se ha puesto a dieta para perder algunos kilos que le sobran y está quedando más con las amigas, al mismo tiempo que está pudiendo mantener a su madre a una cierta distancia que le hace sentirse más liviana. Se encuentra mejor y quiere tomarse un tiempo para ver cómo funciona sola. Sabe que queda pendiente encontrar una respuesta a la pregunta formulada. Ahora sí decide ella: quiere coger el alta. Me parece bien, emplazándola a seguir cuando lo desee, esta vez, en consulta privada.
Después de casi cuatro años en el Centro, le doy el alta en agosto de este año. Como nos enseña Lacan en el Seminario 11 “Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis”, el trayecto de un análisis no se hace una sola vez, tiene que ser recorrido varias veces.


                    Madrid, 5 de diciembre de 2014


viernes, 13 de marzo de 2015

Taller de Análisis de la Práctica asistencial

                        Por Rosalina Sicart*

Les voy a presentar una experiencia de trabajo con acupuntores que desarrollo en el Taller de Análisis de la Práctica Asistencial, que pertenece a la Formación Continuada del Master de Valoración Energètica y Acupuntura de la Escola Universitària d’Infermeria de Sant Joan de Déu (Universitat de Barcelona)
El alumnado del Máster –profesionales de la enfermería, la fisioterapia y la medicina- estudian la acupuntura como otro modo de abordar la patología del paciente que normalmente se trata con fármacos. Si bien la acupuntura se prescribe y administra como un medicamento no se cierra aquí su uso. El acupuntor que ejerce teniendo en cuenta el diagnóstico de todos los sistemas energéticos, se encuentra con los modos en que el paciente actúa ante la vida y ante la enfermedad y, semanalmente los registra y le acompaña en su devenir también con la palabra.
Las vicisitudes de esos encuentros y desencuentros, las aportan al Taller de Análisis de la Práctica Asistencial en forma de inquietud, malestar, dificultad, duda, miedo, etc. con el fin de introducir y sostener al sujeto en la relación clínica, extraer las enseñanzas que emergen de su práctica y elaborar formas de intervenir según el estilo de cada profesional en la singularidad de cada caso.
A continuación les presento cuatro viñetas que muestran los efectos de la palabra en el análisis de la práctica asistencial que llevo a cabo en dicho Taller.

Caso I. “Como en la peluquería”
María relata el caso de una paciente mayor que no para de hablar. Según ella, habla como si estuviera en la peluquería. No escucharla, le parece “de mala educación. Le apena porque es una señora mayor”. Al mismo tiempo, teme perderla pues es una de sus primeros pacientes de acupuntura.
En el desarrollo del caso descubro que María permanece al lado de la paciente durante toda la sesión incluso, excediéndose en el tiempo, si no tiene a otro paciente a continuación. El tratamiento de acupuntura está estructurado en sesiones consecutivas. Cada sesión se divide en tres tiempos, un tiempo de palabra, un tiempo de silencio y relajación, en el cual el acupuntor se ausenta permaneciendo solo el paciente y, otro tiempo de palabra: se comenta brevemente la sesión mientras el acupuntor retira las agujas y la finaliza.
En el caso que plantea María, la palabra está desregulada porque no respeta el tiempo de silencio ni el de cancelación de la sesión. La profesional ha consentido ser capturada por la verborrea sin límite de la paciente. Cuando María interpreta esa verborrea como un síntoma, entonces, accede a separase e introducir su ausencia en el tiempo de silencio, y terminar la sesión a su hora.
En este caso, regular su presencia, ha permitido a la acupuntora tomar las riendas del tratamiento al no propiciar el goce de la paciente.

Caso 2. “Estoy en sus manos”
La paciente, mientras sale de la consulta dice “ahora, estoy en sus manos”. Ese decir provoca miedo a Pilar, la acupuntora, que rehúsa para sus adentros tomar esa responsabilidad. Cuando plantea el tema en el Taller, además, cuestiona la actitud pasiva de la paciente.
Le invito a investigar cuál es la responsabilidad que rehúsa. Para Pilar, “no es un honor” que la paciente deposite en ella toda la responsabilidad del tratamiento. Ella no está dispuesta a hacerse cargo de “toda” la responsabilidad sino, sólo, de aquella que le corresponde.
A partir de los participantes del Taller, discuten sobre cuáles son las responsabilidades del acupuntor y las del paciente. Exponen hallarse con dificultades con algunos algunos pacientes que piden ayuda para adelgazar y no llevan a cabo la dieta, los ejercicios u otras prescripciones acordadas. Igualmente, cuando un paciente no conserva la mejoría por falta de cuidado.
En el debate plantean las siguientes preguntas: ¿Qué hacer con las contradicciones que un paciente presenta? ¿Cómo seguir cobrando si el paciente no colabora en su cuidado? Por mi parte me pregunto cómo puedo hacer para abrir un dialogo entre el síntoma y el sujeto en cada caso.
Respecto a la paciente de Pilar, le aclaro que la paciente se dirige a Pilar como figura de cuidado de la cual, espera recibir una ayuda vital. Con esa aclaración entiende que la demanda de la paciente se dirige la función del cuidado que ella encarna, entonces, ve que efectivamente la demanda corresponde  a su responsabilidad,

Caso 3. “Sacársela de encima”
Debido al fuerte contenido emocional que presenta la paciente en relación a su malestar personal, Pepa, la acupuntora se siente mal después de cada sesión. Sólo piensa en derivarla a un psicólogo para no atenderla más.
Interrogada sobre el porqué plantea este caso en el Taller dice “por querer sacársela de encima”. Le propongo que en lugar de “sacársela de encima” puede sostener el tratamiento de acupuntura hasta que encuentre el momento de derivarla, es decir, abrir el campo de la derivación, como una nueva línea de trabajo. De ese modo, en lugar de escuchar pasivamente a la paciente, podrá intervenir para poner de manifiesto su conveniencia, ayudándola a tomar alguna decisión.
El hecho de mostrar a Pepa abrir el campo de la derivación le permite retomar el tratamiento hacia un nuevo destino.

Caso 4. “Esa noche no pudo dormir”
En contra de lo que suele ocurrir, el médico solicita a la enfermera del equipo –que a su vez es acupuntora- que le acompañe a realizar una visita a domicilio. Es una paciente que requiere ser escuchada pero al escucharla angustia, tanto que esa noche, ni el médico ni la enfermera pudieron dormir.
Mercè presenta el caso porque nota que la paciente se le acerca. Tiene la convicción de que debería tratarla con acupuntura pero no sabe cómo proponérselo. Seguidamente, planteo a los participantes ¿Para qué ofrecerle a esa paciente la acupuntura? ¿Con que fin?
El debate da como fruto que no es el momento. Entonces, Mercè se da cuenta de que quizás está anteponiendo su interés, por las ganas que tiene de ejercer como acupuntora. En efecto, ve que es más prudente no hacerse cargo del cuidado de esta paciente. No obstante, puede  seguir acompañando al médico en su responsabilidad.
Como síntesis del trabajo presentado, este último caso plantea el reto a Mercè de no tomar la responsabilidad del caso y seguir apoyando al médico en la suya. En el primero, Como en la peluquería, María acepta regular el uso de la palabra durante la sesión cuando toma distancia de la verborrea de la paciente. En el segundo caso, Estoy en sus manos, Pilar entiende que la ayuda vital que la paciente espera de ella se dirige a su función de cuidado de la cual debe responder. Y, en el tercer caso, sacársela de encima, Pepa puede continuar tratando a la paciente cuando ve abrirse la derivación como una nueva línea de trabajo para acompañar a la paciente en el proceso de decisión.
De ese modo, el Taller se ofrece como un lugar donde analizar lo que se produce en el devenir de la práctica asistencial como figura del cuidado, en la cual el paciente deposita sus quejas, sus expectativas, sus miedos, etc. y el profesional sanitario debe saber proceder. Análisis que permite tomar conciencia de lo que despierta cada paciente a cada profesional y, a la vez, darse el tiempo que requiere elaborar cada intervención y aprender de cada caso.

Rosalina Sicart
Profesora del Máster de Valoración Energética y Acupuntura
EUI. Universitat de Barcelona