lunes, 17 de febrero de 2014

EL RECHAZO DEL CUERPO

Departamento del Nucep (Madrid):

 “El cuerpo y sus goces”

Por Araceli Funetes.

 

La vez anterior trabajé la relación entre el pensamiento y el goce a partir del nuevo cogito introducido por Lacan en La Tercera, “pienso, luego, se goza”. Para dar cuenta de este cogito en la clínica nos servimos de un caso de psicosis, el de Schreber y  un caso de N.O.  el testimonio de un AE, Leonardo Gorostiza, que ha trabajado este nuevo cogito en su cura, pudimos escucharlo en las Jornadas de la ELP de Zaragoza.
La clínica psicoanalítica nos enseña que  el pensamiento no está separado del goce, que tiene un asiento pulsional y esta experiencia le permite a Lacan, decir que la pasión no está excluida de la ciencia, contrariamente a la idea que se tiene de que la ciencia sería una actividad neutra, vacía de pasión. Por otra parte, la pregunta del sujeto por  el asiento pulsional de su pensamiento sólo puede ser respondida en su análisis.
El psicoanálisis a pesar de su nombre, análisis de la psique, tiene la cuestión del cuerpo en su centro. El inconsciente no existe sin incidencia sobre el cuerpo, los síntomas son la prueba fehaciente, como lo demuestra la experiencia analítica, el análisis entrega al sujeto la clave inconsciente de sus síntomas. Por supuesto, fuera del psicoanálisis, en las clasificaciones del DSM, o en las TCC, se pretende desconectar el síntoma del inconsciente, se quiere que haya síntomas sin inconsciente. Pero el psicoanálisis, desde su fundación por Freud, ha demostrado que el síntoma que afecta a un cuerpo tiene conexión con el inconsciente del sujeto que tiene ese cuerpo.
El tema que vamos a tratar hoy es el del rechazo del cuerpo en la neurosis, histérica y obsesiva. Comenzaré hablando del rechazo del cuerpo en la neurosis obsesiva, neurosis en la que este rechazo toma la forma de un “desentenderse” del cuerpo. Hay en la neurosis obsesiva un desplazamiento de la libido hacia el pensamiento, el sujeto obsesivo pone su libido en las elucubraciones mentales a las que se suele entregar y esta libidinización del pensamiento le lleva en muchos casos a olvidarse del cuerpo, a olvidarse de que tiene un cuerpo, ¿por qué? En primer lugar porque este refugiarse en el pensamiento le produce un goce, el goce de su síntoma, el goza de su pensamiento, lo que como vimos la vez pasada no es ajeno a su cuerpo ya que el pensamiento tiene su asiento pulsional en el cuerpo. En segundo lugar,  porque mientras el pensamiento se presenta en esta neurosis articulado a un Ideal del yo omnipotente, en el cuerpo, por el contrario es el lugar en el que surgen los signos de la castración, las limitaciones corporales e incluso lo real que angustia y frente al cual el Ideal del Yo toma la forma omnipotente, una omnipotencia cuya base funcional es la omnividencia, el ojo que lo ve todo, en el que este sujeto cree.
Ya sea por la vía de la negación de los signos que en su cuerpo dan cuenta de la castración, ya sea produciendo una escisión entre pensamiento y cuerpo, el sujeto obsesivo se resiste a ocuparse del cuerpo cuando este viene a contrariar la omnipotencia de su pensamiento. Por otra parte, se comporta respecto a su cuerpo como “la rana que quería ser un buey”, hay en la relación narcisista que tiene con el cuerpo, como bolsa susceptible de ser hinchada, una inflación narcisista acorde a la omnipotencia del Ideal del yo. En el Seminario 23 Lacan vuelve sobre la función prevalente que tiene la mirada en esta neurosis para decir que en la cura del sujeto obsesivo es muy difícil sacarlo del domino de la mirada.

Al hablar del rechazo del cuerpo, podemos entenderlo de dos formas diferentes ya que se trata de un genitivo que puede ser objetivo o subjetivo, es decir que o bien el cuerpo es el objeto del rechazo, o bien es el sujeto del rechazo, así introducimos la idea de que el cuerpo mismo puede producir un rechazo, una rebelión, ahí están los síntomas de conversión para demostrarlo. Los síntomas de conversión que consisten en la alteración del funcionamiento de un órgano sin que haya una lesión que pueda explicar este comportamiento, con ellos comenzó el psicoanálisis, las cegueras, las parálisis histéricas, demostraron en los orígenes del psicoanálisis que hay otro cuerpo que el que delimita la fisiología, es la concepción del cuerpo tal como este se presenta en el lenguaje corriente,   este es el cuerpo afectado por el síntoma de conversión. 
Aunque el síntoma de conversión fue descubierto primero en la histeria, no es exclusivo de la histeria sino que afecta a cualquier sujeto en tanto que hablante.
Para empezar, comencemos hablando de la exigencia del sujeto histérico: Lacan, ya en el 58 en “La dirección de la cura los principios de su poder” habla de una exigencia propia del sujeto histérico, una exigencia que a su vez implica un rechazo: Hay una exigencia propia del sujeto histérico que nada tiene que ver con la persona en cuestión que puede ser encantadora, se trata de una exigencia de estructura, ¿en qué consiste? La exigencia del sujeto histérico consiste en querer ser en el amor lo que le falta al Otro. El sujeto histérico se sitúa, el mismo, del lado de la falta, y al encarnar la falta del Otro busca  “ser el falo”, aunque sea un falo un poco flaco como dice Lacan respecto ala estrategia de la bella carnicera al identificarse con el deseo insatisfecho de su amiga. En la formula “ser el falo” el falo es el significante de la falta en el Otro de la falta propia del deseo.
La histeria se mueve en el campo del deseo como pez en el agua, al mismo tiempo  que rechaza situarse como objeto del goce. La bella carnicera tenía un marido bien dispuesto a satisfacerla, mientras que ella se esmeraba en tener un deseo insatisfecho identificándose a su amiga flaca, por la que el marido había mostrado cierto interés… finalmente lo que nos dice Lacan en 1958 es que la estrategia de la bella carnicera en tanto  sujeto histérico le lleva a querer ser la falta del Otro.
Si bien la histeria habla el lenguaje del amor, poniendo su exigencia de ser en el amor, su interés no está aquí, nos dirá Lacan, ¿Dónde está el interés de la histeria, entonces? Para explicarlo será necesaria la escritura de los discursos que Lacan produce más tarde.
Volviendo al rechazo del cuerpo podemos decir que, en la neurosis histérica encontramos dos modalidades de rechazo  del cuerpo, una proviene  del sujeto histérico y la otra de su cuerpo, la proveniente del cuerpo éste la lleva a cabo a través de los síntomas.
Para hablar de la primera modalidad de rechazo, la que se refiere al sujeto en la histeria, lo primero que tenemos que recordar es que con Lacan la histeria, que tan mala prensa ha tenido, deja de ser considerada una enfermedad y pasa a tener el estatuto de un discurso. El discurso histérico es uno de los cuatro discursos formalizados por Lacan como cuatro formas en las que el lazo social puede establecerse, los otros tres son el discurso universitario, el del amo y el discurso analítico.  Lacan,  en el seminario XVII,  
 Discurso del amo                    S1    S2                                        Discurso histérico                  $    S1
$ //  a                                                                                                      a  //  S2


Al hacer esta comparación, Lacan muestra como el sujeto dividido en el discurso histérico se coloca en el lugar en el que en el discurso del amo está el S1, el $ no obedece al significante amo S1 sino que  lo relanza al lugar del otro, del esclavo. Por otra parte, es lo que expresa su cuerpo, el cuerpo en la histeria  expresa más un decir que no, que un decir que sí.
Lacan agrega: “el propio sujeto, histérico, se aliena  por el significante amo como sujeto al que este significante divide, pero este sujeto se opone a hacerse cuerpo del S1. Seminario XVII, página 99. En otras palabras, si bien el sujeto como sujeto dividido se aliena al S1 que lo representa para los S2 por venir,  cuando se sitúa en el discurso histérico el sujeto dividido rechaza hacerse cuerpo del S1,  rechaza que su cuerpo funcione al ritmo que impone el significante amo, al mismo tiempo que muestra una gran plasticidad para responder al deseo del Otro, a lo que Freud llamó complacencia somática.
Si el cuerpo histérico si está poseído no es el S1 quien lo posee sino el deseo del Otro. Lacan evoca la complacencia somática y dice: “A propósito de la histérica hablamos de complacencia somática, aunque el término sea freudiano, ¿no podemos darnos cuenta de que es bastante extraño, y que se trata más bien de rechazo del cuerpo? En resumen, podemos decir que hay en la histeria un decir Si al deseo del Otro y un decir No, al significante amo. Tanto el Sí como el NO los pone en acto con su cuerpo, mediante los síntomas.
Finalmente, lo que muestra el discurso histérico es que el verdadero interés en la histeria está en el saber que en tanto discurso produce, el lugar de la producción en el discurso histérico está ocupado por el saber, saber que el sujeto histérico hará producir y esto es así desde la antigüedad hasta el hombre de ciencia hoy, pasando por el psicoanalista Freud. La histeria pone al otro a producir un saber, que en el caso de Freud era un saber sobre sus síntomas, un saber que nunca obtendrá su beneplácito para que el deseo pueda seguir estando insatisfecho.
El síntoma histérico porta la castración sobre el otro al que se dirige para que produzca saber sobre su goce, tarea imposible por estar prohibida en la estructura misma del discurso en la que hay una barra que impide pasar del lugar de la producción al lugar de la verdad, donde en el discurso histérico se sitúa el goce.
Lacan reconoce en esto la relación entre el discurso histérico y el de la ciencia:“entre la histeria y la ciencia hay un lazo histórico, incluso  la histeria está en el origen de la ciencia” nos dice en Radiofonía, en 1970, pues por paradójico que parezca, la ciencia toma su impulso de la histeria. Lo que podemos entender como que el deseo de la ciencia forma parte del deseo de la histeria. Lacan recurre a  Sócrates,  para decir que la producción de la episteme griega, que era la ambición del amo antiguo, fue la respuesta del amo antiguo a la conminación de Sócrates, perfecto histérico. La episteme griega resurge en la ciencia newtoniana y supone un cambio en la naturaleza del saber, al producir un nuevo tipo de saber, un saber matematizable, distinto del saber mítico o del saber hacer del esclavo.
La relación entre la histeria y la ciencia es apasionante pero nos vemos obligados a dejarla de lado por el momento porque nuestro objetivo hoy es otro: el del rechazo del cuerpo.
¿Cómo se presenta en Freud?
Este rechazo surge al comienzo del psicoanálisis a través de los síntomas de conversión que las histéricas le llevan a Freud, con un ¿a ver si usted puede hacer algo con esto?
La conversión histérica es una alteración funcional sin lesión orgánica. La conversión histérica no es una enfermedad psicosomática. ¿Cómo puede ocurrir que un órgano del cuerpo no funcione sin que haya lesión orgánica que lo explique?
Para entender la conversión histérica no hay que olvidar que el cuerpo implicado en este síntoma no es el cuerpo de la anatomía sino el cuerpo del que habla el lenguaje popular que no tiene porque coincidir con el de la anatomía.
La tesis de Lacan en “Televisión” es la de que es el lenguaje el que nos atribuye nuestros órganos, es decir que el cuerpo de la conversión no es el de la anatomía sino el que nos atribuye el lenguaje popular.
En su momento, Freud se preguntó,  cómo era posible que se pudiera pasar de una representación psíquica inconsciente a la inervación de una parte del cuerpo en el síntoma de conversión. La respuesta es simple, la inervación corporal no está tocada puesto que no hay lesión. Lo que sucede es que la representación inconciliable para el yo  encuentra el camino de las representaciones corporales de órgano. En la neurosis obsesiva el camino es diferente, ¿Cómo se pasa de la excitación sexual a un trastorno del pensamiento? La noción de desplazamiento produce la erotización del pensamiento y da cuenta de estas obsesiones mentales en la NO.
El cuerpo histérico es un cuerpo dócil y rebelde,  dócil al deseo, y  rebelde al S1, rechaza  funcionar al paso del significante amo. Son dos caras de la misma moneda, una cara está relacionada con el deseo y la otra con el discurso del amo y su significante privilegiado, el S1.
“La sustracción histérica”, llamada también “huelga histérica” es el rechazo en acto a poner el cuerpo al servicio del goce,  algunos sujetos histéricos encuentran en la sustracción un placer tan irresistible que no están en nada si no es para en algún momento poder sustraerse. El deseo de encarnar la falta del Otro es la fuente de una insaciable reivindicación que no siempre se juega en el terreno sexual aunque sea esté su campo electivo, en ocasiones “la huelga histérica”  se produce incluso poniendo el cuerpo en el acto sexual, hay otras maneras  de sustraerse.    
Lo que nos enseña Lacan respecto al síntoma histérico es que este consiste en interesarse por el síntoma del Otro como tal, el síntoma histérico es el síntoma que consiste en interesarse en el síntoma de otro, lo que no exige el cuerpo a cuerpo.
Vemos que la definición del síntoma histérico, “interesarse por el síntoma de otro”, incluye la huelga del cuerpo, que para interesarse en el síntoma de otro “el cuerpo a cuerpo” no es imprescindible. El mejor ejemplo de ello lo encontramos en la relación de Sócrates, perfecto histérico, con Alcibíades. Sócrates está animado por un deseo de saber que rechaza el cuerpo a cuerpo, con ese deseo soportado en la pregunta  logra interesar a Alcibíades “el deseante” pero sin aceptar el cuerpo a cuerpo con él. Con ello produce un efecto de deseo en Alcibíades que lo idealiza suponiéndole poseedor del objeto “agalma” del deseo. En “El banquete” de Platón vemos como  Alcibíades se presenta borracho y se exhibe en un relato obsceno testimoniando  en términos crudos sobre lo que Sócrates le ha enseñado para luego sustraerse.
Alcibíades hace su parada como deseante,  parada masculina que consiste en mostrase como deseante para así suscitar el deseo en  otro y producir así la metáfora del deseo. Pero Sócrates, y por eso Lacan habla de él como el primer analista, no cae en la trampa y le muestra a Alcibíades que en realidad toda su exhibición no va dirigida a él sino a Agatón, el  joven poeta recientemente premiado por el que Sócrates también se interesa. Sócrates interpreta así el deseo de Alcibíades sin dejarse engañar por él.
¿Cuál es entonces el partenaire de la histérica?
No es el cuerpo sino el hombre como sujeto de deseo, ese hombre al que ella quisiera hacer hablar sobre la causa del deseo, un hombre animado del deseo de saber el objeto precioso que sustenta el deseo. La histérica se identifica a este hombre, “ella hace el hombre”, expresión que utiliza Lacan, en el plano imaginario a través del complejo de masculinidad, en el nivel simbólico “hacer el hombre” consiste en identificarse a la falta del deseo del Otro: el ejemplo que tenemos es el de la bella carnicera que hace el hombre del deseo que está en falta, abocándose a sostener el deseo como insatisfecho porque el deseo satisfecho se apaga, la bella carnicera se identifica a su marido que a su vez se interesa por la amiga de la que el no se satisface. Ella se identifica a  falta del deseo del Otro, en este caso del marido y así “hace el hombre”. A nivel real “hacer el hombre”, la identificación al hombre en falta del deseo no es sin relación con el goce y ahí Lacan introduce otra formula: la identificación al goce del amo castrado. Es decir el plus de goce o el goce del síntoma. Es la tos de Dora como identificación al goce castrado del padre impotente.
La amorosa como la llama Lacan en el 73, esta fuera sexo, lo que significa que la histeria se sitúa del lado del goce fálico, del goce del hombre y no del lado del no-todo en las formulas de la sexuación.
La identificación simbólica a la falta del deseo es solidaria con la identificación real al goce del amo castrado en el síntoma.
En 1975 Lacan responde a la pregunta ¿Qué es una mujer para un hombre?
Una mujer es un síntoma para un hombre.
“Una mujer acepta ser síntoma de otro cuerpo”, un cuerpo síntoma es aquel que acepta ser causa del goce del partenaire. Si no ocurre esto entonces permanece como síntoma histérico, es decir el que se interesa por el síntoma del otro pero el mismo rechaza en ser síntoma de otro cuerpo. Lacan dice que el síntoma histérico es el penúltimo y la mujer como síntoma de otro cuerpo el último.
Una mujer no hace huelga del cuerpo. La histérica que hace huelga del cuerpo no presta el suyo como síntoma de otro cuerpo. Lo cual no quiere decir que haga huelga respecto a los hombres sino que su pareja con el hombre no es una pareja de cuerpos, no excluye el cuerpo a cuerpo pero no lo exige como tal.

¿De donde viene la defensa anti-sexo en la histeria?
Para Freud la histeria sería una enfermedad ligada a las exigencias culturales. La represión de las pulsiones vendría del Otro y el sujeto aceptaría la renuncia en nombre de los ideales. En este contexto la histeria freudiana es pensada como un exceso de Represión a pesar de ser la histeria la que ha permitido construir la serie de las pulsiones parciales y de los objetos. Gracias a la histeria el troceamiento primario del goce se volvió una evidencia nos dice Lacan en Encore.
Lacan va a buscar la causa del lado del sujeto histérico lo que Freud había abordado como defensa histérica.
Las defensas provienen según Freud de los ideales del Otro, de los semblantes. Solo una vez Freud no ha situado las defensas en función de los ideales. Ha sido al hablar de defensas primarias que provienen de una posición subjetiva primaria, original, una suerte de decisión del ser que ha llamado aversión histérica, un rechazo histérico primario respecto al goce y al contrario en la neurosis obsesiva, un exceso de goce, una captación por el goce.
El análisis conduce al sujeto al declinar sus ideales a reducir las defensas al propio sujeto, es decir a la aversión primaria histérica. De un análisis se puede esperar un cambio de posición, un pasaje de la posición histérica con su rechazo a ser síntoma de otro cuerpo, a una posición femenina que aceptaría serlo, siempre y cuando el sujeto consienta a ello. Una mujer histérica es no toda histérica y por tanto también puede tomar una posición femenina.
En todos los casos se trata de defensas del sujeto, defensas que según Freud provienen de los Ideales,  son defensas de lo real y de la castración encarnadas en el cuerpo.
Lo esencial de la huelga del cuerpo histérico es la huelga de aceptar ser síntoma de otro cuerpo.
Para finalizar tomaré dos ejemplos clínicos, dos casos que nos sirven para mostrar el No, el rechazo del cuerpo histérico al S1, están sacados de la Conversación clínica celebrada en Burdeos que ha sido publicada con el título de “Embrollos del cuerpo”.
El primero se titula “Quedarse embarazada”, está presentado por Catherine Vacher, quien recibe a la paciente en su consulta de ginecología.
Se trata de una mujer joven, de 24 años, que consulta por infertilidad, vive con un joven con el que se va a casar y con quien desde hace 3 años intenta tener un hijo que no llega. Padece una patología ovárica de origen desconocido que se acompaña de infertilidad, existe tratamiento para esta enfermedad.
Hace un tratamiento, en le cuarto año otro para producir la ovulación que no tolera bien, aparecen signos de un falso embarazo.
Se trata de una chica tímida a la que le gusta pasar desapercibida, “no me gusta hablar de mi, ni siquiera con usted” dice,  ella y su marido siempre han deseado tener hijos.
El pseudo embarazo surge en el momento en que había pedido interrumpir el tratamiento médico. Esto molesta a su marido que tolera mal la desgracia física de su mujer, después el pseudo embarazo desaparece y ella pide retomar el tratamiento. Le da una cita para unos meses después pero antes de la cita ella la llama para anunciarle que está embarazada y todo va bien.
¿Qué ha sucedido?
En la conversación Jacques Alain Miller interviene para decir que este falso embarazo escapa al domino del sujeto, es una manifestación de rechazo del cuerpo que rechaza obedecer al S1: por un lado el cuerpo se rebela contra el S1 médico, por otra hay una complacencia somática pues el falso embarazo responde al deseo.
Esta paciente que dice que no le gusta hablar de sí misma encarna bien al sujeto dividido bajo la forma de la anulación de sí mismo, ser invisible, discreta, sustraerse. Bajo la complacencia al sí hay que buscar el decir que no, oculto a veces. Ella es alguien a quien no se puede atrapar. Dice no a la demanda del Otro de tener un hijo y parece que para llegar al embarazo efectivo tiene que pasar por este embarazo de semblante, ¿por qué?
En el momento del falso embarazo el marido se inquieta, este pseudo embarazo es un test para el marido. Antes de hacer el hijo quiere estar segura del deseo del marido hacia ella, gracias al falso embarazo  el marido le dice: “tú me interesas como mujer” y una vez que el explicitó su deseo ella puede decir que sí y se queda embarazada, pero cuando dice No responde al “rechazo lo que me pides porque no es lo que deseas”.
El segundo caso lo presenta Camille Cambron, es un caso de análisis cuyo título es “Complacencia”:
Una mujer “Helena” tiene un síntoma de nauseas y vómitos desde hace 18 años, ahora tiene 40 años. Este síntoma surgió por primera vez con ocasión de una mudanza, a partir de entonces el síntoma se repite. Padece también bulimia y asco por numerosos alimentos y su mayor placer es atiborrarse de caramelos mientras lee. Sólo come barras de chocolate “porqueriitas”, como así desde su infancia.
A los 3 meses, su madre demasiado joven, se la entregó a sus padres, los abuelos de Helena con los que vivió hasta los 6años. Respondió a este abandono precoz con un rechazo a comer y su abuela le daba cerditos de pasta de almendra para conseguir que comiera.
Helena siente asco no solo por los alimentos, también por los hombres. El padre es el único que no le da asco cuando come. Le da asco la manera que tiene su marido de masticar, también su manera de fumar, de acariciarse el labio, su modo de chupar la cuchara, ella evita sentarse a la mesa con él.
La sexualidad también le produce asco, sobre todo los preliminares, desde que se casó es así, duermen en habitaciones separadas con el pretexto de que el marido ronca. A veces, por lástima se acuesta con él pero el asco crece y le entran ganas de vomitar. Lo que menos le molesta es la felación aunque prefiere la penetración sin aditamentos.
La zona de la boca reúne tanto la significación sexual como la alimenticia y la oralidad.
Sin embargo en sus sueños la sexualidad está muy presente y establece una relación entre sus sueños eróticos y sus síntomas orales, en su sueño el padre le da la última ciruela de un árbol, este padre fue el responsable de la quiebra que llevó la vergüenza de la familia cuando les embargaron su casa y tuvieron que mudarse. Recordemos que el síntoma surge con ocasión de una mudanza.
El padre de Helena es un padre deficitario, además se ha enterado que su abuelo a quien fue entregada hacía cochinadas, porquerías con niños y fue acusado por ello y tuvo un juicio. El marido impotente acepta la ley que ella le impone, sus espermatozoides están muertos, dice Helena.
Cuando se ve de nuevo obligada a mudarse de casa a una vieja fábrica de jamones a la que llama “la pequeña guarreria”, los vómitos vuelven.
“Guarreria” es el significante amo de Helena, ahí estaban los guarros, cerdos, puercos. Helena habla como un carretero, hace el hombre, maneja la guarrada oralmente, ella también es un guarrito para ser comido, se identifica con un animal descuartizado, como la amenaza de su abuela cuando no comía.
En un sueño una muñeca de labios gruesos le evoca una guarra que puede chuparse el sexo sola.
La idea de estar embarazada le produce asco, tener algo que se mueve en su vientre, a sus expensas.
El trabajo de Helena consiste precisamente en organizar comidas de trabajo y lo hace muy bien excepto cuando se ausenta y entonces los jefes tienen que gritarle para que vuelva al trabajo.
El comentario de Miller respecto al caso es el siguiente:
Para este sujeto el hijo es un regalo que se da, ella fue un regalo para susu abuelos. Ella fue la hija rechazada y entregada a los abuelos y aquí está la raíz de la precocidad de sus trastornos orales y su estado de asco y nauseas casi permanente.
Toda la vida de Helena se construye sobre un No, a su marido, en su vida profesional cuando se le pide algo primero dice No, ¿es inocente lo que me piden? Un pedido es una orden. Este No es un No de dominio.
La raíz de este No es el rechazo inicial del que ella misma fue objeto.
El S1 “guarro” es ella misma, ella misma es el guarro sin cola regalado por su madre a su abuela, es lo que le asquea del hombre. El asco es la firma de la histeria, asco del goce.
Hay rechazo al alimento pero hay también el placer de la boca, esas guarreriitas que ella come, Nutella, etc. Ella como de un modo distinto al de su marido, incluso la idea de comer juntos es una aberración, los guarros comen más, ella come por el placer de la boca, esencia sexual oral, mientras que el goce es para el otro no para ella, para ella es el placer de las guarreiitas.
Helena es una gran organizadora, hace muy bien su trabajo de organizar comidas de trabajo, excepto cuando le dan órdenes.
Philippe Lasagna interviene en la conversación recordando que en el  seminario XX; página 146 de la versión francesa, Lacan dice: “El cuerpo no se reproduce sino errando lo que quiere decir, su sentido es su goce efectivo”
En esta frase Lacan hace una oposición entre reproducirse y querer decir, o reproducimos el goce en otro cuerpo o lo decimos, lo que en apariencia sería un obstáculo para reproducirse.
Helena también rechaza su propio cuerpo del que dice no saber nada, es un defensa activa.
Patrick Monribot: Helena rehúsa dar un hijo al marido pero en el sueño no rechaza la ciruela que le da el padre, la metonimia del falo debe venir del padre para ella.
En este caso se ve claramente como la misma zona: la boca, sirve tanto a las pulsiones del yo con el trastorno del alimento como a las pulsiones sexuales que se apoderan de su boca en su forma de coer solo pequeñas guarreriitas.
Con estos dos casos tenemos dos excelentes ejemplos de los que significa el rechazo del cuerpo en la histeria.

Ciertamente la verdad interesa al sujeto histérico pero es la verdad del otro como clave de la suya.
dos cuerpos, el cuerpo excitable, vivo, y el cuerpo de las huellas de goce y de las representaciones eróticas, que es de otro orden. Esas huellas son elementos discretos y combinables, los que con Lacan llamamos sgte.
 Cualquier partenaire de goce ocupa el mismo lugar que los objetos de la pulsión, que un síntoma: el lugar de la falta de relación entre los sexos. Se tiene un coche como una falsa mujer. Es decir que el efecto que ha producido la ciencia ha sido el de homogenizar los plus de gozar, sin embargo esto no es una novedad porque cualquier discurso es una máquina de homogeneizar los plus de gozar y en el fondo ninguno funciona sobre la base de una libertad para desear. Cualquier discurso trabaja para todos, incluso el analítico.


viernes, 31 de enero de 2014

Medicina y psicoanálisis: relaciones peligrosas?

Texto presentado en las II Jornadas de la Red Psicoanalisis y Medicina.

Gabriela Medin. Psicoanalista. Miembro ELP y AMP.

 “La medicina me ha producido 22 años de vida pero no puede producir mi existencia.” Jean Luc Nancy.

El título de esta ponencia se me ocurrió a partir de las conversaciones y los almuerzos en Clermont  Ferrand en septiembre. Hay un encuentro posible entre la medicina y el psicoanálisis? Es posible un diálogo entre estas dos disciplinas? Cuáles serían los requisitos para el mismo?  Cómo establecerlo sin desvirtuar la especificidad de cada una, de cada discurso? Qué hace un psicoanalista entre médicos , cuál es su campo de intervención? Se trata de psicoanálisis aplicado?
Vengo trabajando como psicoanalista, con pediatras desde el año 1991 cuando comencé mi residencia, y estas preguntas así como las discusiones que suscitan me conciernen. He pasado por distintos intentos de respuesta según los momentos de mi clínica y los momentos de mi propio análisis.
Por otro lado, desde entonces y hasta ahora, los avances de la medicina y el acceso a nuevas técnicas de diagnóstico y tratamiento, que han hecho avanzar las fronteras de la intervención médica y han modificado la función del médico, me plantean nuevos interrogantes teóricos y clínicos. Los avances en biología molecular y en el campo de la genética han posibilitado la cura de muchas enfermedades, pero han generado nuevos dilemas a los profesionales de la salud.

La ciencia avanza produciendo saber sobre lo real, para la ciencia hay un saber sobre lo real y lo que aún no se sabe, podrá saberse en el futuro. Sin embargo siempre hay un agujero en ese saber sobre lo real, a la par que avanza, la ciencia produce un real a su medida. En efecto, médicos y psicoanalistas tenemos en común el encontrarnos con el agujero de lo real. Sin embargo en el Seminario XXIII El sinthome, Lacan plantea que “ no es el mismo trozo de real” el que emerge con la ciencia que con el psicoanálisis. Avanzar en la precisión de este punto nos compete a nosotros los psicoanalistas.

En Radiofonía, Lacan plantea que “La ciencia constituye una ideología de la supresión del sujeto” (Otros Escritos pag 460). ¿Qué podemos decir de esto, hoy?
El médico actualmente se encuentra frente a la demanda social y de las sociedades científicas (o sea sus pares) de ser un buen científico. Hacer medicina es hoy sinónimo de hacer ciencia. El desarrollo de la medicina basada en la evidencia, si bien ha ayudado a formalizar ciertos aspectos de la clínica , ha fomentado una cierta expropiación de la misma, ya que lo que pone en valor es la cantidad de artículos leídos y publicados. El acto médico mismo está sometido a la evaluación, con las estadísticas y las valoraciones de los “gerentes” de los hospitales.
Al mismo tiempo, se ha producido una medicalización generalizada de la vida cotidiana, con grandes cantidades de guías y normas de prevención de riesgos y hábitos saludables. A punto tal que uno de los riesgos para el psicoanalista que trabaja entre médicos es que su praxis devenga una más en la lista de especialistas que vienen a completar el saber, o, lo que es peor, un objeto de consumo: “ Hay un accidente, hay un trauma, que vengan los psi”.
Sin embargo, otro riesgo es ubicarse tan lejos de la praxis del médico que impida cualquier acercamiento, cualquier posibilidad de trabajo en equipo. Dando además razones, a los médicos, para quejarse de nuestro no saber hacer.

Efectivamente, un primer punto para ir estableciendo diferencias, es la posición frente al saber. El discurso de la ciencia busca acceder a un saber completo, busca regularidades, busca patrones, busca construir una nosografía, trata que los síntomas hagan signo, para que puedan leerse de forma clara posibilitando una intervención precisa con el objetivo de suprimirlo y  curar al paciente. En este sentido, Guy Briole, señalaba en Clermont Ferrand que la medicina y el psicoanálisis tienen diferente posición frente al error: la medicina intenta repararlo, el psicoanálisis lo interroga. Nosotros nos interesamos x lo que no funciona, por lo que no encaja, para interrogarlo. Los agujeros en el saber, nos interesan.

Ahora bien, como analistas sabemos que el sujeto no sólo está en relación al saber sino también al goce. Lacan plantea en el Seminario XVII El reverso del psicoanálisis que “el goce es hermano de una verdad que viene a embrollar la armonía de la buena forma del cuerpo al mismo tiempo que amenaza su estabilidad. El goce que aúna el cuerpo no tiene nada de natural y es disarmónico en su relación con el entorno”. Sin sostener la esperanza en una armonía, nos interesamos por lo disarmónico. Nos interesamos por las marcas singulares de lalangue en el cuerpo. Nos interesamos por el cuerpo parasitado por el lenguaje.
El estar advertidos y orientados por lo real es lo que define nuestra posición como psicoanalistas en un hospital.
El terreno del psicoanálisis es la subjetividad, la singularidad, el uno por uno. Hacer lugar a la subjetividad tanto del paciente como del médico es una de mis tareas en el hospital.
Considero que esto es posible respetando el terreno de cada disciplina y esto  no tiene que ver con lo imaginario ni con los semblantes sino con el discurso y la ética. El trabajo del psicoanalista es no creerse los semblantes pero servirse de ellos. Es en acto que se transmite que no hay normalidad en el terreno subjetivo, que no se trata de dar pautas, de sugerir guías ni de hacer ejercicios de relajación y control de la ansiedad.
El psicoanalista y el médico trabajan con la palabra, pero es importante distinguir la sugestión de la transferencia. La lectura de la transferencia y la práctica del bien decir son compañeras de la orientación por lo real.


Qué hago en el hospital? Propongo un protocolo en el que ofrezco mi presencia y mi disponibilidad a escuchar.
Según el protocolo,  conozco a todos los pacientes de la unidad. Una vez hecho el diagnóstico médico, los pediatras me introducen como parte del equipo.
Tengo un par de entrevistas iniciales, en las que intento ubicar las coordenadas singulares de cada niño y su familia, su historia y la forma en que cada uno responde a la irrupción de la enfermedad en el  cuerpo, así como a la amenaza de muerte/pérdida que representa.
A partir de esas entrevistas se establece un lazo que se modela en cada caso particular en relación a las preguntas, los límites, las dificultades así como los síntomas que puedan surgir. Se abre, entonces,  un amplio abanico de posibilidades de intervención:  entrevistas con una madre, intervenciones con el niño, entrevistas con un hermano sano, seguimiento una vez finalizado el tratamiento o conversaciones breves en la sala de espera o en los pasillos.

Mas allá de la disponibilidad para acoger las demandas que surgen de los pacientes, y el trabajo caso por caso con ellos , tenemos también varios espacios "de practica en común ". Son espacios habituales en la práctica médica, pero en los que la presencia de otras disciplinas propician una intervención orientada por el no-todo, que apunta a descompletar la institución:
- sesión interdisciplinaria semanal. Se presentan todos los niños ingresados y aquellos que preocupan de la consulta,  tanto las cuestiones atinentes al estado clínico y el tratamiento médico como las cuestiones más singulares de cada niño o su familia. Este espacio grupal de conversación habilita también la posibilidad de poner en común impresiones acerca de las dificultades que aparecen y  las soluciones que cada niño y cada familia van encontrando, con la idea de que no hay manera normal de pasar por esta experiencia sino que cada uno va encontrando la suya y el equipo está disponible para acompañar.
-pase de visita. Me sumo un día por semana al pase de visita diario de médicos y enfermeras en la planta. Este momento de inclusión en un dispositivo puramente médico, permite observar elementos transferenciales, escuchar cuestiones que pueden ser retomadas luego con el equipo y también intervenir prestándose al juego de semblantes.
-entrevistas conjuntas con el pediatra en algunos casos. Ej cuando hay cuestiones respecto de la información no dificultades en el cumplimiento del tratamiento.

M H Brousse, en un artículo donde desarrolla las “tres dimensiones” del inconsciente imaginario , simbólico y real , afirma que “ El inconsciente lacaniano se parece más a una instalación como las que producen los artistas contemporáneos que a un cuadro colgado en una pared” [i].  Propongo pensar la intervención del psicoanalista en la institución más allá del Edipo, como una performance. Dice Ben, artista contemporáneo francés pionero en la realización de performance : ¿Qué es una performance? La respuesta es simple: antes de esto estaba el cuadro con la pintura y un día la pintura se ha derramado sobre el objeto de la vida, es el comienzo de la performance”.
Antes, con Freud,  había una intervención basada en el desciframiento, en lo simbólico, a partir de Lacan, hay un más allá del Edipo, además de lo anterior, está lo real del objeto , del goce, de la pulsión.

En el hospital, entonces, se trata de una intervención en acto, que permite apuntar a lo real en juego, introducir algo de la particularidad del caso, conversar sobre lo que a un medico en singular le sucede en determinada situación, poner palabras al malestar en la institución, etc. Estos espacios donde el discurso analítico se lleva en la bata, agujerean en alguna medida (algunas veces son solo momentos) el discurso del Amo, el discurso de la ciencia, la homogeneización , la normativización.

Qué podemos decir en relación al trabajo con los niños? Con los niños, el juego y los cuentos infantiles constituyen una parte privilegiada de la oferta. Siguiendo a Freud en “El creador literario y el fantaseo”
 “La ocupación preferida y más intensa del niño es el juego. Todo niño que juega se comporta como un poeta, pues crea un mundo propio o, mejor dicho, inserta las cosas en su mundo en un nuevo orden que le agrada.” Plantea al juego como antecesor de la fantasía y destaca la necesidad de “apuntalar sus objetos y situaciones imaginados en cosas palpables y visibles del mundo real”.
En el hospital hay estancias y material disponible para que los niños jueguen. Cuál es la diferencia de jugar con los voluntarios, los padres o hermanos a jugar  con un analista? La diferencia es la posibilidad de lectura de dicho juego y de intervención, la posibilidad de apostar a que en el despliegue del juego y en la repetición aparezca la diferencia, emerja el sujeto, se escriba y se borre. La posibilidad es que aquello que podría recaer sobre el niño como un destino, pueda dialectizarse, pueda entrar en el marco fantasmatico, pueda atenuarse su potencia traumática.

P tiene 4 años. Le han diagnosticado LLA. Es el más pequeño de una familia de 4 hermanos. Cada vez que entramos en el pase de visita se esconde detrás de su madre, le cuesta dejar que lo examinen, no nos habla. M es un niño tranquilo con unos ojos muy bonitos que motivan múltiples comentarios de los adultos. Percibo que no sólo ser objeto de tantas miradas le resulta angustiante, sino que hay algo de la mirada en juego.
Luego del alta, en la siguiente visita al hospital, entro en la consulta y me tapo la cara, diciendo, quiero hablar contigo ( a su madre) pero no quiero ver a M. Le pregunto acerca de su estancia de tres días en casa, de los otros hermanos, etc, evitando mirarlo. M se sorprende, se sonríe. Me voy y lo encuentro más tarde en Hospital de día. Repito el gesto, no quiero verlo. Se ríe. Cuando sube a planta, mientras le dan su cama. Juega a espiarme, se acerca al sitio donde me encuentro.
Al siguiente encuentro me acerco con un Kashimibai [ii], elijo un texto que contaba la historia de un elefante que temblaba de miedo cuando veía un ratón. Operación de separación de la mirada. Pantalla. Cuando ya puede moverse, comienza a salir de la habitación. Se acerca al estar de enfermería, mira y se esconde, sonriente se sustrae a la mirada del personal sanitario. Repite ese recorrido, se acerca, mira qué están haciendo y cuando alguien lo mira, se sustrae riendo.

A veces, como en la viñeta, sólo se trata de intervenciones breves que abran a una demanda,  otras de curas que empiezan y duran. En otros casos se trata de despejar junto con el médico las complejidades del cuerpo y la verificación del impacto de la lalengua en él. Esos son los casos difíciles, los casos que le hacen pregunta al médico, son casos a la vez privilegiados para transmitir a los médicos, las coordenadas de nuestro quehacer, como en el caso que presenté en Clermont Ferrand. Síntomas inexplicables desde la anatomía, dolores que no remiten, hacen pregunta al médico.  Acompañar en el transcurso de una cura  a su paciente y verificar los efectos de nuestra intervención es una oportunidad para bajar a la clínica los postulados teóricos que habitualmente discutimos acerca de las relaciones entre la medicina y el psicoanálisis.







[i] Marie Hèléne Brousse “ L´inconscient lacanien, envers de l´inconcient des familles” Quarto 88-89, pag 23-25
[ii] Kashimibai: es una palabra japonesa que significa “teatro de papel” y es una forma popular de contar cuentos en Japón. Se trata de láminas que se vn colocando en una especie de escenario , consiste en ver las imágenes y escuchar el relato sin ver ni ser visto por el narrador.

miércoles, 15 de enero de 2014

Falla del saber en su encuentro con el cuerpo: lugar de la palabra en el acto médico.

Por Elisa Giangaspro. Intervención en las II Jornadas de la REd de Psicoanalisis y Medicina.

Intentaremos recorrer dos preguntas: la primera es ¿qué es el cuerpo para la Medicina? y la segunda ¿con qué cuerpo se encuentra el médico en su praxis?
En relación con la primera, podemos decir que el cuerpo de la Medicina es el cuerpo-enfermo: la enfermedad. Un objeto muy complicado, demasiado variado y en el que operan numerosos elementos con múltiples combinaciones posibles, tantas que resulta imposible la uniformidad y la certeza que caracterizan a otras ciencias como la Física ó la Matemática. Por su carácter de ciencia conjetural y para sostener su cuerpo: su objeto de saber, la Medicina se vale de diferentes recursos. Algunos, como la Medicina basada en la evidencia, le permiten universalizar lo sabido mediante el análisis riguroso de una muestra extensa y contrastada y sobre todo, bien tratada estadísticamente; así podrá sancionar según una probabilidad suficiente. También, para minimizar las fisuras y mantenerse en el campo de las ciencias, se desarrollan algoritmos de actuaciones diagnóstico-terapéuticas, que tienen en cuenta la evidencia, que son generalizables como para servir de amparo legal y que permiten revisar las actuaciones en tanto que son obradas bajo el lema de “para todos igual”. Los protocolos son una buena herramienta para el conocimiento, conducen a los menos expertos y sirven, a condición de que el que los aplica no los considere una verdad apodíctica, válida para cualquiera y en cualquier situación. El interés del protocolo deviene de aceptarlo como un constructo del saber médico, una guía para evitar fallos en las actuaciones que corresponden en una determinada enfermedad y su validez deviene de no anteponerlos -sin excepción- ya no digamos al enfermo sino a la enfermedad en sí misma, universalizable pero tantas veces incierta.
En relación con la segunda pregunta planteada, podemos decir que el cuerpo con el que se encuentra el médico en su intervención, nada tiene que ver con el que es asiento de la enfermedad para la Medicina. No es sólo el cuerpo que describe la anatomía,  ni el que delimita la biología y que puede condicionarse, ni el que el poderío técnico actual permite transformar en imágenes. Es otro cuerpo, donde todo el saber científico no alcanza para dar cuenta de él y se muestra incapaz de dar una respuesta a lo que allí se manifiesta e insiste, con carácter excesivo, causando la perplejidad del médico. Cuando la manifestación del enfermo-cuerpo -un cuerpo hablado y en contexto- se escapa al saber sabido del médico, entra en crisis la realidad construida por el encuentro entre un cuerpo, que ignora lo que le pasa y un saber que da cuenta de él. La producción que aparece inesperadamente –fuera del registro consciente- disuelve la relación que Lacan llamó epistemo-somática, relación entre el saber articulado y el cuerpo, en la cual está completamente excluida la dimensión del goce del cuerpo. Se produce un pasaje de la relación sostenida en el saber, a una no-relación encontrada por la presencia del goce del cuerpo, donde la sorpresa, la duda y la perplejidad sentidas por el médico, denuncian que no hay armonía posible.
En un momento donde el conocimiento del cuerpo es cada vez más perfecto y las posibilidades terapéuticas son cada vez mayores, los clínicos se dan cuenta que sin embargo el sufrimiento del enfermo se escapa igualmente a sus posibilidades terapéuticas. Algo se recorta del cuerpo, hace síntoma y surge manifestando un misterio, un cuerpo no atrapable en un todo por la ciencia médica. La manifestación sintomática del sufrimiento del enfermo guarda estrecha relación con significaciones singulares, significaciones que distinguen a cada sujeto de todos los demás y que resultan inatrapables por el poder generalizador de la ciencia médica.
La emergencia enigmática de lo que aparece fuera de sentido, sin-sentido, interrumpe el sentido causa-efecto del saber médico y reclama otro modo de saber estar y otro modo de escucha. La intervención del médico no es la de un analista -no es su lugar ni su competencia- pero de sus palabras, de sus preguntas y de sus silencios al encontrarse con el discurso específico de cada cuerpo, se verifican efectos inesperados. Una disolución de los excesos de saber -que atropellan tan frecuentemente a los pacientes- una suspensión del sentido común de lo enunciado,  una destitución de los significantes que pueden nombrarnos malamente para toda una vida, hacen posible la construcción de una historia sobre el enfermar propia para cada sujeto.  Esto resumiría a mi entender, el lugar de la palabra en el acto médico.
Como corolario finalizaremos diciendo: en su praxis, el buen médico se encuentra con que su saber sobre la enfermedad ejerce una función, una noble función y que su puesta en práctica comporta una eficacia. Pero también destacaremos especialmente que, en esa praxis y siempre que ésta le cause alguna pregunta, puede descubrir lo que le falta a su saber para dar cuenta de los acontecimientos en el cuerpo del hablante y  muy especialmente, el valor que tiene la palabra en su actuación, no sólo la de su decir sino la que escucha y puede sostener en silencio.



miércoles, 1 de enero de 2014

El decir como empalme entre el sujeto y lo real de su síntoma.

Ponencia presentada en las II Jornadas Psicoanálisis y medicina

"Encuentros y desencuentros"

Leonora Troianovski
  

Encuentros, desencuentros ¿entre qué y qué? médicos y pacientes,  médicos y psicoanalistas, entre cuerpos y palabras… entre síntomas y sujetos.

Para el psicoanálisis hay un primer encuentro fundamental, que es el de la palabra con el cuerpo. Esto implica a la vez un desencuentro ya que al inaugurar la dimensión del ser, la palabra introduce todas las diferencias: el ser y la existencia, el cuerpo y el organismo, la palabra y el sentido… A diferencia de la experiencia animal que se mantiene únicamente en el registro de la existencia.

El ser hablante se conforma a partir de elementos distintos: el lenguaje, la imagen, el cuerpo. Su anudamiento permite que en el registro de la experiencia esto funcione como unidad y que sostengamos la creencia de “ser uno mismo”.

No estamos todo el día preguntándonos ¿quién soy? o ¿qué sentido tiene la vida? o ¿este brazo es mío?... Pero, estas cosas aparecen en ocasiones, y producen angustia. Podemos encontrar estos fenómenos de la experiencia subjetiva si escuchamos lo que nuestros pacientes dicen de sus síntomas. Es con esta arquitectura compleja que nos encontramos médicos y psicoanalistas.

Este hecho de estructura -esta heterogeneidad que nos constituye- es lo que hace que en un determinado momento, el encuentro con el Otro, médico o psicoanalista, se vuelva fundamental. 

Será la chance entonces de acoger lo que emerge en los cimbronazos de esa arquitectura subjetiva, bajo la forma de un síntoma –no me refiero aquí al síntoma como patología del funcionamiento orgánico.

Ese encuentro como chance, es lo que Freud llamó transferencia. Decimos que este encuentro bajo transferencia es una chance porque la característica de lo real del síntoma es generar su propio desconocimiento. Es decir que de entrada el síntoma se presenta como ajeno, extraño al propio sujeto que sólo pide que le quiten eso: las taquicardias, la anhedonia, el dolor, etc. -como que “no va conmigo”.

Muchas veces se dirige al Otro, al médico algo que está en “el borde” del organismo, un problema que sin ser de causa orgánica se vive en el registro corporal - consultas muy frecuentes por ejemplo en el ámbito de la atención primaria y la salud mental.

El psicoanálisis nos enseña que, de que esto sea acogido –o no- dependerá que ese real del síntoma entre en las redes del discurso, para poder ser tratado. Hay que subrayar que eso “real” del síntoma, no ha de confundirse con el real del organismo, y, que no se confunda con él no significa que no exista. 

No reconocerlo produce un redoblamiento del desconocimiento de estructura, al reducir el ser y sus insoportables a los disfuncionamientos de un organismo. Reconocido o no, eso resiste, e insiste. La cuestión es cómo tratarlo, ya que para tratar lo que atañe al “ser hablante” hay que escucharlo. Es decir, suponer eso ahí.

Viñeta  “Primero le creímos”

En una interconsulta con médicos de familia se comenta el siguiente caso:
La dra. M es notificada de una derivación; “Si es de la dra. X, que es especialista en respiratorias ya verás lo que puedo hacer yo!”. X  vio a esta joven durante un tiempo, le hizo todas las pruebas posibles y al final le dijo: ¡no tienes nada! Ante la insistencia de la paciente ¿pero por qué me ahogo? terminó por derivarla con un “yo, no sé más!”.

Durante el diagnóstico la paciente había ido consultando, además, en urgencias en 44 ocasiones. La médico residente nos habla del primer encuentro: “Llegó a urgencias con síntomas de ahogo, le pusimos la mascarilla, le creímos, pero al rato la vimos con la mascarilla quitada, hablando con el móvil… Siempre quería venir con la dra (X), alguna vez se desvaneció en la sala de espera, luego pasó y se repuso…”.

En el debate se habla de  falta de educación sanitaria, del diagnóstico de tlp, de si es una simuladora… pero también alguien dice: “¡sí, pero algo le pasa!”
Hay algo en esta viñeta que tiene que ver con la manera de hacer medicina en nuestra época y a la vez, con lo que Freud se encontró, hace más de cien años. Lo que me parece interesante, y muy valioso, es que nos muestra los bordes de ese “algo”, que insiste, y que a la vez se escurre de entre las pruebas médicas, las intervenciones y las visitas a urgencia.

Esta mujer no pide un cambio de médico, se dirige firmemente a la dra. X, cada vez. La dra., a su vez es una especialista, pero curiosamente es el quedarse demasiado pegada a ello lo que no da lugar a recoger ese “algo” que trae su paciente. Cuando agota todas las pruebas posibles, dice: no sé más.

Lacan, en su texto Psicoanálisis y medicina dice que hay una zona del quehacer del médico que no podrá ser nunca sustituida por los avances técnicos: es el terreno de la demanda.

En este asunto juega sin duda la disposición personal, subjetiva de cada uno, la sensibilidad o tolerancia a acoger esto, pero también, juega un papel importante la formación y más allá las coordenadas mayores que ordenan hoy el discurso de la medicina, la MBE.

Justo ahí donde “evidence”, que en inglés significa más bien una pista, es traducida como “evidencia”, transformando la vía en punto de llegada. Evidencia, es aquello que una vez obtenido ya no puede ser puesto en duda.

Esta viñeta nos enseña un escenario en el que la dimensión subjetiva del síntoma no parece tener lugar, a pesar de tomarlo por las buenas. Hay una derivación, pero qué dice? Te doy lo que buscas, mi falla y dice también: tu síntoma no existe, es nada.

Tomar la vía del decir como empalme entre el síntoma y el sujeto conlleva la condición de escuchar, además de la salud del organismo, la palabra del paciente, pero esto no es nada sencillo. No obstante trabajando los casos junto con los médicos lo que descubrimos muy pronto es que ese “escuchar” no tiene nada que ver con la empatía ni la escucha activa!

Aquí entramos en una zona desconocida, donde se puede tener la sensación de estar perdido ¿Qué hacemos después con lo que el paciente nos dice? Y es que para poder escuchar es necesario “no entender”. Pero esto requiere primero reconocer, dar carta de ciudadanía a algo que no se reduce a la experiencia del cuerpo como organismo sino que entra en la experiencia del ser hablante.

Se quiera o no tomar en cuenta, está presente. Con frecuencia es tomado bajo el paraguas de la “educación sanitaria”, de los consejos, etc. Pero éstos corren a cargo o bien del discurso higienista o bien de las experiencias y fantasmas personales de cada uno. Es decir que entre tanta palabra se pierde el decir del paciente, vía regia a lo real de su síntoma.

El psicoanálisis nos enseña que no todas las palabras valen igual y que algunas tienen efectos reales. Hablar de encuentros y desencuentros implica que las palabras y el cuerpo son de naturaleza distinta a la vez que nos señala que allí pasan cosas.

El debate en la interconsulta continúa: El diagnóstico diferencial es fundamental, la cuestión es lo que pasa después: avanzamos en una nueva dirección a partir de este “pero ¡algo le pasa!” de una de las médicos.

La vía estaba ahí, en la pregunta ¿por qué me ahogo? Pero, fue a dar con el saber especialista, un saber en el que para que algo exista se tiene que ver.

La ciencia se refiere al organismo, cuando la medicina trata también el cuerpo. El problema es que esta diferencia parece perderse con el avance de la técnica. El cuerpo atravesado por la imagen es convertido en objeto fragmentado, tomado a trozos.

Hay entonces una paradoja: a la vez que la técnica hace existir una dimensión más allá de la percepción, nos descubre que algo existe más allá de lo que vemos, la mirada de la máquina reintroduce la imagen como certeza. Es decir que al mismo tiempo que abre el campo de lo que no se percibe, lo cierra con una imagen cierta que habría en algún lado. Yen este espacio la palabra no tiene lugar. Creo que la medicina se ejerce hoy bajo esta paradoja.

Seguimos en la interconsulta… Ubicamos un síntoma que se presenta en lo real del cuerpo, el ahogo y descartamos patología orgánica. En la pregunta, como decíamos, encontramos la vía: poder acoger la pregunta como una buena pregunta a la vez que orientarla a trabajar con ella en otro lugar.

¿Qué diferencia una derivación y otra? Lo fundamental es que desde el lugar que le otorga la transferencia, la palabra y la escucha del médico son privilegiadas. Es desde ahí, que tiene el poder de legitimar ese síntoma como real, a pesar de no responder a una patología orgánica. Aquí no se confunden el saber del especialista y el saber del médico.

Su palabra, enunciada desde el lugar que ocupa en la transferencia tiene el poder de inscribir el estatuto de real del síntoma y orientar, legitimando su tratamiento por la palabra. Ya que el problema es cómo conectar ese ahogo con la experiencia subjetiva de quien lo padece, cómo hacer entrar ese síntoma en la cadena significante, para poder tratarlo desde ahí, cuando de entrada se ofrece al saber médico, como saber del organismo.

Ese tratamiento no le corresponde al médico, pero es él quien detenta la autoridad para dar crédito, en el doble sentido, de creencia y de poner lo que hace falta, de sostener la derivación de la transferencia a otro lugar, para que ese síntoma encuentre las palabras.






Leonora Troianovski