lunes, 29 de octubre de 2012

Pensar el cuerpo.


Por Lierni Irizar.

El cuerpo ocupa un lugar destacado en nuestra sociedad. La influencia de la biomedicina es fundamental en este protagonismo actual del cuerpo. Una biomedicina centrada en el estudio y tratamiento del organismo que nos suministra el modelo del cuerpo adecuado y que, al igual que el capitalismo y la tecnociencia, rechaza la idea de imposible en una aspiración imparable por mejorar la salud, prevenir enfermedades y prolongar la vida. En este camino, nos encontramos con el desarrollo cada vez más transparente del deseo de superación de un organismo considerado demasiado frágil, fallido y desobediente al ideal de perfección contemporáneo. El cuerpo se está volviendo obsoleto.

Este protagonismo del cuerpo aparece también en los saberes de la época. Sin la pretensión de referirme a todos ellos, voy a tratar de mostrar esquemáticamente hacia dónde y desde dónde se orientan algunas propuestas que en la actualidad reflexionan sobre el cuerpo.
Siguiendo a F. Ortega[1], podemos situar los discursos contemporáneos en diferentes puntos entre dos extremos. En un extremo encontramos propuestas que conciben el cuerpo desde una perspectiva materialista o esencialista. Incluiríamos aquí las propuestas que entienden el cuerpo como meramente biológico, fruto de la evolución e interpretado como texto genético. Propuestas biologicistas que consideran que la esencia humana es información genética. Somos nuestros genes. La biología identifica cuerpo y texto y siguiendo la metáfora, gracias a la actual ingeniería genética, se plantea la modificación del código de la vida. Surgen de este modo propuestas que hablan de una postbiología y postevolución. Se pretende borrar los límites entre organismos ya que el gen es el elemento común que opera en todos ellos y puede por tanto ser trasplantado. Las antiguas fronteras entre animales, vegetales, humanos y máquinas pueden y de hecho son derribadas[2] y en consecuencia el cuerpo, el humano, la naturaleza, la evolución y la propia muerte se convierten en algo obsoleto. Una de las propuestas más llamativas en este sentido es la llamada filosofía transhumanista, que puede parecer disparatada pero que como afirma J. Peteiro[3] plantea un mensaje que está calando y que se está plasmando en diferentes proyectos de investigación.[4] El pensamiento transhumanista propugna el desarrollo de una nueva época protagonizada por un nuevo ser, no ya humano, sino transhumano e imagina un futuro inmaterial para la humanidad. El cuerpo es considerado no sólo superfluo sino también un obstáculo. La imperfección no nos viene dada como seres pensantes sino como cuerpos torpemente diseñados, anticuados para moverse en el nuevo ambiente que se gesta a través de las nuevas tecnologías. Sus partidarios se consideran inscritos en un nuevo paradigma que rechaza el anterior basado en la idea de que la condición humana es constante. Buscan sustituir la evolución natural por el cambio deliberado que se realizará gracias a la creación de órganos, la combinación de genes entre especies y los avances tecnológicos ligados a las máquinas. La conciencia es lo único salvable y por tanto la muerte del cuerpo y la transferencia de la conciencia a un sistema informatizado nos llevarán a la inmortalidad, una de las metas del Transhumanismo. La muerte es considerada una deficiencia fisiológica del organismo humano que puede ser suplida por la eternidad  cuando la conciencia sea libre en el chip de un ordenador o cuando el cuerpo sea criogenizado en espera de la existencia infinita. Se desea trascender la muerte como límite máximo. Una vida eterna sin encarnación corporal.[5]

En el otro extremo, encontramos numerosos discursos que desde la antropología y la perspectiva de género, mantienen una posición constructivista del cuerpo. Según estos enfoques, el cuerpo es considerado una construcción social, un mero envoltorio sobre el que actúan los discursos y las prácticas sociales. El cuerpo es visto como una construcción simbólica y no se tiene en cuenta ni lo carnal ni la experiencia del mismo. Entre estas propuestas encontramos la interesante visión de Le Breton[6] que analiza el modo en que hoy en día se construyen los cuerpos centrándose en aspectos sociales, culturales y también biográficos. Más llamativas son las propuestas que como la de Haraway[7] plantean un proyecto de emancipación y liberación, en este caso de las mujeres, a través de la creación de nuevos seres, cyborgs, que supondrían de hecho la superación de las diferencias de raza, género y clase. Desde una visión constructivista, su busca la creación de un nuevo ser para escapar a la opresión. Un nuevo individuo no humano que gracias a la tecnología suponga una simbiosis entre humano y máquina creando una nueva identidad. La identidad cyborg.

Resulta curioso observar cómo en estas propuestas, teorías constructivistas y esencialistas se dan la mano en el rechazo del cuerpo.
Frente a estos enfoques teóricos, encontramos también propuestas fenomenológicas que sitúan al cuerpo como centro de lo humano. El cuerpo es considerado la base de la acción y la experiencia. Es la localización física desde la que hablamos, conocemos y actuamos y por eso, toda acción es primero acción corporal. Se considera que el cuerpo moldea el lenguaje y las estructuras racionales que utilizamos para comprender el mundo y al mismo tiempo el cuerpo es penetrado también por las relaciones de poder. La propuesta de F. Ortega se inscribe en este enfoque y plantea el cuerpo como lugar central en el mundo que se experimenta como centro de visión, centro de acción y centro de interés. El cuerpo que somos y tenemos no es sólo un objeto de control y vigilancia, ni una construcción discursiva, mediática o especular, sino el sujeto de la experiencia y de la acción. Es una posición que tal y como Merleau-Ponty afirmaba, sitúa el cuerpo en el punto cero de todas las dimensiones del mundo.

Considero que estos diferentes enfoques teóricos pueden iluminar algún aspecto relacionado con el cuerpo pero creo que la teoría lacaniana va más allá al plantear las tres dimensiones del cuerpo, real, simbólico e imaginario. Las propuestas previas dejan de lado alguna de estas dimensiones, y además, la fenomenología es cuestionada en su idea del cuerpo como punto cero y como lugar de unidad[8]. Siguiendo a Lacan, para que haya cuerpo tiene que haber un viviente, un otro y el Otro simbólico. No es por tanto el cuerpo el que moldea el lenguaje y las estructuras racionales sino que es el lenguaje el que marca y moldea el cuerpo y el sujeto.

Podemos afirmar que en la actualidad tenemos dos visiones del cuerpo aparentemente paradójicas. Por un lado, el cuerpo como lugar del mal, cuerpo despreciado que hay que remodelar y a poder ser, eliminar. Es la idea que subyace en las teorías que consideran la encarnación biológica como un mero accidente histórico y no como una característica inherente a la vida. Por otro lado, nos encontramos con el cuerpo mimado, cuidado, en el que el individuo busca su desarrollo y salvación. Se trata del intento de suturar la falta, la división, lo inconsciente y lo pulsional por el culto y cuidado del cuerpo. El cuerpo como respuesta a la división del sujeto. Ante el Otro que no existe y la falta de los otros, lo que queda es la salida por el cuerpo. Pero este cuerpo mimado es, además de objeto de mercado, un cuerpo sometido a un proceso de transformación constante. Y de este modo la paradoja se desvanece. El amor desmedido al cuerpo se revela como otra cara de lo mismo: el rechazo del cuerpo vivo y por tanto, cuerpo de goce, que además se deteriora, enferma, envejece y muere y eso, hoy, es cada vez más insoportable.



[1] El cuerpo incierto, F. Ortega, 2010.
[2] En 1986 se produjo la fusión entre los reinos animal y vegetal cuando el gen de la luz de las luciérnagas se introdujo en el código genético de la planta de tabaco para conseguir que las hojas resplandecieran.
[3] El autoritarismo científico. J. Peteiro, 2010
[4] Es el llamado enfoque Nano-Bio-Info- Cogno, NBIC.
[5] Página Web de la Asociación Mundial Transhumanista www.transhumanism.org
[6] Antropología del cuerpo y modernidad, D. Le Breton, 1.995.
[7] Análisis en Ontología cyborg, T. Aguilar, 2008.
[8] Como afirma J. A. Miller en Biología lacaniana, Lacan critica a Merleau-Ponty porque el cuerpo como lugar de unidad es la identificación entre ser y cuerpo que implica de hecho borrar al sujeto.

lunes, 8 de octubre de 2012

Hacia las primeras Jornadas de la Red.


Por Ana Castaño.

En relación al eje de trabajo: “La ética y el síntoma corporal” me gustaría compartir con vosotros en este previo a nuestra primera jornada una reflexión que toca de lleno la ética desde la perspectiva médica y desde la perspectiva del psicoanálisis que no coinciden en sus principios  ya que los discursos que las sustentan tienen orientaciones bien distintas: El Psicoanálisis está orientado por la causalidad psíquica, por lo real de la misma, mientras que la medicina en su furor sanandis  se orienta por hacer de ese real algo asible, posible de cercenar aún sin consentimiento del sujeto en cuestión, por que en nombre de la Ciencia es mucho lo que se permite incluso en esta época moderna se aproxima al sin limite.
Tradicionalmente la Medicina ha considerado los acontecimientos del cuerpo a los que denomina signos y que no tienen un claro sustrato orgánico del lado de la conversión, es decir, de la Histeria con el tono peyorativo que tiene esta consideración: No tomar en serio a estos sujetos que padecen y en muchas ocasiones van a la deriva de un especialista a otro sometiéndolos a pruebas de todo tipo. Pero lo que quiero resaltar en esta reflexión es la importancia de localizar a un sujeto en su estructura ya que todo lo que pasa por el cuerpo no es del orden de la histeria y desde la medicina es muy importante tener en cuenta esta diferencia ya que no siempre conviene que desaparezca radicalmente un síntoma corporal.
En la Convención de Antibes  sobre Psicosis ordinaria hay un capítulo sobre “Fenómenos del cuerpo y estructuras” que ilustra bien esta cuestión.
En la clínica actual aparece otra dificultad en relación a la psicosis que no siempre se muestra con alteraciones del lenguaje y del pensamiento como refiere la psicopatología clásica sino que aparece a través de un modo muy particular de situar el goce como tal en el cuerpo.
A continuación transcribo partes de un escrito que me dirigió una paciente diagnosticada de Síndrome de fatiga crónica y de hipersensibilidad química y sensorial. Una de sus características es haber hecho de un hombre su estrago hasta límites insospechados desplazando ese estrago hacia su relación con la medicina.
“Sobre mi enfermedad y mis limitaciones”:
Un discapacitado orgánico grave, como es nuestro caso, aunque nos encante el deporte nos es imposible practicarlo por que nuestro organismo no nos lo permite.
Nos sentimos como un muñeco de trapo que no nos acompaña ni el cuerpo ni la mente.
Tampoco podemos leer continuadamente ni procesar la información a tiempo real. Tenemos que anotarlo todo con lo cual en muchas ocasiones como no nos lo escriba otra persona no podemos realizarlo por nosotros mismos. Mucho menos estando en posición vertical, pues con la fuerte inestabilidad ortostática, es imposible pensar  ni realizar ningún procesamiento mental ni físico.
¡Estamos KAO! o sea sin capacidad ninguna ni de hablar ni de procesar nada ni de saber donde estás ni que hacer, sólo necesitamos buscar algún lugar en el que poder respirar y acostarte y lo demás ya se vera……..
 Después, cuando descansemos y estemos en posición horizontal, debemos leerlo todo muy despacito para saber que es lo que nos dijeron, no siempre es posible…..”.
Extraño lugar el de esta mujer en el mundo donde parece tener serias dificultades para sostenerse…..¿Que ética es posible?.

Ana Castaño.
Octubre 2012

miércoles, 3 de octubre de 2012

De la ética del antibiótico a la ética de la palabra.


De la ética del antibiótico a la ética de la palabra (1).

Por Araceli Teixidó.

La ética en medicina suele plantearse en ocasión de graves dilemas, pero podemos considerar también una ética cotidiana: la ética de la posición del médico (2). Propondré a continuación que ésta se mueve entre dos términos de la ética del antibiótico a la  ética de la palabra.
Podríamos pensar que la penicilina marca una divisoria entre el chamanismo y la medicina científica, entre dos modos de entender la medicina, entre dos posiciones del médico.
Antes de que la medicina se identificara al modelo científico natural basado en el  tratamiento de las enfermedades infecciosas, el médico curaba también con su presencia, con sus palabras. Nunca excluía la posibilidad de la muerte. Si el paciente no se curaba, él continuaba a su lado. El médico asumía los límites del poder de la medicina al hacerse cargo de sus imposibles.
Hasta que el antibiótico subvirtió esta proporción al introducir la posibilidad de que el paciente no muriese (3). La compañía del médico devino menos importante: se trataba de curar (4).
A partir de ese momento se fue configurando una posición que propongo llamar ética del antibiótico. Se puede resumir en la actitud habitual entre algunos médicos: yo hago bien mi trabajo, déjeme en paz, no me cuente su vida. (5)
  Por otro lado, sabemos que el antibiótico no alcanza el ideal. La enfermedad y la muerte no han sido erradicadas. Pero se fue asociando cada vez más medicina con salud. Entendiendo la salud de una sola manera que se impuso. ¿Con que criterio decide el médico cuál es el interés del enfermo? (6)
Existe una diferencia entre el bien que se quiere para el enfermo y lo que el enfermo desea. Diferencia que podemos ejemplificar con la realidad de las decisiones que cualquier persona toma en su vida. Lo bueno se localiza en el lugar del ideal a realizar, pero en las decisiones cotidianas elegimos según otra referencia, incluso contra nuestro bien. Porque se trata de otra clase de bien que no es el del ideal (7). En el ideal estimamos que lo bueno es ir al gimnasio, comer equilibradamente, sostener relaciones personales sanas…pero en realidad elegimos quedarnos en casa, comer lo que sea y continuar esa relación que no nos conviene.
Sin embargo cuando decidimos por el enfermo, el criterio será el bien del ideal. Es decir, nosotros transgredimos cada día nuestra dieta pero al enfermo le haremos cumplir: por su bien (8).
El antibiótico y su potencia inauguraron una medicina en la que se podía curar a la mayoría de pacientes sin atender a sus particularidades. Lo particular en medicina no son sólo las diferencias individuales en las manifestaciones de una enfermedad. Particular es la manera de entender cada uno su enfermedad y la relación con el médico; particular es la manera de entender el propio bien. Esta es la particularidad que se excluyó con la entrada de la medicina en el ámbito científico (9).
La filosofía de los cuidados paliativos, al reintroducir el límite en la potencia de la medicina, reintroduce el valor de la relación entre el médico y el enfermo.
La falta de soluciones relativiza la idea de lo que sea el bien y nos obliga a reconsiderar la ética (10).
Victoria Camps (11) señala que los problemas de los clínicos no se plantean ante cuestiones abstractas si no ante pacientes concretos. Es en el caso por caso que aparecen los dilemas éticos. Y aunque los principios orientan la práctica y por tanto son imprescindibles, no nos dicen como se resuelve cada caso.
El psicoanálisis como práctica de la palabra ¿puede arrojar luz sobre estas cuestiones? ¿Podríamos hablar de una ética de la palabra desde esa perspectiva?
El sujeto de la ética kantiana, el sujeto autónomo de la ética médica no es el mismo que el de la ética del psicoanálisis, el del inconsciente.
El sujeto  kantiano es el sujeto autónomo, el de la razón. El sujeto freudiano es el del inconsciente, el de la razón que falla, pero que no falla porque si, si no que llama a otra verdad que no es la de la razón (12). Se trata de él cuando hablamos de aquellas decisiones que contrarían el  bien del ideal.
A pesar de la diferencia, quizá se les pueda relacionar puesto que se trata en ambos casos de un sujeto al que se considera responsable de sus actos y decisiones.

Araceli Teixidó
Psicóloga clínica, psicoanalista

1. Las consideraciones tratadas en este texto parten de la Comunicación presentada en el VII Congreso de la SECPAL, “Cuidados paliativos: de la ética del antibiótico a la ética de la palabra”. Es un trabajo que tiene su raíz en el trabajo del Grupo de Bioética de la SECPAL, del cual formé parte.
Las elaboraciones planteadas son fruto del trabajo clínico en la unidad de Larga Estancia donde atendemos a enfermos paliativos no oncológicos y a sus familias. Es un trabajo en el que se colabora estrechamente con los médicos y las enfermeras de dichos equipos en la atención de los aspectos psicológicos de la tarea asistencial. Las elaboraciones teóricas son también fruto de mi actividad en el marco del trabajo en la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y el Grupo de Investigación sobre Psicoanálisis y Medicina de la Sección Clínica de Barcelona del Instituto del Campo Freudiano.
2 .Lacan, J. Psicoanálisis y medicina. En: Intervenciones y textos 1. Buenos Aires: Ediciones Manantial. p. 86-99.
3. Entralgo, L. La praxis médica. La realidad del enfermar. En: Historia de la Medicina. Barcelona: Salvat Editores; 1978. p. 643-644
4. No son estas directamente las afirmaciones en los textos de Historia de la Medicina, pero se pueden deducir del estudio de la misma.
5. Un ejemplo que muchos reconocerán sería el protagonista de la serie House, médico que falta a la ética de la palabra amparándose en un objetivo puramente científico y en la eficacia de su método.
6. Fainzang, S. La relation médecins-malades: information et mensonge. Paris : Presses Universitaires de France; 2007.
7.Lacan, J. La función del bien. En: Seminario 7. La ética del psicoanálisis. Buenos Aires: Editorial Paidós; 1988. p. 263-277.
8.Barbero, J. El respecte pel dret de les persones que no poden protegir-losL’ Alzheimer un repte per la infermeria. EUI Santa Madrona. “Obra Social de la Caixa“. p.115-119.
9. Palomera, V. Psicoanàlisis y medicina. En Amor, Cuerpo y locura.  Córdoba: Hugo Báez Editor; 2005.  p. 7-27.
10. Miller, J-A.  Patología de la ética. En: Lógicas de la vida amorosa. Buenos Aires: Ed. Manantial; 1989. p. 65
11.Albert R. Jonson et al. Prólogo de Victoria Camps. En: Ética clínica. Barcelona: Ariel; 2005. p. 7-11
12. Varios Autores “Seminario Lakant” Barcelona: ELPCF; 2000. ISSN.1576-3145  p. 23 a 28  y 32.




[1] Extracto de la comunicación libre presentada en el Congreso de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos – SECPAL - el año 2008 en Salamanca

lunes, 10 de septiembre de 2012

Del dicho al hecho...



Ceres Lotito

La distancia entre la salud física y la salud subjetiva nos lleva a incursionar sobre ese “gran trecho”, entre lo que establece el campo de la terapéutica, que va del diagnóstico al tratamiento de la enfermedad, y la clínica a pie de obra,  que se juega en esa dimensión de la medicina como arte.

Todo profesional de la medicina se confronta diariamente a los relatos del malestar en el cuerpo de sus pacientes. Posición en que hay que articular el dolor en el cuerpo  y la palabra que habla de ello.

Su saber se pone así a prueba para intentar acallar ese dolor, ese malestar. Hay un jeroglífico de signos corporales  que emerge  en la consulta.

Si bien el cuerpo como organismo nos homogeniza, existe una gran variabilidad en las respuestas a la terapéutica indicada para una misma dolencia.
Esta variabilidad que nos interroga, puede abrirnos las puertas a preguntarnos: ¿el cuerpo que miramos y medimos es el mismo cuerpo del que nos habla el paciente?

La medicina como arte es la vertiente por la cual transitar para aproximarnos a ese más allá del cuerpo como mecanismo, en donde la dimensión de lo propiamente humano subvierte el conocimiento estandarizado que nos ofrece la vertiente científica –tecnológica.
Lo no calculable, lo no previsible nos remite a la pregunta de ¿qué nos hace humanos?
Este interrogante nos lleva a reflexionar:
¿Este cuerpo tiene más de una dimensión?
¿Es el mismo cuerpo el que se puede analizar en una radiografía, un escáner, un análisis de sangre o cualquiera de las pruebas diagnósticas que en la práctica clínica se manejan para detectar el estado físico de un paciente y la vivencia que dicho paciente tiene de su cuerpo?

Cuando se recibe una consulta y se demanda una intervención es porque hay un dolor, un malestar que el sujeto no sabe a que atribuir o no sabe como aliviar para recuperar “el silencio de los órganos” que le permita continuar sin sentirse limitado en su quehacer, en su vida cotidiana, en sus proyectos, en sus intenciones, etc.

Ser demandados, implica que el paciente nos coloca en posición de interpretar eso que no va y ante lo que él no sabe que hacer. Más allá de recurrir a otro al que supone el saber, nos coloca en posición de intérpretes, de lectores.

Con nuestro saber clínico y la información de las pruebas diagnósticas podemos dar respuesta, dar un tratamiento orientado a restablecer el bienestar. Pero muchas veces constatamos que lo que nos dice el cuerpo como organismo no va en consonancia con lo que nos dice la persona.

Desde las fibromialgias, las fatigas crónicas, pasando por la distorsión de la percepción corporal en la anorexia hasta el fenómeno del “miembro fantasma” en algunos casos de amputaciones, así como las diferentes maneras de soportar el dolor del post-operatorio, etc., ponen en primer plano la singularidad de la vivencia subjetiva del cuerpo.

Cuando nos remitimos estrictamente al cuerpo como organismo podemos llegar a un acuerdo de cuáles son los valores de su homeostasis. 
Cuando tomamos como punto de partida lo mental, las cosas ya escapan a los estándares.
Una cosa es la salud física y otra muy diferente es la salud subjetiva.
El cuerpo subjetivo ¿se puede describir en tercera persona como lo hacen las pruebas diagnósticas?

¿Porque si todos tenemos un cuerpo orgánico similar, no todos reaccionamos igual ante similares situaciones en que su homeostasis se altera?

La complejidad del ser humano nos confronta a que su dimensión no es una unidad indiferenciable,  es más que un organismo, es más que mecanismos de circuitos neuronales, información genética, reacciones reflejas, etc.

Cómo leamos la enfermedad y desde donde respondamos, orientará nuestra posición y nuestra práctica clínica.
La enfermedad como un fallo de los mecanismos de homeostasis de nuestro organismo , la enfermedad como una respuesta, la enfermedad como la confluencia de factores bio-psico-sociales, como mensaje a descifrar, etc.  Este es el campo que se despliega cada vez que atendemos a un paciente. Campo que hace presente que las respuestas no pueden estandarizarse por la propia complejidad de lo que nos hace humanos.

Cuando la ciencia ya no llega con sus certezas, lo que queda es nuestra posición ante ello y en ella ya no juegan su partida nuestra capacitación técnica, ni nuestro saber científico.

El arte de la medicina tiene a la ciencia como principal aliada, pero el acto médico va más allá cuando las certezas se esfuman y entramos en aspectos no definibles desde la ciencia.
Es el campo de la ética en el que nos adentramos entonces, el campo de los límites que se eligen respetar, siendo muy cuidadosos de no caer en banalizaciones psicologicistas.

Poder escuchar el valor subjetivo de la enfermedad implica escuchar al enfermo, saber conjugar los dos planos que se ponen en juego en el acto médico, el orgánico y el subjetivo.
Los medios y los límites tanto de nuestra terapéutica como de nosotros mismos, es nuestro desafío.

Ceres Lotito
CEPmedicina


lunes, 30 de julio de 2012

Con el anuncio de la I Jornada de la Red, nos despedimos por vacaciones. Agradecemos las excelentes colaboraciones de nuestros colegas y la buena acogida que ha tenido el Blog en esta primera temporada.  
¡Nos vemos de nuevo en septiembre! 


I Jornada de la Red Psicoanálisis y Medicina
Psicoanálisis y medicina, hoy

El psicoanálisis nació a finales del s. XIX en el seno de la medicina a partir de la investigación acerca de las enfermedades que se resistían al tratamiento médico pero cedían con el uso de la palabra. Pasada la primera mitad del s. XX, la conferencia de Jacques Lacan, Psicoanálisis y medicina trata del lugar del psicoanálisis en la medicina, cuestión que todavía hoy está abierta seguramente por razones estructurales.
La relación entre psicoanálisis y medicina es siempre singular porque se produce en cada ocasión en que psicoanalistas y profesionales de la medicina ponen su práctica a colaborar, a debatir, a trabajar: no son conexiones abstractas. Por eso es una relación en la que no establecemos protocolos, ni fórmulas, si no que propiciamos las condiciones del encuentro a partir de la práctica y la conversación.
¿Cómo se establece este lugar en el s. XXI? ¿Cómo se configura en la práctica de cada profesional?
El texto Psicoanálisis y Medicina que tomaremos como referencia para el debate de estas primeras Jornadas de la Red, fue presentado por Jacques Lacan en una mesa redonda realizada el 16 de febrero de 1966, en la Salpêtrière.
Muchas de las cuestiones planteadas en esta conferencia son de gran actualidad. Se anticipa el rápido cambio que se producirá en la función del médico y las consecuencias de la influencia del discurso científico en su práctica. Y se advierte de que el encuentro del organismo con el lenguaje comporta la pérdida de la naturalidad.
El médico se encuentra enfrentado a problemas nuevos y Lacan organiza la presencia del médico en el mundo en dos dimensiones: la primera es la de la respuesta a la demanda del enfermo, dimensión en la que sitúa “la posibilidad de supervivencia de la posición propiamente médica”. La segunda dimensión en juego es la de la ética cuando toma su referencia del goce.
"Psicoanálisis y medicina" sigue siendo un referente para practicantes de la medicina y del psicoanálisis. En esta ocasión nos acercaremos a él a partir de frases puntuales extraídas del texto para conversar acerca de la situación actual de esta relación.  


La jornada se organizará en torno a dos ejes que son las dos dimensiones que encontramos en el texto:

1.      La demanda y la función del médico

  •    "Es Galeno quien escribió en su tratado que el médico en su mejor forma es también un filósofo" (P.87)
  •    “Lo que indico al hablar de la posición que puede ocupar el psicoanalista, es que actualmente es la única desde donde el médico puede mantener la originalidad de siempre de su posición, es decir, la de aquel que tiene que responder a una demanda de saber, aunque sólo se pueda hacer llevando al sujeto a dirigirse hacia el lado opuesto a las ideas que emite para presentar esa demanda” (Pág. 97)
  •     "En la medida en que más que nunca la ciencia tiene la palabra, más que nunca se sostiene ese mito del sujeto supuesto saber, y eso es lo que permite la existencia del fenómeno de la transferencia en tanto que remite a lo más primitivo, a lo más arraigado del deseo de saber" (Pág. 98)

  1. La ética y el síntoma corporal
  •    “Permítanme delimitar más bien como falla epistemo-somática, el efecto que tendrá el progreso de la ciencia sobre la relación de la medicina con el cuerpo” (Pág. 92).
  •     "Voces, miradas que se pasean, eso es algo que viene de los cuerpos, pero son curiosas prolongaciones que al primer aspecto, e incluso al segundo o al tercero, sólo tienen pocas relaciones con lo que yo llamo la dimensión del goce. Es importante localizarla como polo opuesto, pues ahí también la ciencia está vertiendo ciertos efectos que no dejan de comportar  algunas apuestas" (Pág. 93)
  •     “¿Qué podrá oponer el médico a los imperativos que lo convertirán en el empleado de esa empresa universal de la productividad?” (Pág.98-99)

El texto de la conferencia se encuentra en "Intervenciones y textos 1" en Editorial Manantial. Las páginas reseñadas corresponden a esta edición.


Comisión: Santiago Castellanos, Araceli Teixidó (responsable) y Liana Velado.

Lugar: Sala do Consello do Goberno, Reitorado da Coruña.
Paseo de la Maestranza, 9 - A Coruña 15001
Fecha: 9 de noviembre de 2012 de 16 a19 h.
Colaboración con los gastos: 15 € a pagar in situ
Se ruega formalizar inscripción enviando un correo a lianavelado@gmail.com
AFORO LIMITADO

lunes, 23 de julio de 2012


LO QUE LA BAJA VELA por Carolina Tarrida

Una de las causas más generalizadas apuntada tras la baja laboral, es el diagnóstico de depresión. Bajo este significante se convocan multitud de manifestaciones clínicas tanto de orden somático como psíquico. En muchos casos, un tal diagnóstico, deja al sujeto fijado a una llamada patología que no hace si no dejarlo en una posición de irresponsabilidad, y por tanto de indignidad, alejándolo de la exigencia ética esperable del bien-decir sobre su malestar.
Este fenómeno que encontramos en la actualidad, el exceso de este tipo de diagnósticos de depresión, viene a engrosar el principal rasgo de este afecto según Lacan, a saber, la cobardía moral. De hecho, Lacan no recorre a la psiquiatría para pensar esta categoría diagnóstica sino que se dirige hacia la patrística, hacia un pecado capital llamado Acedia, para colocarla del lado de la falta moral. Hay una traición del sujeto hacia sí mismo, en el sentido de traicionarse en el propio deseo y no hacerlo valer mediante el bien-decir, saliendo así del puro senti-miente. Partiendo de la base de que el afecto engaña, hay que introducir algo del pensamiento según Lacan, algo del lenguaje. No se trata de un síntoma, sino de un desfallecimiento en el lenguaje. No hay falta clínica, ni del lado del ser, ni del lado del goce, sino que es una falta de otro orden. Es un defecto del bien-decir.
Podemos pensar entonces, que el hecho de proporcionar como etiqueta ese significante al sujeto escondido en ese afecto, no hace sino encubrirlo más en su silencio que ya no requiere de ningún sentido más, ya no invoca ningún decir más. Tenemos el diagnóstico y tenemos el tratamiento. En medio el sujeto en silencio. Se podría pensar que se trata precisamente de intervenir en ese en medio en el que queda escondido el sujeto, en ese intervalo, para abrir una brecha mediante la puesta en duda del sentido cerrado de ese S1, y dar lugar así a algo del discurso a construir del sujeto. Desengancharlo de ese sentido que viene dado. Cottet en su artículo nos dice que se trata “de una enfermedad esencial al discurso del amo, que comporta un rechazo de la lucha”[1].
J viene al Cpct tras haber estado casi un año de baja laboral por depresión. La depresión se la ha causado un jefe “arbitrario y déspota” con el que no ya no sabe como relacionarse. Viene a pedir “armas” para ello. Su queja se apoya en la frialdad de una sociedad deshumanizada, que no tiene en cuenta a las personas buenas y sensibles, y contra la que el débil no puede luchar. Antes las empresas no eran así. Él es buena persona, sensible, y no puede hacer nada contra los poderosos que abusan de su poder sobre los débiles. Él huye del enfrentamiento, cree en la capacidad de entenderse hablando, dialogando, etc. Se hace difícil abrir algo más en su discurso. Poco a poco puede ir hablando de aquello sobre lo que él ha fundado su posición, y que le lleva a introducir algo de su historia familiar. Está luchando por preservar sus valores de solidaridad, compañerismo, servicio a los demás, el no enfrentamiento, tal como hizo su madre. Una vez identificado eso, puede dar lugar a una nueva pregunta que caerá más del lado del goce puesto en ese malestar: si se da cuenta del daño que le hace esa lucha, del precio que paga por ello, ¿por qué no puede dejar esa adicción? Poniendo el acento en ese significante adicción (a-dicción, que lo introduce en una nueva dicción), se cierra ahí el trabajo en el Cpct y se deriva a trabajo analítico en otro lugar. Esta viñeta quizás permitiría ver algo de esa separación que se pudo operar de algún modo respecto a ese “estar de baja por depresión”, S1, para poder dar lugar a la significación más particular que tuvo su malestar para él, y haber podido abrir ahí la brecha necesaria para acoger la serie de significaciones que él le puede dar a su malestar.  

Ahora bien, para que pueda dar ese movimiento, se debe poder plantear la posibilidad de perder algo. Salir de ese silencioso goce, implica perder algo de él.

C, una mujer joven alrededor de los 30, es finalmente despedida tras varias bajas laborales por ansiedad. No entiende qué le pasa. Ella en “su día a día” está bien, pero a veces se siente mal y no lo ha hablado nunca con nadie. Hasta ahora creía que podía sola. Hace 10 años perdió a tres miembros de su familia en un lapso de tiempo de 5 años. Al ser preguntada sobre el porqué de consultar ahora, apunta a que algo ha empeorado en los últimos 6 meses desde que perdió el trabajo. Coincidió con que su madre sufrió un infarto y está esperando que le implanten un marcapasos. Todo lo que había permanecido en un silencio pactado implícitamente por la familia hasta entonces, vuelve en ese momento. En las primeras sesiones, al hablar sobre lo que pasó con esas bajas laborales hasta llegar al despido, se refiere sólo a la injusticia que hizo la empresa con ella, no entendieron nada de lo que ella dio, habla de rivalidades internas, del mobbing que una compañera le hacía tras un ascenso, etc. Más allá de eso, aparece una dificultad de separación respecto a ese dolor silencioso familiar. Cuando algo sucedía en la familia, ella salía corriendo de la oficina, pasaba a “otra escena”, no puede evitarlo. Nada parecía importar más. Quería ayudar a su familia, estar ahí; total, no le costaba nada. Al señalar este “no costaba nada”, aparece que el precio es su “día a día” representado en la pérdida de su trabajo (ya sea temporal en las bajas o definitivo en el despido). Pierde eso con lo que ella contaba como algo valioso, ahí donde ella estaba bien. Después de esta sesión, se apunta un trabajo de duelo que había intentado posponer o anular bajo ese silencio, “quedando pegada a esa escena dolorosa silenciosa”. Tras una cierta separación de ese silencio familiar que se da ya por el simple hecho de dirigirse al Cpct a hablar con Otro, apunta a algo de la separación de su propio dolor respecto al de su madre concretamente, y queda emplazada a trabajar en otro lugar si así lo decide para “dejar de ser penitente junto a su familia”.
Otra separación menos aparente que ilustra también esta viñeta, es respecto a los significantes que la habían estado encubriendo hasta entonces, a saber, baja laboral, mobbing, etc.   

Tras estos dos ejemplos, y entendiendo el tema que nos ocupa como algo que toca a las nuevas modalidades del vínculo social, podríamos tomar como referencia la ponencia de Hebe Tizio en las últimas jornadas del Cpct Barcelona[2], cuando afirmaba refiriéndose a la precariedad, que se trata de poder escuchar algo de “las diferentes declinaciones cuando se introduce la subjetividad” abriendo la posibilidad de pensar esos significantes que aparecen como producto de la globalización y la llamada hiper-modernidad, en términos de plural. Así como Tizio propone entonces su título en plural, “Precariedades”, parece igual de oportuno pensando nuestro objeto de reflexión, la baja laboral, desde el trabajo a realizar en el Cpct: pasar de la baja laboral a las bajas laborales, en tanto en cuanto nos ocupamos del uno por uno, y no obturamos la diversidad bajo el pretendido enunciado único que propone la globalización, en su intento de globalizar incluso los malestares, de los que afortunadamente desde el psicoanálisis aún podemos llamar sujetos.
NOTA: Texto preparatorio para la ponencia “Baja Laboral S.A” que los miembros del primer Stage Cpct-Barcelona presentamos en el Encuentro Internacional Pipol 3 “Psicoanalistas en contacto directo con lo social” (2007)




[1] Cottet, S. “La belle inertie”. Ornicar ? revue du Champ freudien, nº 32, janvier-mars 1985, p.68-86
[2] Notas sobre ponencia de Hebe Tizio titulada “Precariedades”, en la II Jornada del Cpct en Barcelona, en Octubre 2006, bajo el título “Globalització i modalitats del víncle social: efectes subjectius”

lunes, 16 de julio de 2012


BIOÉTICA Y COMITES DE ÉTICA
Por Esther González

En las últimas décadas el progreso de la ciencia ha supuesto un cambio radical en la medicina, ofreciéndonos la posibilidad de resolver problemas que antes no tenían solución; pero también dando lugar a la aparición de dilemas muy complejos.
En el S XVII comienza la tecnociencia, donde el conocimiento científico sirve de forma directa al desarrollo técnico, desapareciendo la brecha entre investigación pura y aplicación. El cuerpo en medicina se empieza a concebir como una máquina y la unidad del cuerpo queda fragmentada en órganos y sistemas.
Posteriormente la biología introduce un saber en la medicina que no puede pensarse sin la efectividad técnica: nace la biotecnología, tecnociencia aplicada a lo vivo y que no distingue entre conocimiento y aplicación. La medicina pasa a ser experimental y se justifica el progreso científico a pesar de que, en muchas ocasiones, hay un claro conflicto entre progreso científico y bienestar humano.
En los años 90 la Medicina Basada en la Evidencia se presenta como la posibilidad de disponer de información fiable, capaz de dar respuesta a cualquier pregunta durante la práctica clínica. Si bien Gordon Guyatt, uno de sus fundadores, advierte: “La evidencia por si sola nunca es suficiente para tomar una decisión en clínica; se trata de un complemento, no de un sustituto de la experiencia y del juicio clínico”.
Los últimos avances en investigación genética abren otro gran campo de debate, donde algunos autores se hacen la pregunta sobre si no estaremos en el umbral de un supermercado genético. Con el desarrollo de la neurociencia se habla de medicina “perfectiva” o de intervenciones de mejora en humanos.
Pero el uso indiscriminado de la ciencia y la posibilidad de intervención en lo más íntimo de las personas, pone en juego no sólo los medios de la medicina sino también sus fines, como señala el informe “Los fines de la medicina” del Hastings Center de Nueva York.
La medicina moderna tiene tal capacidad de intervención en el cuerpo humano que, a partir de los años 70, algunos profesionales se empiezan a preguntar si todo lo que es técnicamente posible debe ser llevado a cabo o no. Se  interrogan por la posición ética de su práctica y sus preguntas las dirigen a la filosofía; el objetivo es mostrar que ninguna decisión médica es justificable si no se toma en cuenta al paciente. Nace la Bioética y se pone en cuestionamiento el ideal de cientificidad y objetividad.
Aparece un campo de reflexión sobre los principios que orientan a los profesionales en su práctica clínica; los avances de la ciencia producen un cambio de posición en el médico, donde su juicio clínico ya no es una brújula, como señala Lacan en 1966
Uno de los problemas que se plantean, es si la ética es una lógica intrínseca de la ciencia moderna o se trata de algo externo a la misma, que debe regirla y regularla, siendo entonces necesario un discurso que sostenga lo que la tecnociencia no puede sostener: la responsabilidad ética. La forclusión del sujeto operada por la ciencia deja a esta por fuera de la ética.
El intento de la Bioética es la humanización de la asistencia sanitaria; se interrogan sobre la práctica clínica actual, donde el acto médico queda borrado, sustituido por los resultados de los ensayos clínicos y anulando el valor clínico del síntoma y la palabra.

Se plantea la pregunta acerca de quien tiene que tomar decisiones que afectan al cuerpo de una persona; la relación clínica queda constituida, del lado del profesional, el que tiene la información técnica y del lado del paciente, el que tiene la capacidad de decidir.         
Construyen un paciente ideal, capaz de reflexionar y tomar decisiones en cualquier circunstancia; sin tener en cuenta sus vacilaciones, limitaciones y la situación de fragilidad en la que se encuentra. Sin darle tiempo para comprender. 
Colocando al profesional en un lugar también ideal, a la búsqueda de la excelencia; sin tener en cuenta que si la práctica clínica está aplastada por la tecnología, esto tiene efectos  en los profesionales.
El profesional, lo quiera o no, está involucrado en su práctica; cada vez más angustiado, culpabilizado y desorientado. No sabe donde dirigir sus preguntas, ni donde puede ser escuchado; su sufrimiento no pasa por la palabra, en todo caso por alguna reacción puntual de desahogo o impotencia en el ámbito privado, entre compañeros. Para seguir adelante con el imperativo de conseguir la eficacia, la eficiencia y la excelencia.
La Bioética cuenta con una figura institucional específica, los Comités de Ética (CEA) que surgen con el fin de ayudar cuando hay conflictos entre los valores éticos del profesional o entre los del profesional y el paciente; su labor es fundamental para asesorar o proponer protocolos u orientación de actuación en casos de conflicto ético.
Utilizan la deliberación que toman de Aristóteles; el diálogo deliberativo busca el entendimiento, discutiendo racionalmente los distintos puntos de vista para encontrar la mejor elección. No se puede hablar de calidad asistencial sin tener en cuenta los valores humanos y los principios éticos implicados en la misma.
Los CEA aparecen en un momento de impasse del discurso médico-científico; discurso que hasta ese momento, era suficiente para responder a los problemas que derivaban de su práctica. Se crean como un intento de establecer un lugar donde el discurso de la ciencia esté atravesado por la palabra y donde la interrogación sobre la práctica clínica sea posible.
Pero en muchas ocasiones se observa en su funcionamiento una tendencia hacia lo jurídico, plantea Diego Gracia, acorde a la norma establecida, en lugar de plantear el interés subjetivo que puede presentar un dilema médico. 
Para terminar quisiera comentar que hace ya siete años, decidí solicitar formar parte del CEA en el hospital donde entonces trabajaba.
¿Qué lugar para alguien orientado por el psicoanálisis en un CEA? Sostener esta pregunta es estar advertido para no dejarse arrastrar por la inercia de producción de protocolos, procedimientos y guías de buenas prácticas tan instalada en las instituciones.
Laurent plantea que el analista en la institución no es aquel que agrega un saber técnico más, sino el que trabaja para recordar que si el Otro está barrado; si la instancia simbólica no alcanza lo real que insiste, buscar el buen reglamento está condenado al fracaso. Es una indicación política que aporta el psicoanálisis ya que si la posición simbólica bastara no habría necesidad de hacer política; bastaría que la Administración hallara las buenas normas y las aplicara.
Cómo introducir entonces algo de lo que no va, para que la interrogación tenga un lugar. Contaré lo que considero un ejemplo: el hospital encargó al CEA unas Jornadas sobre cuidados al final de la vida, tema actual y controvertido, ya que coloca al profesional frente a una pregunta ¿Cuándo parar?
Mi propuesta fue que los profesionales formalizaran algo del efecto que tiene para ellos proporcionar estos cuidados, que se pudiera hablar de la angustia, las contradicciones, los límites, de lo que no va y no tanto la aplicación de protocolos o de planes de cuidados.
Fueron unas Jornadas diferentes, desde luego sin tantas cifras, donde algunos de los ponentes hicieron el esfuerzo de sostener una enunciación propia y cuyo efecto se dejó sentir también en el animado debate que siguió a las presentaciones.


*Texto presentado en las X Jornadas de la ELP celebradas en Zaragoza en 2011

BIBLIOGRAFIA

-Psicoanálisis y salud mental. Eric Laurent. Ed. Tres Haches
-Qué es la ética aplicada. Michela Marzano. Ed. Saber
-Ética Clínica. V.V.A.A. Ed. Ariel
-Psicoanálisis y medicina. Intervenciones y textos. Jacques Lacan. Ed. Manantial
-Bioética, Salud mental y Psicoanálisis. V.V.A.A. Ed. Polemos
-La deliberación moral: el método de la ética clínica. Diego Gracia. “Bioética para    clínicos” Proyecto del Instituto de Bioética de la Fundación de Ciencias de la salud
-Los fines de la Medicina. V.V.A.A. Cuadernos de la Fundación Víctor Grifols i Lucas  nº11